Opinión

  • | 2006/02/16 00:00

    La encrucijada del trabajo doméstico

    El interrogante fundamental que se me plantea frente al trabajo doméstico es cómo atender socialmente esas responsabilidades tan necesarias del mantenimiento de la familia sin sacrificar individualmente a nadie.

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Acomienzos de año me quedé sin empleada del servicio por un par de semanas. Comencé "haciendo oficio", como decimos las mujeres, con un entusiasmo increíble. Me gustaba hacer todo: separar la ropa blanca de la de color para meterla a la lavadora, colgarla con esmero y en un orden específico, cocinar cosas ricas y sorprender a mi familia con un menú diferente y equilibrado, hacer floreros, arreglar armarios. En otras palabras, reapropiarme de mi casa me pareció fascinante. ¡Al principio! Con el correr de los días, el entusiasmo se me fue gastando, sobre todo cuando arrancó el semestre en forma y ya las tareas domésticas comenzaron a "atravesarse" con el trabajo profesional. El tiempo no me alcanzaba, me empezaron a parecer inútil el orden y la limpieza, prefería no comer a tener que preparar y "recoger reguero".

Todo esto me ha puesto a reflexionar, una vez más, sobre el trabajo de la mujer y sobre la famosa doble jornada. Y eso que tengo un marido que no solo sabe hacer las cosas sino que las hace. Pero definitivamente el trabajo doméstico es un oficio que impone las exigencias de cualquier otro, con sus rutinas y necesidad de planear y ejecutar en un tiempo dado.

Me pregunto cómo pueden las mujeres trabajadoras que no tienen ayuda desempeñar un cargo, directivo o no, y además atender todas estas responsabilidades domésticas que en países como el nuestro todavía atienden esas mujeres maravillosas, esos ángeles, que llegan cada día a hacerse cargo de todo con dedicación y eficiencia. ¡Y qué decir de ellas mismas que llegarán en la noche a enfrentarse con las tareas propias equivalentes a las que estuvieron atendiendo todo el día!

Por otro lado, sé por parientes que viven o han vivido en países "desarrollados", que estas tareas domésticas y sobre todo la crianza de los hijos, se vuelven agotadoras y o bien se hacen a medias y se rebajan los estándares de limpieza y orden, o bien buscan regresar felices al país a disfrutar de la organización social que todavía permite este lujo. Inmediatamente, les cambia el genio, el arreglo personal mejora, hay tiempo para conversar y disfrutar.

El interrogante fundamental que se me plantea frente al trabajo doméstico es cómo atender socialmente esas responsabilidades tan necesarias del mantenimiento de la familia sin sacrificar individualmente a nadie. Ni al "ama de casa" ni a quien le ayude. Mirémoslo desde esos dos puntos de vista.

Para una mujer que trabaja por fuera de su hogar, la ayuda doméstica es fundamental para estar tranquila y no sufrir los efectos de la doble jornada. Esto no le quita sin embargo, como lo he visto en los talleres con ejecutivas, la angustia existencial de no poder pasar más tiempo con sus hijos o de tener un tiempo de tranquilidad y sosiego en su propia casa. Pero ese es otro tema. Para la empleada doméstica que no convive con la familia, hay que mirar varios ángulos. Por un lado, este trabajo puede ser para ella una oportunidad de desarrollo, de sostenimiento propio y contribución al de su familia y de dignificación personal, que quizá no tiene cómo obtener de otra forma -siempre y cuando la tratemos para contribuir a ello-. El desgaste para ella estaría en la atención a su propia familia y a su propia casa: tiene que madrugar mucho habiendo dejado preparados los alimentos, buscarle tiempo a la noche para lavar su ropa, etc. etc.

Tal vez habría que diseñar algunas estrategias sociales que contribuyan más adecuadamente a atender el trabajo doméstico. Es claro que el avance tecnológico ha hecho grandes aportes que facilitan la tarea. Pero quizá podría pensarse en que las organizaciones reduzcan la jornada laboral de hombres y mujeres, liberándoles tiempo a ambos para atender estas tareas. Y por último en el nivel educativo y de crianza, enseñar a nuestros hijos e hijas a hacerse cargo de sí mismos para no requerir que otros tengan que hacerlo por ellos.

Mientras tanto, contribuyamos a la dignidad del oficio doméstico respetando sus horarios, aportando a su seguridad social y dándoles el trato que se merecen los ángeles.

conniedesantamaria68@hotmail.com
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