Opinión

  • | 2008/04/25 00:00

    La importancia de invertir en lo social

    Invertir en lo social es invertir en lo fundamental. Hacerlo es estar consciente de la interrelación permanente empresa-sociedad. Es saber que éstas no se excluyen, se complementan.

COMPARTIR

He escuchado a decenas de expertos referirse a la necesidad de avanzar hacia una sociedad más justa, más libre, que nos permita a todos disfrutar de un mundo mejor. Sus expresiones casi siempre hacen alusión a los pueblos en desarrollo, que siguen sufriendo las consecuencias de la pobreza y la inequidad social. En relación con Colombia, se habla de la necesidad imperiosa de acabar con la violencia, con esa guerra que data de más de 50 años, para dar marcha a una paz duradera y sostenible.

Me he preguntado sobre el papel de la empresa y las instituciones en la consecución de este sueño. La respuesta, carente de misterios y plena de evidencias, la encuentro siempre en la labor de tiempo completo de cientos y miles de mujeres y hombres que día tras día dedican sus fuerzas en procura de hacer más grata, próspera y digna la vida de la gente. Pienso en aquellos que trabajan sin descanso para que otros tengamos acceso a bienes, productos y servicios de calidad, en aquellos que apoyados en sus más firmes convicciones, han sido, son y siguen siendo capaces de convertir sus emprendimientos en fuente inagotable de empleo, desarrollo, riqueza y prosperidad.

Me refiero a aquellos que son capaces de innovar y dar respuesta a los mercados más exigentes, al tiempo que forman, capacitan y mantienen la motivación en aquellos que le dan vida a sus proyectos; generando con todo ello una dinámica económica y social de grandes dimensiones, una vía sin retorno hacia la erradicación de la pobreza, el desgano y la falta de oportunidad.

Es a esto, a lo que llamo inversión en lo social. Se trata de entender la responsabilidad social más allá del asistencialismo, de generar las condiciones necesarias para convertir una idea en una realidad productiva. De convertir un país subdesarrollado y dependiente en una nación moderna e insertada en la economía global. De no dar el pez al hombre hambriento y sí de enseñarle a pescar.

Tal vez porque he sido formado más por los hechos que por la academia, soy un convencido del poder inmenso que tienen las cosas sencillas, pero reales, en la vida de las personas. Por fortuna, en esta vía, transitan hoy cientos de colombianos y colombianas que, gracias a que han llegado a ser conscientes de su realidad, de su responsabilidad con ellos mismos y con otros y, ante todo, de las muchas oportunidades que presenta el país para crecer y evolucionar, han tomado -sin rodeos- las riendas de sus iniciativas y dado marcha a sus proyectos.

Ante esto, los ya empresarios estamos llamados a impulsar, propulsar y mantener esta dinámica, de modo que sea posible convertir el "círculo vicioso" del subdesarrollo, la falta de educación y de posibilidades en un "círculo virtuoso", donde el genuino interés por el otro nos lleve a movilizarnos en beneficio de su desarrollo y crecimiento, creando nuevas y maravillosas oportunidades para todos. Que dejemos de una vez por todas de ser el país de la gran desigualdad, y donde irónicamente el pobre muere de hambre y el más pudiente muere de miedo.

Para lograrlo, se hace necesario volver a lo básico. Devolver al ser humano la categoría que le corresponde como principio y fin de nuestros propósitos -y no solo como un medio-. Nuestras empresas y nuestras organizaciones, lo mismo que nuestras familias son ámbitos naturales para la interrelación creativa y productiva, a partir del amor, el respeto al prójimo y el trato justo.

Hoy, en el mundo entero, se promueven iniciativas a favor del progreso del hombre en todas sus facetas. Las Naciones Unidas nos plantean el "pacto mundial", un llamado sobre la importancia de la inversión social, con énfasis en puntos clave relacionados con los derechos humanos, la preservación del medio ambiente y la lucha contra la corrupción. Es grato pensar que, jalonadas por este tipo de políticas, nuestras empresas trabajan en estrategias de desarrollo, medición y control de proyectos encaminados a abrir el alma y la mente de la gente, propiciar el desarrollo integral de las personas, impulsar la productividad y la calidad de lo que hacemos, como un camino cierto hacia la consecución del progreso, la justicia y la paz.

Invertir en lo social es, por tanto, invertir en lo fundamental. Hacerlo es estar consciente de la interrelación permanente empresa-sociedad. Es saber que estas no se excluyen, se complementan. Avanzan o retroceden juntas.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?