Opinión

  • | 1997/07/01 00:00

    La libertad económica

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En su columna dominical (El Tiempo/mayo 25/97), D'Artagnan reseñaba algunos comentarios míos sobre la candidatura de Serpa: "Decir que Serpa representa la nueva Colombia no pasa de ser una solemne estupidez, advierte Botero Caicedo, quien es uno de los colombianos más poderosos de su generación. De esa generación de neoliberales y 'yuppies' que están convencidos que para erradicar la alarmante pobreza de este país hay que bajarles los impuestos a los que más ganan, abrir más el sistema bancario para estimular la especulación del dinero y fomentar una fuerte protección legal de la propiedad privada. Son aquellos que miran el Estado como refugio de unos cuantos privilegiados, y no con la concepción liberal, y necesariamente intervencionista del mercado, que animaba a espíritus tan visionarios como el del ex presidente Carlos Lleras Restrepo. Porque el problema no es suprimir la función social del Estado clausurando para siempre los institutos descentralizados. El problema no es -no ha sido- de instituciones, sino de personas".



En cuanto a las anteriores aseveraciones del estimado mosquetero, antes que nada debo señalar dos profundas equivocaciones. Quisiera, en cuanto a la primera, en la cual afirma que soy uno de los colombianos más poderosos de mi generación, que no sólo la rectificara, sino que dentro de lo posible la mejorara. No puedo ocultar que estuve a punto de convencer a mi mujer que era absurdo, por no decir insólito, que alguien tan poderoso tuviera que seguir sacando a pasear al perro. La segunda equivocación consiste en afirmar que son los neoliberales los que miran al Estado como refugio de unos cuantos privilegiados. Pero por Dios, ¿de dónde saca D'Artagnan esta barbaridad? Si algo pretende el neoliberal es reducir el Estado a su mínima expresión, precisamente para acabar con las vagabunderías por las cuales sólo los abyectos de los regímenes de turno son los opcionados para recibir del Estado sus monopolios, contratos, concesiones y prebendas en todos los campos en los cuales el Estado mantiene su control, como es el de la televisión. Precisamente el objetivo neoliberal es lograr que los pocos puestos públicos no sean única y exclusivamente para la clientela de una de las clases políticas más corruptas del mundo y que las prebendas del Estado como son los espacios telefónicos, radiales y televisivos sean asignados para el beneficio colectivo y no del grupo que medra alrededor de las esferas del poder para obtener ventajas, utilizando procederes lícitos pero no políticamente éticos y en ocasiones ilícitos, como recientemente definió Carlos Lleras de la Fuente a la clientela.



Donde el mosquetero acierta parcialmente es en afirmar que los neoliberales están convencidos de que para erradicar la alarmante pobreza de este país hay que bajarles los impuestos a los que más ganan, abrir más el sistema bancario para estimular la especulación del dinero y fomentar una fuerte protección legal de la propiedad privada. No obstante se le deben hacer a D'Artagnan algunas aclaraciones: no es bajarles los impuestos a los que más ganan, es bajarles los impuestos a todo el mundo, precisamente para darle oxígeno al sector privado en detrimento del sector público que ha demostrado su absoluta incapacidad tanto en el gasto como en el ahorro.



La apertura del sector bancario que propugnan los neoliberales no es para estimular la especulación del dinero como con pobre memoria o sospechosa mala fe señala el mosquetero, sino para librarnos del aberrante oligopolio que hace que los colombianos tengamos que aceptar las mayores tasas de intermediación del mundo. Debe recordar al país que la mayor crisis bancaria se presentó a principios de los ochenta, precisamente cuando el sector financiero estaba más cerrado que nunca. Lo que sí es claro, y prácticamente nadie, ni aun los comunistas cubanos ponen en discusión, es que sin una fuerte protección legal de la propiedad privada podrá existir inversión tanto local como foránea y sin inversión es imposible que exista desarrollo.



Pero el argumento básico de D'Artagnan es que él, Serpa, y todos sus seguidores, sí tienen una concepción liberal, y necesariamente intervencionista del mercado, y es esta concepción la que logrará erradicar la alarmante pobreza de este país. Puede ser interesante repasar el siguiente cuadro comparativo sobre las economías de Hong Kong, Chile y Colombia en 1950, 1980 y 1996. Hong Kong es la economía más libre del mundo, Chile es la más libre de América Latina y Colombia es un híbrido en la cual prevalecen las fuerzas intervencionistas y estatistas.



El cuadro muestra unos guarismos impresionantes. Mientras que el producto per cápita en los últimos 46 años aumentó en Hong Kong noventa veces, en Colombia sólo lo hizo 5,7 veces por persona. Los ciudadanos de Hong Kong exportan US$30.884 cada uno, los chilenos US$1.100 y los colombianos US$306. Hong Kong crece seis veces más rápido que nosotros, mientras que Chile lo hace 4,33 veces. La tasa impositiva de la península asiática es el 40% de la nuestra, mientras que la chilena es el 65%.



Pero en fin, que sea el lector quien decida si es el modelo neoliberal que propone un modelo de libertad económica o si es el modelo intervencionista, el que pudo acabar con la alarmante pobreza que caracteriza estos países en 1950. Las cifras no pueden ser más elocuentes.
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