Opinión

  • | 2008/09/26 00:00

    La crisis financiera en los Estados Unidos, ¿Una crisis ética?

    El capitalismo salvaje se manifestó como el escenario donde no hay reglas, donde no hay transparencia, donde cualquiera actúa con su propia ley.

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Si somos medianamente inteligentes, lo cual no es tan seguro desde el punto de vista económico, tenemos que desarrollar desde ya un ojo crítico y constructivo que pretenda extraer enseñanzas de todo lo que está pasando en el mercado financiero de los Estados Unidos y, de pronto, de todo el planeta.

Como mi especialidad no es la economía, me he concentrado en preguntarme ¿qué es lo que no ha funcionado en la sociedad para que algunas de las empresas más grandes del mundo simplemente se acaben en semanas? ¿Será acaso que las reglas de la economía de mercado están diseñadas para que en unos pocos días un gigante como Lehman Brothers, para mencionar solo uno de los casos, pueda desaparecer dejando decenas de miles de personas sin trabajo, millones de accionistas sin sus ahorros de años y un sinnúmero de ahorradores y compañías con el riesgo de perder una buena parte de sus recursos?

Tiene que haber algunas o muchas cosas que no están funcionando bien para que esto pueda pasar.

¿Dónde va a parar entonces la confianza en el sistema, dónde va a quedar la solidez de la que tanto nos hablan? ¿Por qué uno de esos bancos pudo haber tenido hasta hace muy poco una calificación de riesgo mejor que la República de Colombia o Chile?

En las economías en las cuales además el mercado de valores juega un papel tan importante, las preguntas se multiplican. ¿Qué pasó con lo códigos de ética? ¿Qué pasó con el famoso compromiso de transparencia que les permite a los agentes saber cuál es su riesgo? ¿Qué pasó con las agencias calificadoras? ¿Dónde estaban las autoridades? ¿O es que se trató simplemente de una situación extraordinaria, factible dentro de las reglas de juego de los mercados?.

Sean cuales sean las respuestas a estos interrogantes no puedo dejar de sentir que este no puede ser un resultado aceptable para el sistema y, o bien el sistema es una vergüenza, o bien las personas e instituciones que actuaron en él lo hicieron por fuera de las reglas pactadas, en cuyo caso estamos frente a una crisis ética, peor que la económica.

¿La crisis del subprime hubiera podido evitarse? ¿Qué tan éticamente fue tratada?

Algunas voces, no muchas, ya han levantado las banderas de alerta y sostienen que se trata de una crisis con un origen primordialmente ético.

Cuestionan la forma tan absurdamente irresponsable con que se manejaba el sector financiero hipotecario.

¿Cómo fue posible que el sistema financiero más sofisticado del mundo se olvidara de todos los principios básicos del análisis de riesgo? ¿Cómo fue posible toda esta feria de préstamos e hipotecas, sin importar a quién y si podía repagarlo? ¿Todo esto con el dinero del público?

Cualquier persona que se acercara al mercado inmobiliario norteamericano sabía que le podían prestar a cualquier persona o a un fantasma el 90% o 100% del valor de un bien raíz que todo el mundo consideraba que estaba sobrevalorado. No se requería ser Alan Greenspan para sentirlo, era vox populi. Hay quienes afirman además que se trataba de un pacto con el sector constructor que en últimas estaba siendo el gran beneficiado de toda esta burbuja.

Cabe entonces la pregunta, ¿este tipo de actitudes claramente irresponsables, de todo el sistema, no son los peores ejemplos que podamos citar de responsabilidad social?

Se siente uno, no solo frente a grandes errores desde el punto de vista de negocios, que finalmente son parte del riesgo, sino frente a administradores que, parece ser, ocultaron mucha información al público, a los accionistas, a las entidades que los financiaron y a las entidades de control.

¿Dónde estaban los Greenspans, la FED, la Securities Exchange Comission para defender los intereses del público?

La verdad, la desazón es grande, todos los que creíamos que el mercado de valores norteamericano era el ejemplo a seguir debemos repensar el tema.

Los agentes que rigen y promueven el mercado de valores en Colombia deberían ver esta experiencia con lupa y ojo crítico y aprender todo lo que no queremos repetir. No hay mayor responsabilidad que la que se tiene con el público y esta se basa en la confianza de que lo que pasó allá, no va a pasar acá.

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