Opinión

  • | 2005/02/04 00:00

    La dimensión de la 'revolución Uribe'

    El culto de la personalidad hace que a los gobernantes se les dé una dimensión y se les atribuya una responsabilidad mayor de la que corresponde a la realidad.

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Es bueno tener claro que la inercia del funcionamiento de cualquier país hace que se atiendan todos sus problemas y que se vean resultados en forma creciente. Es decir, que la rutina de responder por todos los frentes es obligación del gobernante, como es natural que en cada gobierno haya más educación, más programas de salud, más soluciones de vivienda, etc. sin que sea gracias a la persona que dirige el país.

Igualmente, hay un tope de hasta dónde su actuación puede ser determinante para producir cambios; por tanto, achacar la culpa de todos los males al mandatario en ejercicio o esperar que con su intervención cambie el país y se dé solución a problemas casi atávicos es iluso: nadie puede 'crear un país nuevo'.

Si el interés es evaluar en qué medida un líder define el destino de una Nación, es necesario partir de esas premisas y medir en qué aspectos su intervención mejora o empeora la rutina misma y qué cambios realmente son consecuencia de su dirección.



Estudiemos el caso del doctor Uribe

Ante todo, hay una imagen de que hace más, manda más, gobierna más, que tiene dos elementos, uno real y otro virtual o de imagen. El real, porque en efecto no hay comparación con la frivolidad y lo 'light' de su inmediato antecesor, y con la necesidad que tuvo el anterior, el doctor Samper, de defenderse de los cuestionamientos del proceso 8.000 atendiendo más a sus problemas que a la dirección del país. El segundo, porque como estrategia mediática nadie se había dedicado tanto a hacer presencia permanente en todos los medios, ya sea mediante el uso oficial de ellos como en los 'consejos comunales', o mediante el vínculo y el seguimiento permanente al cubrimiento de los que pertenecen a los particulares.

Deben de todas maneras además diferenciarse los resultados ya logrados y lo que puede ser la proyección previsible a futuro (los resultados de 2 años no consolidan lo que el mismo Uribe considera que apenas en 8 lograría, solo muestran una orientación).

A lo que más se ha dedicado -y donde más resultados se reivindican- es al campo de la 'seguridad democrática'. Al respecto, queda la inquietud sobre lo restringido de esa seguridad (parece existir para viajar por carreteras, pero ¿dónde están la seguridad jurídica, la social, la política, etc.?); y, sobre todo, en qué consiste lo democrática. Destacable es la reducción de homicidios, secuestros, tomas guerrilleras, etc., pero infortunadamente proporcional a los desplazados que ha generado y a la disminución de los presupuestos de atención social.

Esto proyecta una visión en la cual las respuestas de fuerza o de 'mano dura' prevalecerán sobre aquellas consensuadas en procesos políticos con la oposición, tanto la legal como la subversiva: la preferencia por el principio de autoridad por encima del de legalidad. Obvio, esto tiene tanto simpatizantes como opositores.

El segundo campo de más impacto es el de la 'paz' (aunque es probable que al hablar de 'poder pescar de noche', el doctor Echandía no pensaba en tanquetas acompañándolo). Lo positivo: el desarme y la desmovilización de varios grupos paramilitares con la reducción de los indicadores de violencia que ellos producían; pero contra esto tenemos el costo institucional de desatender la necesidad del marco legal para ello, y como toda decisión arbitraria, la diferencia de trato para otras organizaciones delincuenciales.

Las leyes que deben expedirse en este período marcarán hasta dónde se impone la visión 'halcón' que sigue el planteamiento de que esas fuerzas actuaban a nombre de los intereses de la Nación y de la ciudadanía y ameritan bastante grado de impunidad; o si, por el contrario, prevalecen la defensa y el respeto por las pautas jurídicas y humanitarias internacionales que exigen los requisitos de verdad, justicia y reparación.

El otro campo importante, concurrente con los anteriores, es la política internacional. Se ha caracterizado por el abandono del multilateralismo y de las relaciones equilibradas con diferentes polos, para 'pegarnos' sin restricción ninguna a las políticas de confrontación o distanciamiento de la comunidad mundial liderada por Bush. Los beneficios han sido el respaldo a los planes Colombia y Patriota (dudosos tanto en cuanto a en qué medida responden a un interés nacional como en cuanto a su efectividad) y el costo, respaldar las barbaridades que la han acompañado (guerras preventivas, torturas, mentiras, genocidio, etc.) y la filosofía política detrás de ella, o sea la calidad de Estados Unidos de poder supremo y policía del mundo, y el consecuente derecho a imponer sus valores e intereses a cualquier costo.

También esto complace a algunos y molesta a otros, y como proyección supone una dependencia no solo de que Estados Unidos conserve su condición de 'dueño o matón del mundo', sino de que internamente esa línea de ultraderecha siga controlando allá el poder.

En el campo económico, un crecimiento menor al 3,8% es en efecto el más alto de los últimos 10 años, pero su incremento es el segundo menor de toda América Latina, lo cual implicaría una buena situación externa con mal manejo interno. Como proyección no se espera superar el 5% en ningún momento del decenio, a pesar de estimarse que este es el mínimo a partir del cual se podría comenzar a erradicar la pobreza y cerrar la brecha de la desigualdad.

La estadística dice que bajó el índice de desempleo, pero también dice que fue a causa de la disminución de las personas que acuden al mercado laboral (el gobierno supone que porque ya no necesitan ese ingreso). La principal solución de empleo ha sido el exilio con algo como un millón de nuevos exiliados durante este mandato (superando ya a la violencia, a pesar de que en las solas fuerzas oficiales se han creado 130.000 nuevos puestos por vía de los soldados profesionales).

Bueno que los altos precios del petróleo hayan equilibrado nuestra balanza comercial y la cuenta corriente, pero malo que esto haya ocultado lo sucedido en otros renglones de la economía. La perspectiva al respecto es que a la aparición de lo que ello representa se sumen los altos precios del petróleo que a partir de este año operarán en contra nuestra.

Los ingresos del Estado casi se han duplicado pero con 4 aumentos en la tributación. Nada de ese aumento se ha destinado a incrementar la inversión social o aunque sea la infraestructura, sino toda a la guerra, incluso con disminución porcentual de la atención a aquellas. Lo proyectado es mantener o reforzar esa tendencia hasta que 'se gane la guerra' (¿???).

En resumen: no hay duda de que el doctor Uribe ha marcado su impronta en el país. Lo realizado hasta ahora tiene algo de largo pero también bastante de ancho, con opiniones contrapuestas según si uno defiende más el 'pragmatismo' o la institucionalidad. No es tan claro que su proyección presente buenas perspectivas, pero sí que nos movemos hacia una autocracia en la cual dependamos menos de las reglas y de las instituciones y más de las personas (claro con nombre propio).
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