Opinión

  • | 2003/09/19 00:00

    La economía colombiana en 2013

    La próxima década será mejor que la pasada. Las autoridades económicas evitarán riesgos, de manera que la política macroeconómica no será fuente de sorpresas.

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Hacer futurología en economía es muy difícil. Los economistas tenemos grandes dificultades para explicar el pasado, así que ni hablar de predecir el futuro. Sin embargo, mordí el anzuelo que me puso Dinero y ya no tengo más remedio que decir algo sobre mi visión de la economía colombiana en la próxima década.

El punto de partida para pensar en 2013 es el crecimiento de tendencia o de largo plazo, actualmente entre 2% y 3% por año, en contraste con el 5% de los años 60 y 70. Por definición, esta variable depende de factores estructurales entre los cuales el conflicto interno y la inseguridad son los que mejor explican el retroceso. Aunque la política de seguridad democrática y el amplio consenso que genera en el país son fuente de optimismo, estamos frente a un problema cuya solución además de voluntad y firmeza, requiere recursos de los cuales el país no dispone. Por eso, no veo factible que en el transcurso de la próxima década los niveles de seguridad y, por ende, de crecimiento sean en promedio equiparables a los de los años 70. Considero más realista un escenario en el que la situación mejora lentamente, hasta llevarnos a un crecimiento de 4% por año. Infortunadamente, este nivel de crecimiento no permite resolver los problemas de desempleo y pobreza. Cualquier avance en este tema quedará entonces en manos del mejor diseño y focalización de las políticas sociales y de la recomposición del gasto público.

Si se mantiene la independencia del Banco de la República, en 2009 completaremos una década con inflación de un dígito. Además de la importancia social de este resultado, una baja inflación permitirá estimular el ahorro y el crédito a largo plazo. Si, además, las negociaciones comerciales permiten ampliar el mercado para las exportaciones colombianas, es muy probable que la inversión y la productividad sean nuevamente fuentes de crecimiento.

No todo será lineal y continuo. No hay que olvidar que los últimos diez años han sido los de mayor volatilidad de la economía colombiana desde cuando tenemos buenos datos. Recuperar la estabilidad económica no es una tarea fácil. De una parte, el mayor grado de apertura nos expone a choques externos más fuertes, como los cambios súbitos en la dirección de los flujos de capital y el impacto de una recesión en Venezuela, para mencionar solo dos. De otra parte, la capacidad de respuesta de la política fiscal para amortiguar estos choques con rapidez y efectividad es limitada. El hecho de que para hacer política fiscal se requiera una reforma constitucional ilustra este punto.

Pese a esta dificultad, la próxima década será mejor que la pasada. Las autoridades económicas evitarán riesgos, de manera que la política macroeconómica no será una fuente de sorpresas. Dados los nubarrones, como el problema pensional, nadie se atreverá a desactivar el piloto automático de las rígidas metas fiscales y monetarias. La recesión reciente está demasiado fresca como para que un gobierno quiera experimentar con una política de tolerancia hacia los desequilibrios fiscal y externo.

La próxima década será un período más fértil y de mayor creatividad en áreas como las reformas a la regulación, el desarrollo del mercado de capitales y el diseño de programas sociales, entre otros campos. Es decir, será el tiempo de la micro.

Finalmente, la capacidad para disminuir la intensidad del conflicto y la habilidad en las negociaciones comerciales serán las dos áreas de política pública clave durante la próxima década, en las que el país se juega su futuro. Mientras más abierta y participativa sea su discusión, más acertaremos.
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