Opinión

  • | 1998/02/11 00:00

    ¿La intermediación sí da?

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Durante la mayor parte de 1997 los resultados del sector financiero estuvieron muy distorsionados por ingresos no asociados con la actividad de crédito, como ventas de activos y valorización de inversiones. Las buenas cifras globales no sólo contribuyeron a oscurecer las tendencias básicas de la operación de intermediación, sino que dieron pie para todo tipo de comentarios acusadores sobre un presunto sector usurero, que sigue engordando a costa de una economía famélica.



En noviembre sonó el primer campanazo, porque a pesar de que la bolsa colombiana resistió como ninguna los embates del colapso asiático, los precios de las acciones sufrieron una corrección a la baja y los ingresos distintos a la intermediación se fueron al suelo. Las cifras del acumulado en 11 meses siguieron siendo aceptables "en promedio", pero las pérdidas del mes fueron muy importantes en las corporaciones financieras, que manejan un portafolio de inversiones en acciones.



Por supuesto, la dramática caída de las utilidades que muestra el primer gráfico no tiene por qué marcar una tendencia. Sólo un necio o un apostador se atrevería a predecir lo que ocurrirá con los precios de las acciones en unos pocos meses, pero hay buenas razones para pensar que la tendencia de largo plazo será favorable.



Pero incluso si las acciones repuntan, estos resultados subrayan cuán imprudente sería "fondear" inversiones en acciones con captaciones de ahorro común, e invitan a volver a lo fundamental para preguntarse qué tan rentable, fuera de polvo y paja, es la actividad de intermediación, y qué puede esperarse en ese mercado ahora que la enorme competencia interna ha eliminado el exceso de grasa que existía en los márgenes, al menos en el mercado corporativo.



Para intentar una primera aproximación a la respuesta, he tratado de separar los ingresos y costos asociados con el crédito de todas las demás actividades de los intermediarios financieros. Los resultados se resumen en los restantes cuatro gráficos, en cada uno de los cuales se presenta la utilidad de la operación crediticia en enero-noviembre de 1997, expresada como un porcentaje de la cartera final. En las Compañías de Financiamiento Comercial (CFC) se incluye el leasing, tanto en las cuentas del estado de pérdidas y ganancias como en el denominador. Los lectores interesados pueden solicitar al autor detalles sobre la metodología del cálculo.



En cada grupo he excluido las entidades cuya relación entre patrimonio y activos excedía 35%, pues es obvio que o bien eran demasiado nuevas, o habían entrado en un proceso de marchitamiento, o simplemente estaban en un negocio distinto al de la intermediación financiera. Para no congestionar los gráficos, en la mayoría de los casos sólo incluyo los nombres de las entidades que lograron resultados positivos significativos, y he cortado la escala negativa en -10%, para no distorsionarla con casos lastimosos como el de la Caja Agraria o Corfidesarrollo.



Un vistazo a los gráficos sugiere que la sabiduría convencional, según la cual el reacomodamiento del sector financiero "está muy avanzado" y de todas maneras va a limitarse a la salida de las entidades más pequeñas, puede estar bastante desinformada.



Si algo sorprende es la proporción de intermediarios que, dentro de cada grupo, hace dos meses mostraban pérdidas acumuladas en su actividad crediticia: 16 de las 20 corporaciones financieras incluidas, 20 de los 29 bancos, 2 de las 7 corporaciones de ahorro y vivienda y 11 de las 27 compañías de financiamiento comercial.



En la medida en que las entidades de crédito trabajan con un apalancamiento del capital mucho mayor que el normal en otras actividades, un buen margen de utilidad en el crédito (como el que logran la mayoría de las empresas de Luis Carlos Sarmiento) puede implicar un rendimiento extraordinario sobre el patrimonio. Pero, por la misma razón, una pérdida de unos pocos puntos sobre la cartera puede resultar calamitosa. O, para decirlo menos dramáticamente, insostenible.



Y ése es el quid del asunto. Durante algún tiempo podrá echarse mano de rendimientos del portafolio o vender activos para compensar las pérdidas en la actividad crediticia, o en última instancia meterle más capital al negocio. Pero si las pérdidas en la actividad crediticia no pueden considerarse coyunturales, y tampoco están asociadas con un plan de ajuste de la firma que ofrezca buenas perspectivas de mejora (sé que hay algunos casos de ésos) al final los accionistas se preguntarán si vale la pena seguir echándole plata a un barril sin fondo, y comenzarán a explorar la salida.



Mi impresión, después de mirar lo que está detrás de esos pobres resultados, es que la mayoría de los intermediarios colombianos que el año pasado tuvieron pérdidas significativas en la actividad crediticia se enfrentan a algo mucho más complejo que un problema coyuntural, y que por esa razón el reacomodamiento del sector financiero apenas está comenzando.
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