Opinión

  • | 2008/06/20 00:00

    La gran amenaza de los “hermanitos menores”

    La autorización del Minambiente para la construcción de un puerto sobre Jukulwa contraviene los conceptos técnicos de reconocidos institutos de investigación e incumple con la consulta previa a la comunidad que ordena la Constitución.

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En su hamaca, frente a uno de los cuatro fogones que iluminan el interior del gran templo ceremonial de Seiyua, en las cabeceras del río San Miguel, Mama Valencio, principal líder espiritual de los Kogi, descendientes de los antiguos Tayrona de la Sierra Nevada de Santa Marta, frota suavemente su poporo recubierto con la cal de conchas marinas que sirve para masticar las hojas de coca. Una y otra vez, con tristeza y amargura, se pregunta sobre las razones que han llevado a los "hermanitos menores" a una nueva agresión cultural. Esta vez se trata de la destrucción de uno de los espacios sagrados que, desde el inicio de los tiempos, ha servido de referencia y memoria para el mantenimiento de la Ley de Origen y el ejercicio de las prácticas tradicionales. Él sabe que la autorización del Ministerio del Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial para la construcción de un puerto sobre Jukulwa contraviene todos los conceptos técnicos de reconocidos institutos de investigación e incumple con la consulta previa a su comunidad que ordena la Constitución Política de Colombia, violando de esta manera uno de sus derechos fundamentales.

También sabe que, al igual que sus antepasados, su principal responsabilidad es mantener el equilibrio y el orden del universo tal como lo dicta la Ley de Origen, también conocida como Ley de la Madre, transmitida oralmente de generación en generación y cuyos lugares de aplicación y puntos de referencia son los sitios sagrados que conforman y delimitan el territorio ancestral. Es en estos sitios sagrados donde, en el comienzo de los tiempos, la Madre Universal entregó a sus hijos los códigos que conforman la Ley de Origen que determina el comportamiento y la gobernabilidad, así como el orden social, político, ambiental y económico.

Según los indígenas de esta montaña sagrada de Colombia, el mundo fue primero en espíritu. Todo lo que existe hoy en el mundo material: las plantas, los animales, el agua, el fuego, el aire, la tierra, los cerros, las piedras y los hombres fueron creados primero espiritualmente y tenían la misma esencia, eran espíritu de la gran Madre Espiritual. Luego se creó el universo material, se pasó de la oscuridad a la luz y se dictaron las leyes que regulan la función de cada elemento de la naturaleza. A cada uno de los seres espirituales se le dio un mandato, se le entregó un territorio, un sitio sagrado. Es por esto que cada elemento de la naturaleza tiene un dueño espiritual, un Padre y una Madre, un orden, un espacio y un propósito por cumplir. De lo contrario vendrán las enfermedades, los desastres naturales y los conflictos. Es esa la historia de la Ley de los antiguos y son los Mamas sus principales guardianes.

La Sierra, además de ser el "Corazón del Mundo", es el centro del universo, es pensamiento y realidad, y también la razón de existir de los Mamas y de la comunidad, quienes deben garantizar con su trabajo que toda intervención del hombre se haga en armonía con la naturaleza. Es una responsabilidad no solo para con sus hijos sino también para con los hijos de los "hermanitos menores".

El territorio ancestral está conformado y delimitado por numerosos sitios sagrados mayores y menores, cada cual con funciones específicas. Interconectados entre sí, constituyen una red de energías que mantienen la vida. Así los picos nevados se conectan con las lagunas sagradas; estas con las quebradas y ríos que se conectan a su vez con las madres viejas y el mar, lugar de origen. Este complejo sistema de interconexiones se reproduce en la organización social, por lo que hombre y naturaleza van siempre de la mano. Es un sistema indivisible que da sentido a la vida, a la naturaleza, al territorio tradicional y a la cultura, es la fuerza que da vida a todos los elementos de la Sierra Nevada.

Cada uno de los sitios sagrados hace referencia al origen de elementos de la naturaleza y de los linajes o grupos sociales de la comunidad. Cada linaje es guardián del conocimiento de un territorio particular y de un sitio sagrado que sirve de fuente de conocimientos. Desde allí, los Mamas administran y orientan el manejo del territorio, aseguran todo lo que va a pasar, cuidan la vida animal y vegetal, el agua, la lluvia, el aire, la tierra, los alimentos, hacen las ofrendas y piden permiso para garantizar que cada actividad o intervención humana este acorde con la Ley de Origen. Son sitios intocables donde se curan las enfermedades, donde se adivinan y celebran los procesos del ciclo vital y donde se resuelven conflictos. Cada sitio sagrado tiene una jurisdicción y las normas que se dictan desde allí no se pueden cambiar, son permanentes como lo es la Ley de la Madre.

La construcción del puerto multipropósito Brisa sobre Jukulwa, lugar sagrado donde se hace el cambio entre lo frío y lo caliente, banco de los materiales con que se hacen las ofrendas y pagamentos y lugar donde las cuatro tribus de la Sierra Nevada se unen en un solo pensamiento y cuerpo que regula la salud de los seres vivos de esta montaña sagrada, no es solamente un atentado contra los indígenas de la Sierra Nevada y sus tradiciones culturales, sino contra la humanidad.

Mama Valencio, junto con los demás Mamas de la Sierra que velan por mantener el orden, la armonía y el equilibrio del universo ha adivinado, en medio de sus sueños, que para proteger a Jukulwa es necesario que se haga sentir la voz de los "hermanitos menores", de todos aquellos que entienden la importancia del trabajo que por siglos han venido haciendo ellos y sus antepasados para mantener el equilibrio de este universo del cual todos dependemos.

Todo indica, según le dictan sus adivinaciones y las estrellas en el firmamento, que ha llegado el tiempo de que los "hermanitos menores" hagan conciencia y asuman la responsabilidad que les cabe para hacer respetar la diferencia y garantizar la vida por encima de los procesos de desarrollo que sin consideración alguna amenazan el futuro de la Creación. Así adivina Mama Valencio.
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