Opinión

  • | 2009/02/20 00:00

    La maldición de los recursos naturales: ¿Mito o realidad?

    Los países que dependen de las rentas de los recursos naturales son más prósperos en la medida en que sus instituciones sean sólidas. Colombia no ha hecho lo suficiente para convertirse en un país rico con base en un uso juicioso de su gran riqueza natural.

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Una larga tradición entre los economistas desconfía de los recursos naturales. Adam Smith consideraba que era absurdo "enterrar" mucho capital en las minas de su país, en lugar de dedicarlo a la industria. Prebisch se hizo famoso con la teoría de que los precios de los productos básicos necesariamente tendían a la baja y que por ello, y por otras razones, había que darles la espalda y proteger a la industria. De allí nacieron las políticas de "sustitución de importaciones" y "proteccionismo industrial" que tanto daño le hicieron a América Latina.
 
En épocas mas recientes, Jeff Sachs se hizo conocido por trabajos en que intentaba demostrar que los países ricos en recursos naturales crecían menos como consecuencia de la llamada "enfermedad holandesa". Según esta teoría, la apreciación cambiaria, como consecuencia de un boom de precios de recursos naturales, conducía a la postración de la industria y a un menor crecimiento en el largo plazo. Posteriormente ha habido muchos otros teóricos de la "maldición" de los recursos naturales que consideran que los países con riquezas naturales acaban por desarrollar culturas "rentistas", instituciones débiles e incluso conflictos internos (Paul Collier) que a la postre conducen a la miseria.

¿Qué hay de verdad en estas teorías? Y, en caso de ser ciertas, ¿hay manera de evitar la "maldición"? El Global Development Network, una asociación global de centros de investigación en ciencias sociales, dedicó a este tema su décima reunión anual llevada a cabo en Kuwait entre el 3 y el 5 de febrero pasados. Allí estuvieron los teóricos de la "maldición" y otros académicos, así como autoridades económicas de varios países de Medio Oriente, África y de América Latina. A la larga hubo un grado notable de acuerdo sobre varios temas.

Para comenzar, algunos argumentos teóricos y empíricos de la "maldición" no resisten mayor análisis. Autores posteriores1 demostraron que Prebisch se equivocó al no considerar el efecto de cambios estructurales potenciales, como la fuerte reducción de los precios del transporte que hubo entre 1870 y 1930, periodo en el que si bien disminuyeron los precios CIF en Londres (que él usó) aumentaron los precios FOB de exportación en América Latina, contribuyendo a un periodo de alto crecimiento económico en la región.
 
Asimismo, la creciente importancia de China e India en los últimos 15 años contribuyó en mucho al boom reciente de precios de los commodities y al alto crecimiento de nuestra región. En otras palabras, ha habido periodos de precios altos y otros de precios bajos, pero sin tendencia de largo plazo. A su turno, la teoría de la "enfermedad holandesa" se basa en un supuesto que no tiene asidero en la realidad: que la industria en su conjunto es más intensiva en tecnología y que su productividad crece más rápido que la de la agricultura o la minería. Basta con considerar la revolución de los transgénicos y la biotecnología, que ha conducido a que aumente más rápidamente la productividad agrícola que la industrial, o los enormes progresos en la geo-interpretación y la eficiencia de la exploración petrolífera y minera.

De otra parte, si bien es cierto que hay muchos casos en África y América Latina de países que se han enfrascado en luchas por las rentas del petróleo y otros minerales y no han sido capaces de desarrollar otros sectores ni buenas instituciones, hay un igual número de países que se cuentan hoy entre los más ricos de la tierra gracias al uso juicioso que hicieron de su riqueza natural.
 
Tal es el caso de Canadá, Australia, Nueva Zelanda y los países escandinavos que, aun hoy en día, son grandes exportadores netos de recursos naturales. Estados Unidos basó también su período de mayor crecimiento, entre 1820 y 1930, en sus recursos mineros y agrícolas y solo después se convirtió en una gran potencia industrial. Entre los países en desarrollo hay unos que han aprovechado mejor que otros su riqueza natural. Es el caso, por ejemplo, de Suráfrica y Botswana en África, en comparación con Nigeria, Angola o Zambia. O el de Chile, México y Brasil en América Latina, en comparación con Venezuela, Ecuador o Bolivia. O el de varios países del Golfo, del Norte de África y Jordania entre los árabes, en comparación con los casos de Irak e Irán.

¿Qué es lo que ha hecho la diferencia entre los casos exitosos y los 'malditos'? Los exitosos han sido capaces de construir instituciones sólidas, tanto sectoriales (petroleras, mineras o agrícolas) como fiscales y monetarias, que han permitido captar las rentas de la explotación y utilizarlas productivamente. Han evitado la corrupción y la apropiación indebida de las rentas por unos grupos u otros y las han invertido bien en infraestructura física y social (especialmente en educación), lo que ha permitido diversificar la base productiva y exportadora.
 
Asimismo, han logrado manejar bien los ciclos de los precios de los productos básicos, ahorrando recursos fiscales y divisas en épocas de vacas gordas para hacer política contracíclica en épocas de vacas flacas. Los más exitosos de todos invirtieron también mucho en investigación y desarrollo, crearon empresas petroleras, mineras y agrícolas (privadas o públicas) de clase mundial y exportan hoy tanto o más servicios tecnológicos asociados con estas actividades que los propios recursos naturales.

Dice Tolstoi en Ana Karenina que todas las familias felices son felices de la misma manera, mientras que las familias infelices lo son cada cual a su peculiar manera. Todos los países ricos en recursos naturales que han tenido éxito en convertirlos en la base de su prosperidad actual se han empeñado en construir instituciones sólidas, han sido juiciosos en la política sectorial y macroeconómica y han invertido bien las rentas de los recursos naturales.
 
El Chile de los últimos 20 años constituye un modelo ejemplar. En contraste, entre los 'malditos' unos han sido incapaces de captar las rentas de sus propios recursos naturales, otros han tenido gobernantes inescrupulosos que se han enriquecido y han enriquecido a sus amigos a costa del resto del país; en algunos la lucha por las rentas ha degenerado en conflictos y guerras civiles y en varios otros las rentas se han dilapidado en proyectos y programas mal estudiados y peor ejecutados. Los caminos por los cuales la 'bendición' de la riqueza natural se ha convertido en una maldición han sido variados.
 
Basta con observar las formas tan ingeniosas y disímiles como han sabido labrar su desgracia muchos de nuestros vecinos. Las implicaciones de política económica para nosotros son bien claras. Si bien hemos evitado caer en lo peor de la 'maldición', no hemos hecho lo suficiente para convertirnos en un país rico con base en un uso juicioso de nuestra gran riqueza natural.
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