Opinión

  • | 2006/01/16 00:00

    La fiebre de oro

    El incremento de precio del oro se debe a la amenaza de inflación en los países del entorno del dólar, la alta demanda de oro físico en Asia y la entrada en juego de los fondos de inversión alternativa, también llamados hedge funds.

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Después de años de apatía por los metales preciosos, la racha alcista, que comenzó a mediados de 2001, se aceleró a finales de 2005. Es muy llamativo el caso del oro, que sin ser un mineral de amplio uso industrial, ni pagar intereses como instrumento financiero, se ha puesto de moda.

Los últimos movimientos que llevaron su precio de menos de US$300 la onza a superar ya los US$500, recuerdan la fiebre del oro que se vivió en el oeste de Estados Unidos en la primera década del siglo XX. En este caso, los inversionistas no van a buscarlo con una pala y un rastrillo a los ríos. La sofisticación ha aumentado, pues se utilizan estructuras financieras, opciones, futuros o compra física para beneficiarse de él.

Tradicionalmente ha sido un valor refugio durante épocas de incertidumbre, como las guerras mundiales o las catástrofes naturales. Algunos analistas lo justifican porque en estos meses se juntaron la intervención estadounidense en Iraq, los ataques terroristas en Londres, los tumultos callejeros en París y la amenaza de una pandemia por la fiebre aviar con consecuencias en su subida de precio. Yo no creo que sean los principales motivos, aunque siempre son factores que suman. En mi opinión, el incremento de precio del oro está motivado por la amenaza de inflación en los países del entorno del dólar, la alta demanda de oro físico en Asia y la entrada en juego de los fondos de inversión alternativa, también llamados hedge funds. A continuación, intentaré explicar en más profundidad estas situaciones.

Estados Unidos sigue inmerso en una situación macroeconómica peculiar, en la que conviven altos crecimientos sostenidos de su economía con déficits comerciales y fiscales históricamente altos. Las subidas del precio del petróleo y sus consecuencias sobre la gasolina y gasóleos industriales y domésticos han incidido en la subida de precios generalizada que se ha visto en Estados Unidos.

Con datos de septiembre, la inflación de los últimos 12 meses ha llegado al 4,7%, si bien ya empezó a bajar en las semanas pasadas. En cualquier caso, será más alta que en los ejercicios anteriores. La Reserva Federal ha intentado combatirla, mediante sucesivas subidas del tipo de intervención que lo han elevado desde el 1% hace menos de dos años a más del 4% en la actualidad. Se estima que seguirán subiendo hasta niveles cercanos al 5% en las próximas reuniones. Tradicionalmente, una de las formas de cubrirse contra la inflación ha sido la compra de oro por el mantenimiento de su valor real en el tiempo.

El segundo motivo es la gran demanda de oro físico que se está produciendo en los países de Asia. Desde hace siglos, la única forma que tenían las clases medias y bajas para poder hacer algo de patrimonio, y en algunos casos pagar las "dotes", era la acumulación de joyas. En muchas sociedades asiáticas se mantiene esa tradición. Los altos crecimientos que experimentan las economías de India, China y otros países del Sudeste asiático han llevado a que tengan mayor capacidad adquisitiva y parte de esa liquidez se ha dirigido a inversión en joyas para mantener el poder de su dinero en el tiempo.

Por último, y no menos importante, hay que destacar la entrada de grandes sumas de dinero de los hedge funds, que compran instrumentos financieros, lo cual ha ayudado a disparar el precio. Su inversión es tanto especulativa, en busca de un retorno en el corto plazo, como de cobertura ante subidas de la inflación y los tipos de interés. En el mercado de Nueva York ha empezado a cotizar un sintético (parecido a un índice) que sigue la evolución del precio del oro. Se cotiza bajo las siglas GLD y puede ser un instrumento sencillo y barato de invertir para quienes piensen que es conveniente diversificar un portafolio en esta materia prima. Tiene un gran volumen diario (más de dos millones de acciones) y se compra como cualquier otra acción.

La última semana, el precio de la onza llegó a US$522 en Nueva York. Los analistas internacionales pronostican que puede subir hasta los US$600 en los próximos meses. Hay que tener una visión global, pero no creer que su subida puede ser eterna. La única forma de beneficiarse sin asumir riesgo es mediante la diversificación y una buena asesoría profesional.

Santiago Ulloa, CEO, TBK Investments, Inc. sulloa@tbkinvestments.com
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