Opinión

  • | 2003/10/31 00:00

    La insoportable ambigüedad de la informalidad

    Un concepto que no ayuda a entender los problemas laborales.

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El BID acaba de publicar un ambicioso estudio sobre los mercados laborales en América Latina en el que no usa el concepto de informalidad. Parece un despropósito, puesto que todo el mundo asocia los problemas laborales con la informalidad. En el lenguaje cotidiano, se presume que un trabajador que gana muy poco debe ser informal. También debe ser informal un trabajador que no tiene seguridad social ni estabilidad laboral y, por supuesto, cualquier trabajador independiente. Y ¿cómo llamar a una empresa que no respeta las normas laborales de contratación y despido? Pues informal, naturalmente. Si todo esto fuera poco, también se asocia con la informalidad a todo empleado de empresas de menos de 10 trabajadores (o de cinco, como usted prefiera).

¿Qué es, en últimas, la informalidad? Nadie lo sabe, aunque todo el mundo dice haberla visto. Sobre conceptos tan ambiguos, los economistas han montado teorías que es difícil rebatir pero que han calado hondo en la forma de ver los problemas laborales. La más común es la hipótesis de la informalidad como sector residual o, en la jerga de los marxistas, como ejército de reserva. Según esta teoría, el mercado laboral es dual. Por un lado, están las empresas que pagan los salarios mínimos y cumplen las normas tributarias y laborales, y por otro están los informales, que son todos aquellos que no han tenido la suerte de ser empleados por esas empresas y deben trabajar sin capital y sin protección para ganarse unas remuneraciones miserables en actividades improductivas, como el comercio callejero.

Según esta teoría, si las empresas contratan menos trabajadores, debido, por ejemplo, a que el gobierno decide que se aumente el salario mínimo, entonces habrá más informales y ganarán menos que antes.

Esta teoría tiene algún sentido, pero su validez depende de cómo se defina la informalidad. Posiblemente sea cierta si, estrictamente, los informales son los vendedores callejeros. Pero no puede extenderse a las definiciones más amplias de informalidad. En Colombia se ha comprobado, por ejemplo, que cuando se eleva el salario mínimo, aumentan las remuneraciones de todos los grupos de trabajadores que clasificarían como informales en las distintas definiciones mencionadas arriba. Lo que pasa es que también aumenta el desempleo.

La dualidad formal-informal tampoco cuadra muy bien con otros hechos. La gran mayoría de los trabajadores que trabajan por cuenta propia prefiere esa forma de ocupación en lugar de los empleos que podrían conseguir en las empresas formales. Muchas pequeñas empresas ofrecen condiciones laborales comparables a las grandes empresas para los empleos de baja calificación. Y hay tantas pequeñas empresas que prestan servicios de alta calidad a empresas más grandes que es difícil pensar que pertenecen a mundos diferentes o aislados entre sí. Ah, casi me olvido, la evasión tributaria o la manipulación de las normas laborales tampoco son fenómenos exclusivos de las microempresas o los pequeños negocios.

Como dice el informe del BID, "la línea divisoria entre formalidad e informalidad no está claramente definida. De hecho, puede que no haya línea divisoria alguna".



NOTA: El autor está vinculado al BID, pero esta columna no compromete a esta institución.
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