La Constitución de 1991

| 8/3/2001 12:00:00 AM

La Constitución de 1991

Es guía y fuerza incidente, pero no la mayor culpable de que el país esté peor o mejor.

por Alvaro Uribe Vélez

Una Constitución es el documento solemne, con valor simbólico, en el cual se plasma el acuerdo básico de una sociedad políticamente organizada y que traza los principios fundamentales para su relación civilizada. Para los ingleses, aunque no esté escrita, o al menos no codificada, es ese "consenso sobre lo fundamental" que permite el disenso y la diversidad de formas de vida. Para la concepción liberal clásica, la Constitución agota su contenido en las reglas de acceso, ejercicio y control de los poderes fundamentales y en establecer sus límites. En el Estado Social va más allá e incorpora la idea de orden social justo, prefigura las relaciones sociales más relevantes y sirve como instrumento de educación ciudadana, algo así como un "catecismo laico de buen ciudadano". Así entiendo la Constitución de 1991. Es guía y fuerza incidente, pero no la mayor culpable de que el país esté peor o mejor.



Nuestra Carta fue fruto de un amplio consenso, a diferencia de anteriores que habían sido "Cartas de Batalla" del vencedor sobre el vencido o del partido hegemónico sobre la minoría. En su formulación participaron indígenas, laicos, evangélicos, sindicalistas, reinsertados, fuerzas políticas tradicionales, el M19 y el EPL.



En materia ideológica es avanzada porque no se limita a fijar el derecho del gobernado frente al soberano, tampoco se estanca en la proclamación del Estado Social, avanza de manera concreta en la búsqueda del bienestar de toda la sociedad. Es muy acertada en la concepción de seguridad social, que la funda en los principios de eficiencia, universalidad y solidaridad, cuyos servicios se prestarán bajo la dirección, coordinación, regulación y vigilancia del Estado, pero con la concurrencia operativa de entidades públicas y privadas.



En materia de servicios públicos, no confunde los fines sociales con la estatización absoluta.



La Carta introdujo la carrera administrativa como regla. Sobrevino el desarrollo legal, aún defectuoso, que necesita como correctivo combinar los concursos de ingreso para evitar la politiquería con la facilidad para el despido que impida que la excesiva estabilidad premie la ineficiencia.



Me preocupa el tema territorial. Las regiones administrativas no pueden ser adicionales a los departamentos, porque los costos burocráticos son impagables. Debemos buscar una reagrupación de departamentos en regiones, sin perder la identidad cultural, pero con menor número de gobernaciones y asambleas y mayor fortaleza de inversión social.



Me preocupan entidades costosas e innecesarias que nacieron de la Constitución. Nuestra Patria necesita menos Estado Burocrático, más participación comunitaria y más inversión social.



Cuidado con los cambios, porque en 10 años ya ha sido reformada en 10 ocasiones. Necesitamos trabajar más y rebajar la intensidad al debate constitucional. La manipulación constante de la Constitución la convierte en el librito que tanto avergonzó al Libertador.
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