Javier Fernández Riva

| 1/24/2003 12:00:00 AM

La guerra solitaria

Será todo lo injusto que se quiera, pero la lucha contra los cultivos ilícitos, como el resto de la guerra contra la subversión, correrá por nuestra cuenta.

"¿Cómo introducir una bomba atómica a Estados Unidos sin que se den cuenta? Metiéndola en un bulto de marihuana". Recordé ese chiste de los 80, obsoleto desde que Estados Unidos se volvió autosuficiente en la yerba, cuando hace unos días el presidente Uribe pidió que Estados Unidos dedicara igual atención al problema de la droga que al de Iraq, y sugirió un gran despliegue de tropas de ese país en el Caribe para bloquear los cargamentos de droga.



El Tiempo habla, risueñamente, de exageraciones paisas, similares a las que poco antes había lanzado el superministro de Interior y Justicia cuando dijo que garantizaba que este año Colombia quedaría libre de narcotráfico. El diario sugiere que, cuando el Presidente pide un apoyo militar gigantesco, solo pretende que se reanude la ayuda financiera de Estados Unidos a la base aérea de Palanquero.



Puede ser. Me parece, sin embargo, que a pesar de la exagerada exhibición de confianza del Superministro, el Presidente ha dejado entrever su preocupación sobre las posibilidades de minar, sin un esfuerzo más integral, la principal fuente de recursos de la subversión.



Me gusta atenerme a las cifras oficiales. El Dane viene estimando desde hace varios años la producción de coca, marihuana y amapola como una parte del Producto Interno Bruto. Es la parte que las autoridades vienen tratando de destruir en forma deliberada. Eso la diferencia del resto, que en los últimos años se destruyó sin querer, en la vía hacia el progreso y la estabilización.



Según los cálculos oficiales la producción de los cultivos ilícitos se redujo el año pasado 14%. Pero toda ella se exporta, transformada. Y como el dólar aumentó 25% el año pasado, aun si la reducción de la oferta no elevó el precio en dólares, el ingreso de los exportadores se disparó. Tirofijo no contaba con esa lotería.



La lucha será dura, y en ella seguiremos prácticamente solos. Ojalá me equivoque pero creo que, después de la Segunda Guerra del Golfo, la prioridad de Estados Unidos será evitar la recesión y volver a poner en cintura el déficit fiscal, en lugar de emprender una segunda batalla o darle más apoyo financiero a Colombia.



Lo único que acabaría con el narcotráfico es la legalización del consumo en Estados Unidos, pero eso no tiene ninguna posibilidad a corto plazo. Por ello la estrategia colombiana es hacer tan costoso y arriesgado el negocio que acabe desplazándose a países menos hostiles.



Infortunadamente, hay más complicaciones. En América Latina el mejor prospecto para relevar a Colombia en el negocio de la coca es Venezuela, donde no solo el dólar está por las nubes sino que el Gobierno y la oposición están dedicados a destruir las fuentes de empleo legal. Pero no estoy muy seguro de que, en una perspectiva de mediano plazo, las cosas mejoren para Colombia si nuestro principal vecino desarrolla esa agroindustria.



Colombia está esencialmente sola en su lucha. Y es alto el riesgo de que su falta de decisión para canalizar oportunamente todos los recursos necesarios para romper el equilibrio, le dé la oportunidad a la guerrilla de escalar el conflicto y desplazar parte de su actividad a los países vecinos, manteniendo cierto grado de control sobre el negocio.
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