Opinión

  • | 2008/06/06 00:00

    La espiral del crecimiento rentable y sostenible

    Para entrar en esta corriente, es necesario que las empresas midan y gestionen en base a la creación de valor económico.

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Las iniciativas para crecer requieren recursos, ya sean propios, de socios o de entidades financieras, que deben impactar positivamente la operación del negocio para crear valor. Esta creación de valor va mucho más allá de una fórmula financiera, es un concepto económico que asegura una transformación productiva sostenible.

El reto es lograr una dinámica de negocio que permita generar ingresos suficientes para cumplir con el pago a proveedores, empleados, entidades financieras, gobierno y, por último, a los accionistas que deben ser compensados según las expectativas que tienen por los recursos que han invertido. Si todos los participantes se benefician, se genera una dinámica de crecimiento sostenible pues, solo así, cuando los últimos en la fila -los accionistas- están satisfechos, se hace atractiva la empresa para atraer capital externo y además se generan recursos suficientes para invertir en el crecimiento de la misma. Ahora bien, cuando no se crea valor para los accionistas, no hay recursos para reinvertir y se cierran las puertas a capitales externos, que son la semilla del crecimiento.

Por esto, se hace fundamental que las empresas midan y gestionen en base a la creación de valor económico, desde definir y monitorear el éxito de la estrategia, tomar decisiones, evaluar el desempeño, formar cultura y compensar por resultados. Muchas empresas han iniciado midiendo el Ebitda, que se enfoca en crecimiento, pero tienen el reto de continuar el camino hacia el EVAR para asegurar que ese crecimiento sea rentable.

La Administración Basada en Valor, ABV, les permite a las empresas entrar en la espiral de crecimiento, al incorporar el concepto de valor en los procesos de la organización, enfocando todos los esfuerzos hacia la creación sostenida del valor económico. Las implementaciones exitosas de la ABV van más allá de una métrica y se caracterizan por:

- Ayudar a las empresas a enfocar los esfuerzos donde corresponde, identificando cuáles productos, servicios y líneas de negocio crean o destruyen valor económico. Este proceso involucra un cuidadoso análisis de los derechos de decisión y la asignación de variables para asegurar una medición alineada con los resultados de la empresa.

- Eliminar la negociación del presupuesto, estimando metas basadas en las expectativas de los accionistas y en el análisis de empresas comparables. Así, la ejecución mira hacia adelante, pues el presupuesto debe contestar cómo se van a lograr las metas predefinidas. Adicionalmente, definir metas ambiciosas, que al hacerlo correctamente, permiten que las personas se desempeñen de maneras que no imaginaban posible.

- Hacer que las personas piensen, actúen y sean remuneradas como accionistas, incorporando un sistema de compensación, enfocado principalmente en el incremento sostenible del EVAR y del Roic, y un mecanismo de Banco de Bonos que permita definir metas sin techos ni pisos e incentive el desempeño sobresaliente y el pensamiento a largo plazo.

- Crear una cultura centrada en la filosofía del valor, formando una cultura de excelencia, monitoreando continuamente el desempeño, fortaleciendo la toma de decisiones y el conocimiento financiero que, entre otros, son fundamentales en este proceso, porque por medio de las personas se logra el cambio.

El incremento constante de la competencia por el capital, ha llevado a muchas empresas exitosas como Sony, Coca-Cola, Siemens, Argos, Bavaria, Isagen y Ecopetrol, entre muchas otras, a incorporar la Administración Basada en Valor como estrategia para convertirse en organizaciones más competitivas y atractivas para los inversionistas.
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