Opinión

  • | 2004/09/17 00:00

    La importancia de la cultura empresarial

    La cultura empresarial se convierte en un código de valores y perseverancia, fórmula dual para mantener el éxito.

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La historia empresarial colombiana en los últimos lustros puede calificarse como apasionante. Pero no solo por los éxitos innegables de nuestros empresarios frente al desafío de desarrollar sus negocios, sino por los resultados del esfuerzo para superar las crisis que nos acongojaron durante ese período. Es de admirar el ingenio de nuestros gerentes para mantener sus negocios a flote, cuando la tormenta arreciaba y parecía que nuestro sistema de economía de mercado estaba a punto de naufragar.

En el caso de Sociedades Bolívar, hemos trabajado intensamente en la implantación de una cultura empresarial como código de comportamiento para enfrentar con éxito retos y desafíos, entendiéndola como el conjunto de conocimientos, costumbres, modos de pensar y de relacionarse de los integrantes de una empresa. La cultura de las compañías que han permanecido por mucho tiempo se caracteriza por la conciencia de sus empleados sobre la importancia de satisfacer al cliente; mantener los costos bajos y operar eficientemente en un entorno complejo de sistemas y procesos.

Todas las empresas tienen su propia cultura, resultado de las características de quienes trabajan en ella; del entorno en que se desempeñan, y de los productos o servicios que ofrecen. Pero también los valores éticos forman parte de los principios, y para Bolívar son innegables los resultados positivos de haber hecho explícitos los valores más apropiados para sustentar el éxito en la relación con clientes y proveedores.

En momentos de crisis, cuando las circunstancias generan un grave peligro para la vida de las instituciones, sin importar que lo haya ocasionado una actuación estatal, una jurisprudencia difícil o un error de dirección, las dificultades se han superado merced al compromiso del equipo de colaboradores, aplicando para la solución una fórmula dual que brevemente enunciaré así:

- Primera. Si se ha logrado una cultura empresarial centrada en valores, guía de comportamiento y desempeño constituida por sólidas normas éticas, se "blinda" a la empresa contra los peligros que amenazan su supervivencia y que son enfrentados por la actitud colectiva de los integrantes del equipo de trabajo, que al unísono dedican su voluntad para actuar con fe y entusiasmo en la superación de las amenazas. Los valores se interrelacionan formando un conjunto de elementos que funciona en armonía, nos identificamos y creemos en ellos, porque se ajustan a nuestra manera de pensar y con base en este aglutinamiento se procede con entusiasmo a sacar adelante el plan salvador.

- Segunda. En diferentes oportunidades mostró su valer en retos a empresas, como Davivienda en 1999 ante la corrida de depósitos generada por la recesión, o en 1989 en Seguros Bolívar ante las nuevas reglas de la competencia derivadas de la apertura, o en otras compañías del grupo ante el cambio abrupto de normas que regían las inversiones y reglamentaban las reservas, o con ocasión de sentencias como la del UPAC, en fin, amenazas delicadísimas que hubieran podido generar resultados impredecibles. Allí se actuó con la estrategia que podemos sintetizar en el término perseverancia. Es necesario, con tesón y paciencia infinita, apegarse a una hoja de ruta, a un plan de vuelo, que muestre un norte claro, aunque eventualmente lejano.

Los valores corporativos han sido conceptos indispensables para la supervivencia, el desempeño y el desarrollo de nuestras empresas. Ello son tres: generación de valor, servicio y compromiso social. Por ser una empresa privada, estamos convencidos de que nuestras actividades tienen que generar utilidades y brindar beneficios tangibles a la comunidad.

¿Por qué creer en determinados principios y aferrarse a ellos con firmeza? ¿No limitan ellos las utilidades y el crecimiento?

Es evidente que para acatar las directrices de nuestras normas, a veces nos ubicamos en condiciones de desigualdad para competir. Lo que ocurre es que uno cree en sus valores, porque estima que, atendiéndolos, obra bien, de acuerdo con su propia conciencia y con las leyes de Dios y de la patria, en beneficio de todos. Solo así y con nuestra fórmula dual: tesón y valores, se logrará el éxito a lo largo de los años, como lo ha hecho nuestra organización.



* Presidente Sociedades Bolívar.
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