Opinión

  • | 2010/10/29 00:00

    La guerra interminable

    El panorama actual apunta a que los países desarrollados mantendrán esa puja constante por remediar un problema local utilizando una guerra sin tregua de monedas para cumplir un objetivo propio.

COMPARTIR

Mucho se ha hablado en estas últimas semanas sobre la Guerra de las Monedas (currency war). Es una guerra que tiene claramente dos grandes contendores que desde hace ya un largo tiempo forcejean por mantener la hegemonía mundial; el yuan chino y el dólar americano. Hoy el dólar cede terreno y flaquea en el campo de batalla. Y el dólar, al ser referente mundial, está llevando la peor parte. Su estándar de moneda fuerte se ha visto reemplazado por otros "refugios" en épocas de incertidumbre; el oro es su mayor competencia en este espacio y ya hemos sido testigos de cómo el mercado se ha volcado hacia allá. El precio por onza ha aumentado más de 20% en lo que va corrido del año.

Un artículo reciente publicado en The Economist enfocaba el mismo problema utilizando el valor de una hamburguesa "Big Mac" en los distintos países. Este estudio lo llevan haciendo desde hace muchos años, y si bien no es una fórmula exacta del valor de las monedas, sí que ha servido para indicar tendencias. Claramente destaca que China tiene a su moneda totalmente infravalorada y, por otro lado, que Brasil se ha encarecido mucho en los últimos años. Los países europeos, incluido Suiza, tendrían su moneda excesivamente fuerte y, en cambio, las economías asiáticas, con excepción de Japón, estarían baratas.

A raíz de las débiles perspectivas de crecimiento en la mayoría de las economías desarrolladas, los países del G7 luchan por mantener y estabilizar el poco crecimiento económico que se ha logrado en los últimos 12 a 18 meses. Sin embargo, el costo fiscal, político y social de tan magno esfuerzo, ya lo vemos plasmado en las calles; para la muestra lo que sucede hoy en día en Francia y en el Reino Unido. Y, con seguridad, vamos a presenciar episodios similares en geografías no muy distantes. Es la conclusión lógica de los recortes presupuestarios y de los aumentos en impuestos; medidas claramente impopulares. Son estrategias que son consecuencia de una disciplina macroeconómica desesperada que surge cuando se ha gastado más de lo que se tiene, y las cuentas simplemente no dan. Al mismo tiempo, el índice de productividad se ha deteriorado claramente en Europa y la única forma que van a tener a largo plazo para salir de la crisis será austeridad, y devaluación de su moneda.

Por eso, en gran parte, esta Guerra de Monedas es quizás otro recurso de último momento para mantener a flote las deterioradas finanzas de los gobiernos. China es claramente el objetivo lógico a seguir. Pero muy cerca están Brasil y otros países emergentes, que hoy en día ven "la otra cara de la moneda", pues sus vigorosas economías surgen como el ave fénix, en medio del caos de los llamados países desarrollados. Y sus monedas están más fuertes que nunca. La ironía es que, a pesar de que sus exportaciones deberían verse afectadas, al ser sus bienes más costosos, no sufren mayor fluctuación; por el contrario, siguen desafiando las leyes de texto de economía y mantienen sus tendencias de crecimiento. De paso, dicho crecimiento está llevando a que sus preocupaciones sean diametralmente opuestas a las de las economías fuertes; actualmente luchan por mantener controlados los precios internos y el consumo; en otras palabras, su mayor preocupación es la inflación. Sus bancos centrales ya se han movido para detener el aumento del costo de vida, subiendo las tasas de interés locales. Con esto, lo que han hecho es ayudar a que la fortaleza de sus monedas se mantenga vigente. Otros han implementado medidas impositivas para los flujos de capitales foráneos.

En los próximos días habrá un encuentro del G20 en Seúl, donde se intentará llegar a un acuerdo similar al que se obtuvo en el Hotel Plaza de Nueva York en 1984. Será difícil, ya que el número de interlocutores es muy superior al de entonces, 20 versus 5, y la política interna china está por encima de sus intereses internacionales. El gran miedo de sus autoridades es que una subida del Yuan llevaría a gran parte de sus empresas exportadoras a la quiebra, causando una situación de incertidumbre política incontrolable.

El panorama actual apunta a que los países desarrollados mantendrán esa puja constante por remediar un problema local utilizando una convocatoria mundial; una guerra de monedas sin tregua para cumplir un objetivo propio. La raíz del problema no está ahí; pero el tiempo nos dirá si la solución vendrá por ese lado. Las elecciones de noviembre en Estados Unidos pueden marcar un cambio de tendencia y de política económica, pero se deberían enfocar más en limpiar la casa propia antes de buscar culpables ajenos.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?