Opinión

  • | 2004/11/26 00:00

    La luz en la oscuridad

    Si asumimos el espíritu de la Navidad como una forma de alumbrar en la oscuridad, tendremos el valor de enfrentar lo que no hemos querido ver en otra época.

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Hace un año, por estas fechas, llegaron varias parejas a mi consulta con la decisión tomada de separarse. Querían que las acompañara en el proceso pues temían que por la época fuera más doloroso para sus hijos e hijas y se sentían muy tristes. "Oigo un villancico y se me aguan los ojos", decía uno de ellos. "No sé si hacer árbol, porque me entristece mucho sacar los adornos y saber que esta casa ya no va a ser nuestra", decía una de las mujeres. Después de revisar con estas parejas las situaciones que los llevaron a tomar la decisión, era evidente que para sus miembros ya no había nada qué hacer por continuar la relación y tenían claro que no querían hacer la pantomima de "estar felices" por ser Navidad. Les mostré cómo podían usar la época precisamente para iluminar sus hogares, a pesar de los cambios y lo lograron, con mayor o menor dolor; pero con valor y reconociendo conjuntamente las verdades que habían eludido de distintas formas durante un buen tiempo.

La llegada de la Navidad es una etapa de luz: se busca alumbrar porque el sol está en un ángulo que nos llega menos o menos horas, por eso se iluminan las ventanas y se prenden velas. Al iluminar, desaparece la oscuridad y TODO se ve, lo bueno y lo malo. Quizá por esto salen a flote las dificultades en las parejas que las tienen y las que están en armonía parecen disfrutar más de ella. De todas formas, en esta época del año, se maneja otro ritmo y a nadie le pasa inadvertida. Para algunos, es un momento de alegría y de celebración; a otros los invade la nostalgia de lo que ya no es o de lo que pudo ser.

Desde pequeños, asociamos el fin de año con un cambio, con las vacaciones, con alegría, con reuniones, con compañía. Todos tenemos recuerdos marcados al respecto, quizá aún más en países como el nuestro, en el que las estaciones son tenues, porque marcamos el paso del tiempo con la celebración de la Navidad, recordando con quién y dónde estábamos para identificar los años en los que ocurrieron los distintos eventos de nuestras vidas, así como en otros países utilizan para ello el verano o la primavera.

Se trata de utilizar esta etapa del año en forma consciente para iluminar todas las dimensiones de nuestras vidas, de nuestros proyectos y de nuestras diferentes relaciones, con nuestros padres, hijos, amigos, hermanos, colegas. Hay muchas formas de hacerlo, con reuniones, con nuestras expresiones de cariño, de las cuales el intercambio de regalos es apenas un símbolo de la luz de la época. Si lo tomamos así, dejaremos de sufrir por lo que no recibimos o no pudimos dar, por tener que escoger entre la casa de los suegros o de los padres para celebrar una u otra fecha, como lo veo a veces en las parejas: ¡dónde se pasa el 24 se vuelve toda una tragedia! Incluso se arman viajes para evitar encontrarse con una hermana o una tía con quien se ha cultivado un rencor de años y todos descansan cuando no aparece el pariente que no se entiende con alguno de los presentes.

Si asumimos el espíritu de la Navidad como una forma de alumbrar en la oscuridad, tendremos el valor de enfrentar lo que no hemos querido ver en otra época, seremos capaces de encontrarnos con el pariente que nos ha causado malestar o a quien le hemos ocasionado dolor. ¿Valdrá la pena mantener el rencor otro año? Seguramente, no. De la misma forma, podemos introducir cambios en la manera como llevamos nuestra relación de pareja o como asumimos nuestro trabajo.

Cada uno de nosotros hace de los eventos, guardadas las proporciones, lo que quiere y lo que puede, en ese orden. La invitación es a reconocer y evidenciar la luz en nosotros y en los otros. Para ello, busquemos la forma de celebrar esta época con la verdad en todas nuestras relaciones, en paz y amor. Para lograrlo, necesitamos incluir también a los desconocidos que pueden necesitar nuestro apoyo anónimo. Busquemos formas de acompañar a todas aquellas personas que no tienen el privilegio de tener sus seres queridos a su lado o la forma de compartir con ellos el bienestar. Encendamos una luz en la oscuridad.



conniedesantamaria68@hotmail.com
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