Opinión

  • | 2003/08/08 00:00

    La diáspora

    La magnitud de la emigración colombiana supera los patrones internacionales. Es hora de empezar a discutir sus implicaciones.

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Desde 1996, 1,6 millones de personas han emigrado, y actualmente están viviendo en el exterior 5,2 millones de colombianos. Estas cifras, publicadas por Dinero hace unas semanas (número 184), implican que la tasa de emigración de Colombia es comparable a la de El Salvador, y casi el doble de la de México, que debido a su cercanía con Estados Unidos ha sido tradicionalmente un fuerte exportador de mano de obra.

Es notable que Colombia sea actualmente uno de los países de alta emigración de la región, ya que América Latina es a su vez la región del mundo con la más alta tasa de emigración. A pesar de sus magnitudes, la emigración ha sido objeto de poco análisis en el país. Por las experiencias individuales y los casos que a menudo reporta la prensa, es claro que la inseguridad y la crisis económica son sus causas más inmediatas. Pero no sabemos si el caso colombiano se asemeja al de otros países, no tenemos idea sobre cuánto va a durar esta diáspora y mucho menos si será buena o mala para el país en el largo plazo.

Jeffrey Williamson es una de las autoridades mundiales en el tema y sus estudios recientes ofrecen luces sobre algunas de estas preguntas. Con base en la experiencia de 81 países durante varias décadas, Williamson y sus colaboradores han identificado la importancia que usualmente tienen diversos factores en la emigración1. Las crisis económicas, la inseguridad política y la violencia son, efectivamente, factores muy poderosos, que podrían explicar un aumento de 30 a 50% en la emigración en el caso colombiano. Pero el aumento en la emigración ha sido mucho más que eso, pues posiblemente se ha multiplicado por 10 desde comienzos de los 90.

Otros factores que facilitan la emigración son la cercanía a Estados Unidos y la desigualdad del ingreso (pero no la pobreza, que tiende a dificultar la emigración). Un factor que puede ser muy poderoso con el paso del tiempo es la presencia de emigrantes de la misma nacionalidad en el país de destino, quienes les enseñan el camino y les facilitan la inserción a otros inmigrantes. Aun considerando todos estos factores, la magnitud de la diáspora colombiana parece superar los patrones internacionales. Lo que es peor, posiblemente tenderá a ganar fuerza con el tiempo, a menos, por supuesto, que el país presencie rápidamente una bonanza económica.

Uno de los efectos más notorios y positivos de la emigración es el flujo de remesas, que opera como un sistema de seguridad social para los que se quedan. Las remesas colombianas ya están acercándose al 3% del PIB, más que en el caso de México (aunque mucho menos que en El Salvador o República Dominicana, donde son del orden del 10% del PIB). En el corto plazo, la emigración reduce la oferta de mano de obra más calificada, ya que quienes migran no son usualmente los pobres. El número de inmigrantes mexicanos, salvadoreños o dominicanos en Estados Unidos que tienen educación universitaria representa alrededor de una tercera parte de los nacionales con esos niveles de educación. Colombia posiblemente está sufriendo un fenómeno similar.

En el más largo plazo, sin embargo, todo parece indicar que la emigración resulta beneficiosa para los países. Cuando las condiciones económicas y políticas vuelven a ser atractivas, puede movilizarse rápidamente un acervo ampliado de profesionales que ayuda a ampliar los vínculos comerciales con el resto del mundo y promueve la transferencia de tecnología y las mejoras de productividad. Irlanda e India están gozando ahora de estos beneficios.



1. Clark, Hatton y Williamson. "What Explains Cross-Border Migration in Latin America?". Universidad de Harvard, junio, 2003.
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