Opinión

  • | 2009/10/15 00:00

    La importancia del G-20

    Este foro tiene ahora la misión de liderar el desarrollo de los temas clave para la economía mundial.

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La reunión del G-20 hace unas semanas en Pittsburgh seguramente va a ser recordada como un hito histórico. En este encuentro se anunciaron dos cambios fundamentales a la forma en que se coordina la política económica mundial. Primero, se decidió incluir a los países en desarrollo en la definición de las políticas necesarias para asegurar la estabilidad económica mundial. Y segundo, se estableció la intención de actuar colectiva y proactivamente en los principales temas que la afectan.

Protagonismo de los países en desarrollo

Hasta hace unas semanas el foro principal para la discusión de temas relacionados con la evolución de le economía mundial era el G-7, un grupo compuesto exclusivamente por los países desarrollados con las economías de mayor tamaño. En este grupo están Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia y Canadá. En adición a los miembros del G-7, el G-20 incluye a los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), así como a otras diez grandes economías de países en desarrollo de Asia, África y América Latina.

En la reunión de Pittsburgh se concluyó que el G-20 sería el "principal foro de colaboración económica internacional". Consistente con esta determinación, se decidió que los países en desarrollo van a tener una mayor participación en el capital y en el poder de voto del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. El G-8, que también incluye a Rusia, seguirá funcionando, pero enfocado en temas de seguridad y relaciones internacionales.

Por lo tanto, en la reunión de septiembre se reconoció oficialmente que la estabilidad económica mundial ya no depende solamente de los grandes países industrializados. De hecho, en esta crisis los jalonadores de la demanda han sido las economías de los grandes países en desarrollo.

Intención de liderazgo

El comunicado de la reunión del G-20 claramente establece la intención de liderar el desarrollo de los principales temas que afectan la economía mundial. Allí se anunciaron una serie de medidas que van a tener un impacto trascendental. Por ejemplo, la intención de completar el año entrante las negociaciones del acuerdo de Doha, las cuales se habían estancado por la intransigencia de los países desarrollados de reducir los subsidios a la agricultura. También se anunció el compromiso de completar las negociaciones del nuevo acuerdo sobre el cambio climático, que reemplazará al acuerdo de Kyoto.

Entre las decisiones más importantes que se tomaron en Pittsburgh está la creación de la Comisión para la Estabilidad Financiera, la cual tiene el objetivo de fortalecer y hacerle seguimiento a la regulación del sector financiero. En este sentido, la Comisión ya definió los principales cambios que desea promover a nivel mundial para evitar que se repita una crisis como la que estamos viviendo.

Establecer límites al apalancamiento y aumentar los requerimientos de capital a las instituciones financieras. La meta es tener estos nuevos requerimientos definidos para finales del año entrante e implantados para finales del año 2012.

Establecer requerimientos adicionales de capital y mayores requerimientos de supervisión a instituciones que por su gran tamaño los gobiernos no las podrían dejar quebrar. De esta forma, se quiere reducir la probabilidad de que se tengan que usar fondos públicos para rescatar a los grandes bancos privados, como acaba de ocurrir en dimensiones sin precedentes en Estados Unidos y Europa.

Ampliar el alcance de la regulación y fortalecer la supervisión de derivativos, titularizaciones, hedge funds y calificadores de riesgo.

Asegurar que las prácticas de compensación no incentiven la toma excesiva de riesgos por parte de los directivos y que los bonos sean razonables en términos de los ingresos o el capital de la institución.

Migrar hacia estándares únicos de contabilidad a nivel mundial, con el objetivo de aumentar la transparencia y comparabilidad de la información financiera.

Estos lineamientos demuestran que el G-20 no tiene la intención de convertirse en un organismo multilateral típico, donde se habla mucho y se decide poco. El G-20 tiene la clara intención de liderar la evolución de las estructuras clave de la economía mundial. Esto es una buena noticia. Dada la creciente globalización, es necesario que una institución como el G-20 "tome el toro por los cuernos" para consolidar la recuperación de la economía mundial.

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