Opinión

  • | 2005/09/30 00:00

    La crisis de la mediana edad

    La respuesta a las inquietudes de la vida requiere una mirada hacia adentro y un trabajo interior que permita integrar las diferentes dimensiones y momentos vitales.

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Admiré mucho a mi abuelo paterno por su inteligencia y originalidad y por ser una persona interesante e íntegra. Tuve oportunidad de pasar vacaciones con él y de conversar sobre muchas cosas. Recuerdo que cuando alguno de nosotros le preguntaba, a lo largo de los años, cuál era la mejor etapa de la vida, sin dudar, respondía: "Esta, la que estoy viviendo ahora". De pequeña no podía entender cómo nos respondía siempre lo mismo, si cada vez estábamos en otra etapa. Y con el tiempo comprendí la sabiduría de su concepción de la vida porque su actuar reflejaba su pensamiento.

Por esto me ha llamado la atención 'la crisis de la mediana edad'. A partir de las experiencias de mis pacientes y amistades, la veía como una disculpa para hacer cambios o enfrentar las angustias de los cambios obvios en la vida: un cambio de empleo, la aparición de nuevos intereses, la duda de nuevas experiencias. Pensaba que en la medida en que uno tuviera una actitud abierta ante el cambio y se anticipara a los cambios, podía mantener la autonomía y el control que hasta cierto punto evitan la crisis o permiten encararla haciendo uso de los recursos internos. En resumen, me parecía que 'la crisis de la mitad de la vida' o el demonio de medio día era una muestra de la incapacidad para enfrentar el cambio. Y como varias veces la crisis terminaba en separación tenía nombre y apellido, mi actitud al respecto era negativa pues me parecía que era la disculpa perfecta para hacer cambio de pareja sin confrontar las raíces de la crisis.

Al hablar de esto con una amiga, me prestó La mitad de la vida como tarea espiritual1, interesante libro de Anselm Grün, en el cual retoma al monje Johannes Tauler del siglo XIV y los planteamientos de Carl Gustav Jung sobre esta etapa de la vida. Según el monje en esa época, los hombres dedicados a la vida religiosa caían en una crisis espiritual entre los 40 y 50 años, crisis que ve como una maravillosa oportunidad de poner en orden la vida, si se evitan las reacciones de "huída e inhibición" y se aprovecha para conocerse a sí mismo. Hasta entonces, según el autor, los hombres han estado en búsqueda de satisfacción y afirmación y la crisis les plantea la necesidad de una nueva búsqueda. Pero muchos se aferran a lo que tienen o siguen buscando afuera lo que ahora, según él, hay que buscar adentro.

Para Jung, en la primera mitad de la vida, el hombre fortalece su yo y busca autoafirmarse. En la segunda mitad sale todo lo que ha reprimido y si lo enfrenta con "los medios y principios de la primera mitad", no supera adecuadamente la crisis. El reto es "reconocer la curva vital" y ajustarse a la realidad interior en lugar de la exterior: "Lo que la juventud encontró y debía encontrar fuera, el hombre de la tarde debe encontrarlo en el interior". Jung plantea además diferencias entre el hombre y la mujer. Señala que las mujeres adquieren en esta etapa características masculinas y los hombres a su vez características femeninas. Así, algunas mujeres desarrollan intereses de organizar y dirigir y algunos hombres quieren recogerse y tomarlo con más calma.

Al mirar así la crisis, cobra para mí un nuevo valor y lo que estos autores plantean sobre su resolución reafirma algo que creo desde hace bastante tiempo: la respuesta a las inquietudes de la vida, al sentido de la vida, no está afuera, en otra pareja, en otro país, en un cambio externo. Ese cuestionamiento a lo que se viene haciendo, a lo que se ha alcanzado hasta entonces, requiere una mirada hacia adentro y un trabajo interior que permita integrar las diferentes dimensiones y momentos de la vida.

Así, la crisis de la mediana edad puede ser la puerta al autoconocimiento y al desarrollo de una vida interior que atienda y responda muchas inquietudes no resueltas para poder vivir la segunda mitad con un mayor bienestar, se hagan cambios externos o no.



conniedesantamaria68@hotmail.com



1. La crisis de los 40-50 años (1988) Madrid: Narcea, S.A. de Ediciones, Federico Rubio y Galí.
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