Opinión

  • | 2010/07/09 00:00

    La diferencia entre ser clase media y sentirse clase media

    Quienes se identifican con las clases medias están menos aferrados al bienestar material que quienes objetivamente son clases medias.

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Ser clase media no es lo mismo que sentirse clase media. En América Latina apenas un 40% de quienes se consideran clase media son, bajo una medida objetiva, clase media. Los demás pueden ser, casi con igual probabilidad, pobres o ricos que se identifican con las clases medias.

Si se le pregunta a los latinoamericanos en qué peldaño creen que están ubicados en una escalera de 10 escalones, donde 1 son "los más pobres de su país", y 10 son "los más ricos de su país", 37% se sitúa en los escalones intermedios 4 y 5; mientras que 42% se autoclasifica en los escalones más bajos y solo 20% en los más altos.

Otra cosa muy distinta es si, en vez de preguntarle a la gente, se define "objetivamente" como clase media a quienes ganan hasta 50% más o hasta 50% menos que el individuo que está justo en la mitad de la escala de ingresos de su propio país. En este caso, 42% de los latinoamericanos son clase media; el resto queda dividido por partes iguales entre ricos y pobres.

Quienes tienden a identificarse como clases medias -sin serlo objetivamente— son tanto hombres como mujeres relativamente jóvenes, que tienen cuando menos educación secundaria completa, con familias más pequeñas que los pobres, pero más grandes que los ricos, que han logrado conseguir unos cuantos activos durables del hogar -aunque no tantos como los ricos-, y que trabajan en una empresa bajo el mando de un supervisor.

Los sociólogos del mundo desarrollado siempre han insistido en que el sentido de pertenencia a la clase media es un factor de cohesión y progreso social. Supuestamente, las clases medias son más emprendedoras, más ahorradoras, más solidarias y más democráticas. Países con clases medias más grandes y prósperas tienen mejores posibilidades de progresar económicamente y desarrollarse.

Es difícil saber si todas estas virtudes son realmente propias de las clases medias, a menos que pueda demostrarse que las clases medias están motivadas por factores distintos que las otras clases. Las encuestas de calidad de vida de Gallup ayudan a saberlo porque le preguntan a la gente qué tan satisfecha se siente con su vida y cuáles son sus condiciones económicas y personales y sus preocupaciones.

Los latinoamericanos que se definen como clase media son gente diferente en sus motivaciones. Tener uno o más hijos los hace más felices que a quienes se consideran pobres, para quienes la familia es una carga. Los que se creen clase media derivan mucha satisfacción de estar "bancarizados"; es decir, tener una chequera y una tarjeta de crédito en el bolsillo. Paradójicamente, sin embargo, cifran menos su felicidad en la posesión de activos y no dejan que las preocupaciones económicas les amarguen demasiado la vida (como les pasa a los pobres por necesidad y a los ricos por ambición).

Lo más importante es que quienes se consideran clases medias no piensan igual que quienes son objetivamente clases medias. Los primeros disfrutan de la modernidad que representa, no solo estar bancarizado, sino también estar conectado con los demás a través del celular e internet. La satisfacción con la vida del que se autodefine como clase media es menos susceptible al nivel de ingreso y a las incertidumbres económicas que la del que es objetivamente clase media. Incluso su felicidad depende menos de la seguridad de tener un matrimonio estable.

Todo esto indica que quien dice que es clase media es más seguro de sí mismo y de su situación económica y es menos esclavo del ingreso y de las posesiones que las clases medias objetivas.

El ideal para una sociedad no es que haya mucha gente de ingresos medios, sino mucha gente que realmente se identifique con los valores post-modernos y no materialistas de las clases medias. No es lo mismo ser clase media que sentirse clase media. Los educadores, los líderes de opinión, los pensadores y los artistas pueden ayudar más a formar las clases medias que los economistas o que los gobiernos obsesionados con el bienestar material o con el crecimiento económico.



Nota: el autor está vinculado al BID pero se expresa a título personal.

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