Eduardo Lora*

| 1/24/2003 12:00:00 AM

La inversión extranjera:el último recurso

Podría estar iniciándose una desbandada de inversiones extranjeras debido a la inestabilidad macroeconómica y a la incertidumbre jurídica de algunos países.

América Latina está pasando por una sequía de recursos de financiamiento externo. Se estima que en el 2002 las entradas totales de capitales a la región llegaron apenas a unos US$50.000 millones, muy por debajo del promedio de US$74.000 millones anuales observado entre 1996 y 1998. La inversión extranjera directa ha sido desde 1999 la única fuente que ha generado entradas netas de recursos a la región. Sin embargo, la inversión extranjera también ha caído. En el 2002 fue menos de US$40.000 millones, cuando el año anterior había superado los US$60.000 millones y en su momento pico en 1999 alcanzó US$72.000 millones. Para complicar aún más las cosas, los recursos de inversión extranjera directa se han concentrado fuertemente en solo dos países, México y Brasil, que están recibiendo más del 80% de los recursos totales de este tipo.



Aunque la región está dependiendo como nunca de los recursos de la inversión extranjera, se está haciendo muy poco para atraerla. Al contrario, se teme que esté en ciernes una desbandada de inversionistas extranjeros, que ya es notoria en el sector financiero. Los problemas se iniciaron con la crisis argentina, en la cual una torpe intervención del sistema financiero causó grandes pérdidas a los inversionistas y llevó al retiro del Banco de Nova Scotia (Canadá), el Credit Agricole (Francia) y el IntesaBCI (Italia).



Varios factores están contribuyendo a los temores de los inversionistas en el sector financiero en otros países. A pesar de que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha dado señales muy claras de que manejará la economía en forma ortodoxa, los analistas no descartan que pueda cambiar de opinión más adelante. En Venezuela, los bancos han contribuido a la parálisis en que se encuentra el país en protesta contra la ideología de Chávez, y temen posibles represalias. En Uruguay hay serios temores de una moratoria de deudas públicas que perjudicaría al sistema financiero y agravaría la recesión de varios años. Y en muchos otros países se respira un ambiente de desaliento con el proceso de reformas estructurales y son modestas las perspectivas de crecimiento.



Los grandes inversionistas en el sector financiero están reaccionando a estos temores. El Banco Bilbao Vizcaya Argentaria acaba de vender su participación en Brasil. El FleetBoston Financial Corp. ha anunciado que suspenderá sus inversiones en la región. El holding ABN-Amro (Holanda) ha vendido sus activos en ocho países de la región y Santander, uno de los gigantes del sector financiero en América Latina, cerró operaciones en Perú.



A pesar de estos casos, no puede afirmarse que haya una desbandada general de inversiones extranjeras. Por el momento, estas tendencias han estado concentradas en el sector financiero y en los países afectados por inestabilidad macroeconómica o por incertidumbre jurídica. Estos son los dos frentes que los países tendrán que vigilar con mayor celo, si quieren superar con éxito la actual sequía de financiamiento externo.



* Esta columna no compromete al BID, entidad a la cual está vinculado el autor.

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