Opinión

  • | 1999/03/12 00:00

    La nueva agenda de Chávez

    Si Venezuela reconoce a la guerrilla colombiana,¿tendrán los grupos armados algún interés en la negociación?

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Dos puntos cruciales habrá en la relación con Venezuela durante su nuevo Gobierno: el comercio internacional y la actitud del presidente Hugo Chávez frente a la guerrilla y el conflicto colombiano.



El nuevo Presidente ha anunciado el avance de su país hacia Mercosur, con o sin el Pacto Andino, adoptando una dosis de apertura que desvirtúa los temores de un nacionalismo de cierre de fronteras, interpretado a raíz de frases de campaña.



Hasta hace algunos años, lo mejor de las economías suramericanas estaba en nuestros dos países. Hoy no. Esto hace comprensible que cualquiera de los socios quiera buscar otros horizontes para mejorar su situación. Sin embargo, para salir adelante es imprescindible profundizar la integración andina. De lo contrario, no habrá manera de fortalecer mercados, hacer más competitivos a los sectores productivos y disponer de una entidad para negociar en equidad, de bloque a bloque, inicialmente con Mercosur, más tarde con Nafta y superar con la Unión Europea graves barreras como las del sector agropecuario.



Antes de debilitar el Pacto Andino, se debe avanzar hacia la coordinación de las políticas cambiarias, monetarias y financieras para evitar que las diferencias de inflación entre los miembros, o la devaluación de uno de ellos, por ejemplo, produzcan dificultades en la relación comercial con los demás. Lejos estamos de la moneda única de Europa, pero la asimilación de las herramientas macroeconómicas básicas es urgente.



De otra parte, es mucho más útil para la paz del país que el Gobierno de Venezuela contribuya a la negociación pero con clara posición de solidaridad frente al Gobierno y al Estado colombiano en lugar de la neutralidad que se sugirió también en campaña, compartida y estimulada por sectores intelectuales de acá.



La experiencia centroamericana muestra solidaridad de los Estados con la democracia, con los procesos de paz y con los Estados mismos, no con los movimientos guerrilleros. Y ha sido útil.



Si Venezuela pusiera en pie de igualdad al Estado colombiano y a la guerrilla, a partir de una eventual neutralidad, en vez de facilitar la negociación, estimularía la prolongación del conflicto, pues no puede asegurarse que con dicho tratamiento la guerrilla quiera llegar a acuerdos. Al contrario, medida por el vecino con el mismo rasero que se aplica al Gobierno, a la prepotencia del dinero y de las armas le sumaría lo que entendería como un reconocimiento estatal. Al no sentir presión del otro lado de la frontera más extensa, estaría más tranquila para subsistir como movimiento en armas y con menos afán para la paz.



Y con toda la buena voluntad que tenga el presidente Chávez para contribuir a los acuerdos, son el Estado colombiano y su Gobierno los interlocutores válidos de Venezuela, dados los títulos provenientes del origen democrático, los históricos, la pertenencia a las mismas instituciones multilaterales y los compromisos comunes con los tratados internacionales.
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