Connie Cárdenas de Santamaría

| 7/11/2003 12:00:00 AM

La importancia de las relaciones interpersonales

Oportunidad de conocernos a nosotros mismos.

por Connie Cárdenas de Santamaría

La semana pasada, una de las participantes en un curso de actualización decía algo como lo siguiente: "Siempre fui la primera de la clase en el colegio. En la universidad siempre saqué excelente promedio semestral y total. Pero los verdaderos retos los encontré en el trabajo. Nadie jamás me dijo que el trabajo no se puede hacer si no se cuenta con la participación de la gente, que depende de la gente". Efectivamente, esto no se aprende en los libros y las experiencias de la vida diaria que nos lo exigen permanentemente en el colegio y en la universidad no son motivo de reflexión porque el propósito de la educación de hoy es el conocimiento.

¿Quién no recuerda esas sensaciones de bienestar o malestar frente al éxito o fracaso propio o de un compañero o compañera, bien fuera en matemáticas o en una competencia deportiva? Y más tarde, por fuera del colegio, en cualquier "plan", se le salía a uno ese malestar o ese orgullo, con las consecuencias obvias de distanciamiento o admiración por parte de las amistades. Esto generaba a su vez toda suerte de dinámicas que pocas veces entendíamos y que fueron armando nuestro carácter, sin mayor conciencia propia o de nuestros padres o maestros. Por el contrario, al entrar de un recreo con evidentes manifestaciones de malestar o de alegría, se nos decía: "bueno, bueno, eso ya pasó, ahora a trabajar".

Desde entonces, el mensaje que recibimos fue que una cosa era aprender, conocer, saber y otra muy distinta, de la que poco o nada se ocupaba lo "serio", eran las relaciones entre nosotros, que en últimas, como dice la participante mencionada, determinan los resultados y no solo en el trabajo, sino también en las relaciones familiares, en el deporte, con las amistades.

En mi experiencia como terapeuta de pareja, encuentro constantemente, sobre todo en las primeras sesiones, la inclinación inmediata a responsabilizar al otro de lo que a mí me pasa. Es decir, cada cual necesita que la otra persona cambie para que ella sea feliz o esté a gusto o pueda realizarse. Esta tendencia, casi natural, a pedir en lugar de hacerse cargo, es para mí una clara consecuencia y manifestación de la falta de conciencia sobre cuál es la participación de uno mismo en lo que le ocurre en la vida. Las relaciones interpersonales son la principal -quizás la única- oportunidad que tenemos de aprender sobre nosotros mismos y mejorar así dichas relaciones. Cuando algo me molesta de lo que otro dice o hace -sea mi hermano, mi jefe, mi amiga, mi papá-, tengo la oportunidad de ver: ¿Por qué me molesta? ¿Qué me dice eso a mí de mí? ¿Qué puedo aprender de ello? ¿Cómo lo puedo manejar? En lugar de comenzar a buscar culpables, a exigir cambios en ellos, a suprimir una relación o a "salir corriendo", con lo cual pierdo la posibilidad de aprender y garantizo así que me vuelva a pasar lo mismo la siguiente vez con otras personas, en otro trabajo, en un segundo matrimonio.

Es mediante la interacción con otros, siempre y cuando permita y exija la autorreflexión, y por ende la conciencia de sí, como podemos aprender cómo somos y cómo son los demás. Para ello, tenemos que permitir relacionarnos con la persona de cada persona y no con su cargo o su imagen. Si logramos ver en el otro, jefe o subalterno, padre o hijo, profesor o alumno, hombre o mujer, una persona como nosotros mismos y no una relación de autoridad, podremos desarrollar las relaciones -con las dificultades que se presenten- que permitan obtener los resultados que ambos requieran.

Si hacemos de nuestras relaciones un laboratorio de aprendizaje que nos permita conocernos y hacernos cargo de nosotros mismos, y se lo permitimos a quienes interactúan con nosotros, lograremos los resultados esperados en los diferentes ámbitos.



conniedesantamaria@hotmail.com
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