Opinión

  • | 2009/01/23 00:00

    “La otra cara de la Libertad”

    Pocos sectores de la economía tienen tanta influencia sobre la sociedad como el periodismo. Es necesaria una profunda reflexión sobre su papel.

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"La otra cara de la libertad" es el excelente título que lleva un estudio adelantado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano y la Fundación Avina que busca entender cuál es la situación de los medios de comunicación latinoamericanos frente a la responsabilidad social empresarial (RSE).

El periodismo por definición es una actividad social, pero resulta que también es una actividad empresarial, una actividad económica. El estudio trata la industria periodística como tal, analiza sus aspectos endógenos, su comportamiento frente a la comunidad, sus prácticas internas y externas. El estudio no solo logra en mi opinión una buena parte del cometido de entender el estado de la RSE en los medios, sino que es un muy buen ejemplo de cómo acercarse a analizar cualquier industria. En realidad, se puede recomendar como guía para todos los interesados en adelantar ejercicios de esta índole en otras industrias o empresas. Se puede consultar y descargar en www.fnpi.org.

El estudio incluye una completa encuesta realizada a 37 empresas en 13 países en la cual se indaga cuál es la definición de responsabilidad social de cada una, qué tipo de acercamiento hace cada casa editorial al tema, cuál es su historia; contiene algunos ejemplos de casos exitosos, y muchos otros detalles interesantes.

No escapa a los protagonistas del estudio la inmensa capacidad de influencia que tiene el periodismo sobre la sociedad, y en todos los casos se encuentran referencias a la importancia de mantener la transparencia y la objetividad en el ejercicio de la profesión.

¿Puede el exceso de libertad ser socialmente irresponsable?

Debo confesar que el título del estudio me sugirió un enfoque que desafortunadamente no encontré. El enfoque ético. La discusión sobre dónde están los límites de la libertad de prensa y libertad de expresión, frente a la posibilidad de caer en abusos, en violaciones a la intimidad, en atropellos o simplemente en manipulación de la información.

Sin duda alguna el estudio se centra en el análisis desde el punto de vista de prácticas eminentemente empresariales y no hace énfasis en el aspecto ético del periodismo como una de las facetas críticas de su definición de responsabilidad social. Es una lástima porque la principal responsabilidad de cualquier empresa es la de cumplir el papel social para la cual fue creada. En el caso de las casas periodísticas su función social es la de informar, de hacerlo correctamente, imparcialmente, en forma objetiva.

Parecería en todo caso un buen momento para abrir un debate público sobre el tema del papel y los límites de la libertad de información y que sea un debate abierto a toda la sociedad, no solo al interior del gremio, sino uno en el cual la sociedad como un todo exprese lo que espera del periodismo y lo que no está dispuesta a tolerar. En este debate se deberían tocar temas como la diferencia entre investigar y juzgar, la diferencia entre denunciar y condenar, la diferencia entre informar y manipular.

Son indudables los beneficios que trae a la comunidad el papel de los informadores, de los investigadores o de los cuestionadores.

También es indudable que el ejercicio del periodismo otorga un poder casi desmedido de influenciar a la sociedad. Si este ejercicio no es responsable, es mayor el daño que el beneficio, por ello el debate que se propone no es más que el reconocimiento de su importancia pero bajo unas reglas claras, transparentes y conocidas por todos. Aprovechemos entonces el espacio que nos abre este importante estudio para que toda la sociedad, y no solamente el gremio, logre un acuerdo respecto del papel y los límites para el periodismo.

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