Opinión

  • | 2008/02/28 00:00

    La fuerza para emprender

    Dado que emprender es atrevido y arriesgado, solo se debe hacer cuando las ganas de lograrlo se combinan con una pasión sin límites por lo que se ha decidido hacer.

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He sido invitado a algunos foros y conferencias para hablar de este tema, lo cual no quiere decir que sea experto certificado. Lo que hago es compartir mi experiencia de poco más de 30 años en el campo de la incertidumbre, como llamo yo al mundo empresarial.

Sí, de incertidumbre, porque los negocios y los proyectos empresariales están rodeados de una inseguridad similar a la que circunda la vida misma. Aquellos que hemos iniciado algo, lo sabemos muy bien. Al principio todo es entusiasmo y "cuentas alegres", pero una vez acometida la obra, vemos cómo nuestro emprendimiento se ve sometido al vaivén de los mercados y del entorno social, político, jurídico y económico, entre otros. El sueño se enfrenta con la realidad y entonces es el momento de tomar decisiones valientes, que solo pueden ser adoptadas por seres humanos poseedores de una convicción sin fisuras sobre los beneficios que se pueden derivar de aquello que ya está en marcha.

Decidirse a iniciar una empresa, concebirla, crearla para posteriormente lograr su desarrollo y expansión, requiere visión, convicción, pasión, persistencia, empuje, capacidad para reinventarse todo el tiempo y liderazgo, aspectos que configuran la fuerza para emprender y mantener vivo el empeño en medio de las vicisitudes.

Emprender significa -según el Diccionario de la Lengua Española- comenzar una obra, darle marcha a la ejecución de una idea. Y la palabra emprendimiento, en francés, simboliza pionero. Hace referencia a alguien que explora por primera vez una tierra desconocida. Implica arriesgar. De allí que el poner a rodar y consolidar una empresa entrañe peligros y dificultades. Una experiencia que, aunque planeada, resulta plena de situaciones y personajes inesperados, donde hay eventualidades, contingencias, emociones fuertes, aciertos y desaciertos.

Pero el tema de fondo no se limita a embarcarse en la aventura. Se trata de ser consciente del papel que, como emprendedor y líder de un proyecto o del desarrollo de una idea, se juega en cada circunstancia. El rol -protagónico y real- de quien alcanza su objetivo, se nutre de su capacidad de adaptación permanente al cambio, de su agilidad para reaccionar y seguir adelante, logrando abrir caminos y opciones para llegar a la meta.

La fuerza y/o la energía se producen entonces, cuando -convencidos de nuestra causa y apoyados en los valores enunciados- decidimos convertir nuestro sueño en un nuevo producto o servicio.

Ser emprendedor realizado requiere, por tanto, capacidad para convertir las ideas en desafíos, los desafíos en verdaderas oportunidades personales y profesionales y las oportunidades en hitos máximos, que aporten a todos los involucrados. Una vez emprendida la marcha, se hace imperativo adoptar una actitud valerosa y positiva, arma infalible para afrontar y llevar a feliz término lo ya iniciado.

La mayoría de exitosos que conozco lo mencionan: dado que emprender es atrevido y arriesgado, solo se debe hacer cuando las ganas de lograrlo se combinan con una pasión sin límites por lo que se ha decidido hacer. Quien acomete y logra sus metas es aquel que desde antes de iniciar cree firmemente que va a lograr su objetivo. La duda no hace parte de su equipaje, en cambio sí la perseverancia y el esfuerzo.

Independientemente de la forma en que se ejerza por parte de quien está a la cabeza de un proyecto, el liderazgo resulta vital. Se traduce en la transparencia, la recursividad y la capacidad para mantener el ánimo y el aporte de los involucrados en cualquier circunstancia. Por lo general, arriba, en la cúspide de las organizaciones, me he encontrado con seres humanos excepcionales, que ven donde otros no ven, que saben escuchar y leer las señales del entorno, que saben conversar y transmitir su mensaje a las mujeres y hombres que le dan forma a su sueño.

Aún así, y no obstante los elementos dinamizadores de la fuerza para emprender enumerados aquí, sigo pensando que no hay una fórmula única para lograr el éxito en los negocios. Esa fuerza esencial para emprender, para convertir una idea en una realización, depende de uno mismo, de tomar el riesgo y vivir esa aventura.

En Colombia, la pasión, ese sentimiento que invade y mueve a cada ciudadano, desde los más ilustres personajes hasta sus campesinos labradores de campos fértiles, ese solo sentimiento, es un motor de revolución infinita, que, sin duda, transformará este pedazo de tierra en un lugar más próspero y justo, donde la gente pueda vivir en paz.
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