Opinión

  • | 2008/11/07 00:00

    La disculpa perfecta

    La crisis económica le da argumentos a varios países europeos para proponer que se aplacen medidas tendientes a contrarrestar el cambio climático.

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La reciente crisis económica, que todavía no sabemos a dónde nos va a llevar, ya muestra una serie de lecciones. En Europa, por ejemplo, ha servido para que los países que comparten el euro refuercen su proyecto europeo. Algo que parecía lejano tan solo unas semanas antes, luego de las votaciones adversas en varios países para la aprobación de una Constitución europea. También ha servido para resucitar cadáveres políticos, este es el caso del primer ministro Brown quien, sin pertenecer al mismo sistema monetario, puso a consideración de sus colegas europeos de manera exitosa una estrategia económica para garantizar la liquidez del mercado y a su vez recapitalizar el sistema bancario.

Otra de las lecciones que nos ha dejado esta crisis es que cuando hay voluntad política es posible que los líderes mundiales superen cualquier tipo de barreras para encontrar soluciones a problemas globales que no dan espera, incluyendo impensables transformaciones a las libertades del capitalismo, como ha sucedido en Estados Unidos.

La crisis también ha mostrado la gran distancia que subsiste entre los países desarrollados, los países emergentes y aquellos en vías de desarrollo. Para la muestra un botón: la comunidad suramericana, o mejor, algo más cercano para nosotros como es la comunidad Andina, ni siquiera ha hecho el esfuerzo de reunir a los ministros de finanzas para tratar el tema. Solo hasta ahora, la cumbre Iberoamericana planeada desde el año pasado tratará esta situación. Es como si el impacto global del derrumbe de los mercados no nos fuera a afectar. Una cosa es el discurso de la globalización al que hacen alusión nuestros dirigentes y otra, las realidades. La verdad es que aún seguimos siendo muy provincianos con ínfulas de jugar en un mundo globalizado. En Colombia, en momentos de extrema dificultad política por el anunciado y macabro involucramiento de las fuerzas militares en la desaparición y asesinato de ciudadanos, tema que hasta ahora empieza a destaparse, el Congreso terminó aprobando el presupuesto del Gobierno para 2009, hecho para tiempos de bonanza. Un presupuesto que, bajo las nuevas circunstancias, es totalmente irreal y va a requerir de múltiples ajustes.

Volviendo a lo global y a la voluntad política de los dirigentes, el conflicto financiero ha demostrado que es posible aunar voluntades y destinar recursos para buscar soluciones en cuestión de semanas. No sucede lo mismo con problemas de largo plazo que pueden ser mucho más graves que la misma crisis económica. Una de las mayores amenazas globales, que compromete el futuro de la humanidad, es el cambio climático global. Así lo han alertado todos los estudios científicos y las evidencias mismas que muestran cómo, año tras año, los desequilibrios climáticos conducen a mayores catástrofes con fuertes impactos sobre poblaciones y economías de muchos países. Sin embargo, para atacar los efectos del cambio climático, no hay recursos y lo más grave y paradójico es que el día en que los dirigentes europeos se reunieron en Bruselas para conjurar la crisis económica, ese espacio estaba reservado para tratar las políticas de cambio climático de la Unión Europea (UE). Se esperaba que allí se ratificara como una de las principales políticas de la UE para contrarrestar el cambio climático global, la reducción en un 20% de las emisiones de dióxido de carbono, el establecimiento de un ahorro energético del 20% y el empleo de un 20% de energías alternativas para 2020.

Sin embargo, varios países han sugerido aplazar tales decisiones, bajo el argumento de que exigir en estos momentos a las empresas comunitarias unas metas que tendrán un costo estimado de 180.000 millones de euros no es apropiado. Una de las posiciones más radicales, incluso bajo la amenaza del veto, ha sido la del empresario y primer ministro italiano Silvio Berlusconi. Encuentran estos dirigentes la disculpa perfecta, solo que olvidan que está en juego no solo la salud de la economía sino también la del planeta. Un argumento que de seguro emplearán también los empresarios americanos y los dirigentes chinos, países que son responsables del 50% de los gases que se emiten a la atmósfera y que ocasionan el cambio climático global, para lavarse nuevamente las manos.

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