Opinión

  • | 2006/10/13 00:00

    La migración como modelo de desarrollo

    El gobierno está complacido con la expulsión económica, porque le permite conseguir efectos sobre los indicadores de desempleo y de ingresos.

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La colombiana Verónica Durán, emigrada hacia España e interesada en la suerte de los millones de compatriotas que viven allá, logró convocar a algunos sectores involucrados en el tema para debatirlo. Amablemente fui invitado a presentar una ponencia, que comparto con mis lectores.

Mi perspectiva es de economía política, o sea, el estudio de la forma en que el fenómeno económico afecta la organización de nuestra sociedad y nuestro Estado, y no los aspectos humanos o vivenciales.

Los datos
No hay cifras precisas, pero los órdenes de magnitud son suficientemente expresivos.

• Hay entre 4 y 5 millones de emigrados. El censo dice 3,5 millones, pero es una cifra de ajuste para justificar la disminución de residentes que supuestamente encontró en el país. En España, hay menos de 450.000 colombianos registrados y los estimativos de la realidad fluctúan entre 750.000 y 1'100.000.

• Siete de cada diez emigrados envían mensualmente en promedio entre US$150 y US$200 a su hogar (o sea, un total mínimo entre US$4.200 y US$5.600 millones, o máximo entre US$5.250 y US$7.000 millones).

• Esta información se cruza y ratifica con que el Banco de la República recibe y convierte a pesos del orden de US$3.500 millones; y que las casas de cambio recogen y remiten en efectivo al exterior, también vía Banrepública, US$3.000 millones más en efectivo, una parte de los cuales llegaron como envíos directos a familiares o amigos. No se sabe cuánto más circula por fuera de esa entidad, pero el conjunto de estos tres rubros no bajaría en ningún caso de US$5.000 millones.

• A pesar de su significado en otros campos, en esto no cuentan mucho los cerebros fugados, los estudiantes y su inmenso crecimiento, o el hecho de que seamos el primer país del mundo en asilados políticos (61.000), sino lo que se conoce como la expulsión económica.

En cifras absolutas, es el primer renglón de la balanza de pagos (más del doble que el café) y, exceptuando el petróleo (por el alza de los precios —ya que tanto producción como exportación han disminuido—), de lejísimos el de mayor crecimiento.

También en cuanto a empleo uno de cada 10 emigrantes mantiene sus ahorros allá (dos son familiares que no trabajan); es decir, hoy cerca de 3'000.000 de colombianos laboran en el extranjero. El primer cuatrienio Uribe contribuyó con 1'000.000 de ellos, siendo tanto en crecimiento como en cifras absolutas nuestra primera fuente de empleo y/o la forma en que el gobierno ha disminuido el desempleo. La segunda fuente y la primera local es la violencia: bajo Uribe creció en más de 135.000 en las Fuerzas Armadas, más de 50.000 en seguridad privada, de 6.000 a 33.000 paramilitares supuestamente desmovilizados y quién sabe cuántos más sin hacerlo, etc.; en totales, son algo como 1'000.000 entre colombianos armados legal o ilegalmente que viven exclusivamente de ella o componen el rubro de uno u otro lado de la 'Seguridad Democrática'.

El modelo
Las características anteriores conforman lo que sería la columna vertebral de un modelo de desarrollo.

No somos el único país que depende de las remesas de sus emigrantes; el ministro de Comercio Exterior hace énfasis en que otras naciones 'aprovechan' más esto, como El Salvador y Honduras (el 20% de su PIB lo constituye este rubro), pero pensaría uno que no debemos compararnos con ellos, no por lo pequeños, sino por ser en su contexto los más atrasados —Panamá o Costa Rica, con otra forma de buscar ingresos de divisas, tienen un nivel de vida mucho más alto—.

Tampoco se puede negar que la migración y el trabajo de los nacionales en el extranjero pueden ser su fuente de crecimiento y progreso. Italia, Portugal y la misma España en los años 60 llenaban a Francia, Alemania y Suiza de mano de obra barata y recibían su mayor ingreso de lo que esos emigrados enviaban.

Pero sucede que en una economía que por antonomasia es 'hacia afuera' (la inversión debe venir de afuera, la generación de empleo se produciría afuera, se espera realizar las ventas afuera y de afuera llegan los recursos para el consumo) es mínimo lo que esas remesas estimulan el desarrollo.

En una economía cerrada esos ingresos se vuelven inversión o consumo interno; es decir, activan la economía por el lado de la oferta o de la demanda. Por ejemplo, España desarrolló su gran industria del turismo, y se crearon fábricas como la Seat que en pocos años llegó a producir tantos automóviles como las grandes marcas europeas.

Una economía abierta se orienta fácilmente al consumo externo (nuestra importación de automóviles cada semestre rompe un récord); o, respecto al consumo interno, lo traslada a empresas extranjeras (hipermercados, telefonía móvil, servicios públicos), las cuales sustituyen empleo por tecnología, y generan dividendos que remiten afuera a sus matrices. De hecho, el único renglón de alto crecimiento cuyas utilidades no se vuelven remesa al exterior es la construcción. Confirman esto los estudios del FMI, del Banco Mundial y de la OMC que han reconocido que, contrariamente a lo que se esperaba, el flujo neto de capitales bajo los tiempos del Consenso de Washington (apertura o globalización) no ha sido de los países desarrollados hacia los en vía de desarrollo, sino al revés.

Conclusión
Aunque el modelo no mejora el futuro, los colombianos en el exterior son en el momento actual la salvación económica del país. ¿Qué haríamos con US$5.000 millones anuales menos y con 3 millones de desempleados más? Pero esto visto como sociedad es un fracaso y es deprimente: significa que el país no da respuesta a sus nacionales, que tienen que irse y someterse a condiciones generalmente deplorables como alternativas de vida; trabajan en los renglones más bajos de otras sociedades, muchas veces en forma ilegal y son abusados por ello; se les ve como indeseables a pesar de lo que aportan allá; acabamos siendo los ciudadanos que menos acceso al mundo tienen (visas para todas partes, casi imposibles de obtener, y molestos incluso para nuestros vecinos), y al tiempo teniendo el poco privilegiado puesto de ser primeros en el mundo en cuanto al delito de trata de personas (prostitución, venta de niños, trabajos forzados, etc.).

Pero excepto un discurso de campaña, en el que para buscar los votos en Estados Unidos el Presidente mencionó que se haría lobby para regularizar la situación de los ilegales allá, no hay una línea en sus alocuciones, y menos en el Plan de Desarrollo o en los proyectos de Planeación o en los temas del Conpes, que muestre preocupación o interés al respecto. Por el contrario, se piensa en una mayor migración como compensación natural a la inminente disminución de las entradas por petróleo, por parte de la 'ayuda americana', y porque los bienes a 'privatizar' que interesan al extranjero se están acabando. Es triste pero el gobierno no ve esta expulsión económica como un problema sino como una solución: no se avergüenza ni cuestiona el modelo sino se complace en él… al fin y al cabo le significa entradas, una forma de ocultar el desempleo, una forma de subir los indicadores al reducir la población local, etc.
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