Opinión

  • | 2005/04/29 00:00

    La crisis ecuatoriana

    Con los actuales precios del petróleo una crisis económica es casi impensable. Si alguna vez los precios se desploman, ni un manejo económico de excelencia podría evitarla.

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No creo que muchas personas vayan a echar de menos al ya defenestrado coronel Lucio Gutiérrez, ex presidente de Ecuador. No sé si robó tanto como dice la gente pero, por la forma como se volteó en el cargo, haciendo exactamente lo contrario de lo que como candidato había prometido a las masas indígenas, siempre lo consideré un bellaco. Sin embargo, no hay duda de que Estados Unidos y los acreedores internacionales de Ecuador sentirán mucho su partida, por aquello de que "He may be a son-of-a-bitch, but he is our son-of-a- bitch".

Hay alguna aprensión sobre las consecuencias económicas del cambio de gobierno de nuestro vecino. El nuevo equipo económico, encabezado por Rafael Correa, ha sido crítico de políticas como la dolarización, el TLC, los acuerdos con el FMI y la prioridad absoluta otorgada al servicio de la deuda externa mediante la generación de un enorme superávit fiscal primario.

Esas inquietudes no carecen completamente de fundamento, pero me gustaría hacer algunas precisiones sobre lo que es probable que pase y la manera limitada como ello podría afectar a Colombia y a los ecuatorianos.

Para comenzar, con independencia de lo que el nuevo gobierno piense de la dolarización, descarto que intente desmontarla en los escasos dos años de su horizonte constitucional. Todo el mundo sabe que programar una salida ordenada de la dolarización es como pretender demoler una represa llena hasta sus bordes: quienes lo intentaran serían barridos por el torrente. Por lo demás, mientras el precio del petróleo esté donde está no hay ninguna razón para esa locura.

No creo que la dolarización sea eterna. Si alguna vez los precios del petróleo se desploman, como podría ocurrir en una recesión mundial, la dolarización terminará como terminó la convertibilidad argentina: en medio de una recesión brutal y un movimiento desesperado de las autoridades para emitir papeles que le permitan financiar gasto y atenuar la crisis. Pero en ese escenario la capacidad de maniobra de cualquier gobierno sería casi nula, con independencia de su ideología o de su competencia técnica.

Respecto al TLC, considero probable que las negociaciones de Ecuador con Estados Unidos se suspendan o fracasen, pues coincido con el nuevo equipo económico en que ese país, cuyas exportaciones a Estados Unidos están representadas en más de 90% por petróleo, banano, flores, café y productos del mar, cuyos aranceles ya son nulos, tiene muy poco qué ganar y mucho más qué perder en una aventura de ese tipo. Pero no creo que esa suspensión o fracaso afecte negativamente a Colombia. Por el contrario, creo que una posición más dura de parte de Ecuador, y su probable retiro de las negociaciones, mejorará en el margen la posición negociadora colombiana.

El asunto crítico para los acreedores de Ecuador tiene qué ver con el Fondo de Inversión Social y Productiva y Reducción del Endeudamiento Público, FEIREP, un mecanismo impuesto por el FMI a Ecuador cuya función es canalizar la mayor parte de los excedentes fiscales petroleros al pago de la deuda externa de ese país. Si alguien pregunta por qué la población ecuatoriana está soliviantada en medio de una "bonanza petrolera" el FEIREP le dará parte de la respuesta: la bonanza ha sido para los acreedores, pues la norma legal vigente obliga a que el 70% de los ingresos del FEIREP se destine a ese objetivo.

Puesto que para el nuevo gobierno ecuatoriano sería suicida proponer aumentos de los impuestos o reducciones en el gasto, y por el contrario debe gastar más para consolidarse, buscará aumentar el porcentaje del FEIREP con destino a la "inversión social". La consecuencia de ello será una pérdida de valor de los bonos ecuatorianos al disminuir la fuente de pago segura pero, también, un aumento en las importaciones de Ecuador, incluyendo las provenientes de Colombia.

El FMI, que ha sido poco más que un instrumento de los acreedores de Ecuador para garantizar las fuentes de pago de la deuda externa, hará todo lo posible para que el nuevo gobierno desista de usar más ingresos fiscales para la inversión político social. Pero hay límites a las presiones que el FMI puede ejercer sin inducir una crisis que barrería con cosas aún más importantes que el FEIREP, incluyendo el "modelo ecuatoriano" de la dolarización.
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