Opinión

  • | 2008/10/10 00:00

    La crisis financiera: ¿Hacia un mundo diferente?

    De esta crisis saldrán fortalecidos los grandes bancos comerciales y los reguladores financieros, y el centro de gravedad de la economía mundial continuará desplazándose en favor del Asia.

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Ahora si se 'desenchipó' la crisis financiera en los Estados Unidos. Se quebraron dos de los bancos de inversión más grandes, Bearn Sterns y Lehman Brothers, mientras que Merrill Lynch fue adquirido por Bank of America con apoyos del Gobierno. Las autoridades tuvieron que acudir al rescate de AIG, la más grande compañía de seguros, y también de los dos gigantes del mercado hipotecario, Freddie Mack y Fanny Mae. Incluso, algunos bancos comerciales muy importantes, como el Wachovia y el Mutual, y muchos pequeños, han pasado a mejor vida. En Europa, los gobiernos del Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo) tuvieron que rescatar sus dos bancos más grandes (Fortix y Dexia) y ya se han quebrado o intervenido algunos bancos ingleses, irlandeses y alemanes. Es una debacle financiera sin precedentes desde la Gran Depresión de 1929. Recuerda, guardadas las proporciones, las que hicieron historia en América Latina en 1982, cuando la mayoría de los países de la región (incluyendo Chile, Colombia y México) tuvieron que nacionalizar buena parte de sus bancos.

La crisis tendrá grandes consecuencias sobre la economía mundial. La estructura del sistema financiero cambiará considerablemente. La época de los grandes bancos de inversión independientes, que ofrecían productos financieros estructurados, cada vez más complejos y difíciles de entender, tomando todo tipo de riesgos sin suficiente respaldo, sujetos a una regulación muy laxa, probablemente no volverá. Las funciones de Banca de Inversión serán retomadas en forma casi exclusiva por bancos comerciales, mejor capitalizados y regulados y que cuentan con una base amplia y estable de depósitos del público.

En paralelo con esta evolución del mercado, forzada por las circunstancias, la regulación sobre todo tipo de instituciones financieras se reforzará de manera significativa. Esta crisis es hija directa de una visión estrecha de las tareas de los reguladores, según la cual, sus obligaciones se deberían limitar a vigilar la cartera y las inversiones de los bancos y de otros intermediarios financieros que toman directamente depósitos del público. Con este argumento, y bajo la creencia ingenua de que los riesgos en el mercado no regulado estaban muy dispersos y bien repartidos, las autoridades norteamericanas rechazaron durante años los llamados a vigilar y/o regular mejor a los hedge funds, a los bancos de inversión y a otras entidades financieras. En particular, Alan Greenspan fue un gran defensor de dicha posición y, en consecuencia, el prestigio con que salió de la presidencia del FED se ha erosionado, hasta el punto de que muchos lo ven hoy como el gran responsable de la crisis.

Esta visión, apoyada por muchas voces que propendían por una mayor 'autorregulación' de los mercados financieros, se basaba en dos graves errores. De una parte, desconocía la importancia de las significativas 'fallas del mercado' que caracterizan todo mercado financiero y que históricamente han conducido a una tras otra crisis financiera en mercados no regulados o mal regulados. Los historiadores de las crisis, como Charles Kindleberger, siempre llamaron la atención sobre estas fallas y Joseph Stiglitz debe su premio Nobel a su trabajo teórico pionero sobre el tema.

Asimismo, esa visión desconocía las profundas interrelaciones entre los distintos actores del mercado financiero que se han revelado en toda su magnitud con la crisis. La crisis originada en el mercado hipotecario, que venía gestándose desde hacía años a la vista de todo el mundo, se trasladó con rapidez, tanto al mercado de capitales (a través del default en instrumentos de titularización de hipotecas), como al mercado de seguros y al mercado monetario, afectando por estas vías muchos bancos comerciales.

Algunas voces aisladas desde la academia, como las del propio Stiglitz y la de Ricardo Caballero de MIT, y desde el sector privado, como la de George Soros, insistieron sin éxito una y otra vez en estos argumentos y sus llamados de atención fueron desoídos. Me recuerda cómo en Colombia, cuando insistí en que era necesario trasladar la supervisión de las Cooperativas de Ahorro y Crédito de la Superintendencia de Cooperativas a la Bancaria, con argumentos parecidos, ambas entidades se opusieron y hubo que forzarlas a hacerlo a través de una Ley que presenté al Congreso en 1995 y que fue aprobada en 1996. El remedio llegó tarde, desafortunadamente, y en la crisis de 1998 se quebraron la mayoría de esas cooperativas y arrastraron consigo a los dos bancos cooperativos que existían por entonces y que tuvieron que ser intervenidos y fusionados para evitar una crisis bancaria generalizada.

Finalmente, la crisis va a acentuar un proceso que ya venía ocurriendo: el traslado creciente del centro dinámico de la economía mundial desde Estados Unidos y Europa al Asia. Este fenómeno, que lleva ya varias décadas en desarrollo progresivo, explica por qué Asia sigue creciendo relativamente bien, a pesar de la fuerte desaceleración en las economías de Estados Unidos y Europa. De paso, gracias a ello, los precios de los productos básicos continúan siendo relativamente altos a pesar de que la demanda de importaciones de Estados Unidos y Europa ha caído vertiginosamente. Esta es la razón principal por la cual América Latina ha resultado mucho menos afectada por la crisis actual, al menos hasta ahora, de lo que ocurrió con ocasión de otras desaceleraciones de la economía estadounidense y de crisis financieras internacionales mucho menos graves.

La agudización de la actual crisis financiera llevará, ahora sí, a la economía norteamericana a la recesión y agravará la que ya comienza a padecer Europa, como lo ha pronosticado el Fondo Monetario. Mientras que el sistema financiero asiático no sufra un contagio grave (y no parece haber razones para que así ocurra), Asia seguirá creciendo, así sea a una tasa más moderada, y el centro de gravedad de la economía mundial continuará desplazándose hacia el Pacífico. Lástima que Colombia, el Tibet de Suramérica, al decir del ex presidente López, apenas se esté percatando de este hecho sin par.
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