Opinión

  • | 2008/03/28 00:00

    La gestión del gobierno y el modelo económico

    ¿A quién le importa hablar de economía o de modelos, cuando el tema es que estamos cerca de 'ganar la guerra'?

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La aprobación política y el respaldo que recibe el Presidente puede ser que no tengan paralelo en los resultados de su gestión en la economía; y, lo que es más grave, puede que el modelo de desarrollo que se maneja no nos sea conveniente.

Muestran las encuestas que la imagen favorable del doctor Uribe superó todas las estadísticas (subió tres puntos) por la forma de su actuación en la crisis que él mismo montó. (Bush también logró la máxima aprobación histórica y también de 84% el día que declaró la guerra a Irak; pero ésta no solo lo llevó a acabar siendo el Presidente más descalificado interna y externamente, sino le significó a su país el desangre que muchos consideran parte de las causas de su crisis económica).

También muestran las encuestas que cambió en sentido contrario la percepción de la situación del país (bajó 14 puntos: los que piensan que está empeorando pasaron de 35% a 48%). Probablemente, si se tomaran solo los economistas, el porcentaje de quienes ven un futuro gris -o menos claro que el que pintan las autoridades- sería tan grande como el de quienes aplauden las actuaciones del primer mandatario.

Personalmente no creo que la situación esté desmejorando, sino que está pasando lo del cuento de los gatitos que recién nacidos eran 'uribistas' pero que de pronto empiezan a cambiar de parecer porque a partir de cierto momento todos, exceptuando los que sí son ciegos, comienzan a abrir los ojos.

El hecho es que existen diferencias respecto a cuál es la contribución interna al buen momento económico que vive el país, pero nadie desconoce que se debe mayormente al contexto internacional.

Y como no es sensato montarse en un plan de desarrollo que está condicionado a que ese contexto internacional sea el mejor de la historia o que sea necesariamente el más favorable para nosotros, sería conveniente entender que se sustituyó la noción compleja de que este debería comprender diferentes objetivos (desarrollo social, justicia social, avances en la cultura y el ordenamiento político, etc.), y diferentes instrumentos (leyes, instituciones, interacciones entre los estamentos y los actores sociales), y se asumió el supuesto de que el libre mercado y la libre competencia responden por todo esto.

Pero, ¿qué nos ha traído y en qué estamos en este proceso?

Ha crecido nuestro comercio a costa de más dependencia del mundo exterior. Aumentó el valor de nuestras exportaciones pero aún más el de nuestras importaciones. Nuestro aumento se debió principalmente al mayor precio de nuestras materias primas (petróleo, carbón, níquel, oro), mientras la importación de alimentos superó el récord histórico, ya que Venezuela pasó a ser el comprador del cual dependen nuestras exportaciones del sector no primario. Nuestra 'bonanza' está basada en estas dos situaciones (el 'éxito' de que Bush inscribiera a Venezuela entre los países terroristas significa la prohibición de comercio con ellos). Pero además, desde el punto de vista del desarrollo significa un atraso: se considera que este evoluciona alrededor de los sectores donde se logra el máximo de valor agregado -en su orden: extracción de recursos naturales, agricultura, manufactura, industria, servicios, conocimiento-, y en nuestro caso tanto ha aumentado la importancia de los sectores más elementales como disminuido la participación en investigación, ciencia y tecnología en las prioridades del Gobierno (¿qué tal el caso Carimagua -que tenía por función o razón de ser el generar el conocimiento para el desarrollo y la explotación de la media Colombia que representa la Orinoquia-

).

El déficit comercial implica, en últimas, que ni mediante el intercambio logramos que lo que producimos nos dé para lo que consumimos. O sea que consumimos a crédito, lo cual se refleja en el crecimiento de nuestro endeudamiento internacional. ¿Cuál es la política o el modelo que el gobierno aplica al respecto? La mayor deuda externa, la ve con complacencia como una aprobación del mundo a la política de 'seguridad democrática' (y según eso supondría más financiación y ayudas por el 'éxito' de las muertes de Reyes y Ríos). El único rubro que aporta más a la balanza de pagos que la enajenación de nuestra riqueza natural es la remesa de divisas de nuestros exilados (cuatro millones de compatriotas que buscaron solución de vida en el extranjero nos enviarán US$5.000 millones para que sus familias sobrevivan aquí y para que el país compense parcialmente lo que requiere del extranjero). Esto tampoco produce inquietud al gobierno -ni en cuanto al país, ni en cuanto a lo que significa para quienes eligen tal opción-.

Pero lo anterior no es suficiente para equilibrar nuestro déficit; entonces pretende el Gobierno -o el modelo- que el faltante se subsana mediante los capitales que llegan como 'inversión extranjera'. No parece tenerse en cuenta que es 'inversión' para quienes los traen de afuera, pero no así para el país, puesto que en su mayoría se destinan a la adquisición de empresas existentes y no a montar nuevos centros de generación de riqueza; ni que lo que hoy ingresa como capital es una entrada ocasional mientras que lo que ello producirá en dividendos será una salida continua para el inversionista extranjero. Como la ganancia es el incentivo al ingreso de esos capitales, fenómenos como la reevaluación y la diferencia de intereses para los capitales golondrina, o que se dé al capital extranjero el seguro que no se ofrece al colombiano, o que el patrimonio nacional sea vendido a menosprecio, no molestan a quienes administran o respaldan el modelo.

El promotor de este modelo ha sido la actual administración americana y por eso la 'necesidad' del TLC. Nos encontramos así ante la contradicción o paradoja de que este modelo de desarrollo supone la neutralidad o el multilateralismo del mercado libre y universal, pero lo aplicamos en forma tal que no cumple ese requisito para aportar los beneficios que pudiera tener (esto independientemente de que probablemente aún en su correcta aplicación serían menores que los perjuicios que causa).

El otro pilar para mantener el modelo es la falta de cuestionamientos por parte de los gremios y el sector 'productivo'. Las declaraciones de los voceros del sector agropecuario en el debate al Ministro de Agricultura o el silencio de los industriales ante los enfrentamientos con Chávez tienen su explicación pero también su costo. Para un crecimiento del valor de la producción del campo de cerca al 2,5% equivalente a algo como $700.000 millones se han repartido entre subsidios de AIS o directamente a Palmeros, Floricultores, Bananeros, etc. más de $1'200.000 millones; en otras palabras, la gestión del campo no solo retrasa el crecimiento general que pudo estar cerca del 6% sino significa pérdidas para la Nación. O para que la actitud belicista ante nuestros vecinos no sufriera la descalificación de los grandes empresarios, el presidente les prometió directamente en llamadas personales un seguro para lo que les podría representar la nacionalización de sus inversiones allá (US$2.800 millones).

¿A quién le importa hablar de economía o de modelos cuando el tema es que estamos cerca de 'ganar la guerra'?
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