La creatividad anula el escepticismo

| 10/26/2001 12:00:00 AM

La creatividad anula el escepticismo

Es imperativo parar la guerra ya, y renegociar la deuda externa para obtener los recursos que nos permitan tener un desarrollo científico.

por Luis Eduardo Garzón

Es conocido por muchos el dicho aquel de "un colombiano nunca se vara". Dicen en el mundo que somos una mano de obra apetecida. Hay compatriotas nuestros en la NASA y en los más importantes tanques de pensamiento del mundo. Lo anterior, para decir que los colombianos somos un pueblo creativo, de inteligencia colectiva que asombra al mundo por la dramática circunstancia de convivir entre la guerra y la sabiduría, entre el miedo y la alegría. Los pueblos y comunidades indígenas han dado pruebas de su sapiencia y del aporte de sus tradiciones que han enriquecido el conocimiento, la protección del ambiente, la convivencia, la salud y la vida.



Soy un convencido de que el valor de esta inteligencia colectiva es el más poderoso capital para la construcción de una política de ciencia y tecnología que coloque al país en condiciones de igualdad y respeto internacional.



Sin embargo, en Colombia, la capacidad para generar conocimiento e innovación científica es débil, desarticulada, marginal y dependiente. Esto es causado por un bajo nivel de inversión; el número de investigadores en áreas de interés es limitado. El escaso número y tamaño de los centros de investigación no permite la consolidación de la ciencia y la tecnología. La inversión en esta área es solo de $160.000 millones, mientras que en 1995 era de $270.000 millones.



¡Es clarísimo! Mientras más avance la guerra en Colombia, más irrisoria será la inversión en ciencia y tecnología y mientras se sigan pagando $42 de cada $100 del presupuesto en servicio de la deuda externa, tampoco habrá recursos para la investigación. Es imperativo parar la guerra ya, y renegociar la deuda externa para obtener los recursos que nos permitan tener un desarrollo científico.



Siempre ha causado mucho daño la odiosa discriminación social de dos sistemas educativos paralelos: uno, privado para formar un tipo de capas privilegiadas, con un sistema de enseñanza regularmente de calidad, y otro, público, ofrecido para pobres, con enormes limitaciones económicas y sociales, en medio de una privatización y niveles deficientes de calidad. Lo básico en educación no puede ser entendido como lo mínimo. Hay que convertir a la escuela colombiana en una institución promotora de la ciencia y un permanente foro en la experimentación y formación. Es inadmisible una educación que genera mayores desigualdades sociales.



La importación de maquinaria y conocimientos en ciencia y tecnología implica una alta inversión de capital y teniendo en cuenta que nuestros recursos son limitados, nuestro atraso en ese campo será perpetuo. No podemos seguir manteniendo la dependencia científica y tecnológica del primer mundo que nos tiene absolutamente rezagados.



Pero en un país donde lo común es la desesperanza y creer que no hay futuro, invertir en creatividad anula el escepticismo.
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