Opinión

  • | 1998/08/18 00:00

    La ocasión la pintan banda

    Sin presiones contra la banda debería propiciarse la baja en las tasas de interés y despejar el panorama cambiario.

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El país no ha recibido en las últimas semanas muchas buenas noticias económicas, pero la Junta del Banco de la República debe exhibir en estos días una sonrisa de oreja a oreja por su triunfo contra los especuladores y los profetas del desastre cambiario.



Cuando entrego este artículo el dólar está a 5% del techo de la banda cambiaria y es probable que cuando usted lo lea haya caído todavía más porque la tendencia bajista es fuerte por la entrada de dólares para el sector público. Quienes desde finales de mayo se pasaron de pesos a dólares, a la espera de que la banda se rompiera, han sufrido grandes pérdidas.



Eso está muy bien. Sólo lamento que para defender la banda la Junta hubiera optado hace dos meses por disparar las tasas de interés, malhiriendo a toda la economía, en lugar de combinar un aumento razonable en las tasas con la venta de US$200 ó US$300 millones adicionales de las reservas, que hoy el Banco de la República podría estar recomprando con una bonita ganancia.



Pero lo pasado, pasado. Lo importante hoy es que las expectativas cambiarias han girado 180 grados y eso abre nuevas oportunidades a la política económica.



El optimismo generado por las nuevas relaciones con Washington y por el excelente equipo económico del Presidente Pastrana, sumado al conocimiento de que en los próximos 12 meses el déficit fiscal se financiará con crédito externo y ventas de activos por dólares, han hecho esfumarse los temores de que la banda cambiaria "se reviente" y hasta han creado preocupación por la posibilidad de una nueva revaluación por entrada de divisas para el sector público.



No comparto esa preocupación porque sería absurdo que la autoridad cambiaria y monetaria, pudiendo evitar una revaluación mediante el simple expediente de comprar dólares y entregarle más pesos a la economía, optara por mantener tasas de interés asfixiantes mientras contempla la caída del dólar. Tal cosa luce descabellada cuando la misma Junta acaba de proyectar para 1998 un déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos de 6,3% del PIB, cuando el desempleo está en un récord histórico y cuando las tasas de interés están deteriorando la salud de sistema financiero y amenazan crearle al fisco más problemas de los que ya tiene.



Estoy seguro de que el Gobierno ejercerá una eficaz persuasión sobre la Junta para que, dentro de los límites definidos por el programa monetario y la banda cambiaria, escoja una combinación de tasas de interés y tipo de cambio menos peligrosa que la actual. Pero tengo tres razones para pensar que convendría ir más allá, sin limitarse al estrecho marco de maniobra que permite la banda cambiaria vigente.



La primera es que no creo que una reducción marginal de la tasa de interés baste para alejar la amenaza de una crisis de deudores. Si las tasas de interés no bajan bastante y rápido, entraremos en 1999 con un terrible guayabo financiero y un pronóstico reservado.



Puesto que las perspectivas de reducción de la inflación son excelentes y la demanda agregada está muy débil, la única explicación para optar por una baja gradual de las tasas de interés sería el temor de que una reducción más rápida indujera especulación cambiaria. Pero, si ésa es la razón, ¿por qué no darse un poco más de margen de maniobra en el frente cambiario?



En segundo lugar me preocupa el final del año si seguimos con la banda actual. A pesar de la caída reciente del dólar hay una expectativa no irracional de alza de la banda para 1999. Esa expectativa generará especulación en los últimos meses de este año y podría forzar nuevas alzas en las tasas de interés, rematando a los deudores que ya están contra las cuerdas. Por otro lado, un cambio de la banda bajo presión, cuando el dólar está pegado al techo, sería mirado por muchos como una crisis más que como una corrección, creando así infinidad de complicaciones.



Finalmente, están las perspectivas de la balanza en cuenta corriente. El déficit corriente de más de US$11.700 millones en el bienio 1998-99 (según la más reciente proyección del Banco de la República) será financiado en buena parte mediante crédito al sector público y ventas de activos. Pero, precisamente debido a los mayores pagos al exterior de intereses y dividendos a partir del 2000, cuando las exportaciones físicas de petróleo empezarán su declive y ya no habrá mucho para privatizar, la situación cambiaria se pondrá ese año color de hormiga si para entonces no hemos recuperado algo de tipo de cambio real.



Por ello creo que debería aprovecharse la actual tranquilidad cambiaria para hacer el ajuste estructural, el cual podría consistir en restablecer la banda cambiaria original de 1994, cuyo piso se redujo 7 puntos en diciembre de ese año. La actual pendiente de la banda, consistente con la inflación esperada para 1999, no tendría por qué modificarse.



Si hoy se restableciera la banda original de 1994 no habría ninguna razón para que el dólar subiera y mucho menos para que se hablara de crisis cambiaria. Pero, por supuesto, una vez modificada la banda sería posible y conveniente irrigar más liquidez e inducir un aumento del dólar, en beneficio de las exportaciones y de las actividades que compiten con importaciones, así como una baja de la tasa de interés para alejar algunas de las peores amenazas que hoy se ciernen sobre la economía.
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