Opinión

  • | 2006/09/29 00:00

    La comedia fiscal

    Impuestos engorrosos e improductivos, evasión rampante y gasto social poco progresivo. Hay toda una comedia política detrás de estos problemas.<br><br>

COMPARTIR

Aunque en América Latina se han dado grandes avances institucionales que han ayudado a corregir los desequilibrios fiscales, es un error medir el éxito de la política fiscal por el tamaño del déficit fiscal.

Hay muchas deficiencias en las estructuras tributarias y fiscales de la región. Los recaudos tributarios son bajos, los impuestos son engorrosos e improductivos, los impuestos directos tratan de ser muy progresivos pero la evasión es rampante, y el único impuesto que ha ganado importancia en las dos últimas décadas es el IVA. Aunque el Estado tiene pocos ingresos, buena parte se destina a pagar los compromisos de gasto en educación, salud y pensiones. Pero este gasto "social" llega muy poco a los más pobres, y tampoco queda casi dinero para invertir en infraestructura urbana o en carreteras. Y lo único cierto para el futuro es que habrá más impuestos, que nadie está dispuesto a pagar.

¿Cómo llegamos a esta situación? Para explicarlo puede ser útil resumir la historia de las estructuras fiscales de América Latina como la trama de una comedia inconclusa en cinco actos.

En el primer acto hay una sociedad muy desigual, pero democrática, en la que se elige mayoritariamente, aunque con muy baja participación electoral, al partido que ha propuesto que se cobren impuestos muy altos a los ricos para financiar mayores gastos sociales en beneficio de todos.

En el segundo acto, mientras los políticos están repartiendo cerveza a algunos campesinos que están en una esquina del escenario, varios corrillos de ricos están discutiendo cómo arreglárselas para no pagar los impuestos: unos deciden que van a sobornar a ciertos funcionarios de la administración de impuestos; otros van a hablar con los políticos para conseguir una exención porque están convencidos de que sus empresas son cruciales para la libertad de prensa, o para la generación de empleo, o para las exportaciones; un tercer grupo se va del escenario para nunca volver.

En el tercer acto, los empleados del sector público y los trabajadores de las empresas más grandes se dan cuenta de lo que está ocurriendo y organizan una manifestación para demandar solidaridad cívica a los ricos y el cumplimiento de las promesas electorales a los políticos. Asustados, estos últimos ofrecen establecer un sistema de seguridad social con contribuciones muy bajas a cambio de la promesa de unas pensiones muy generosas para todos los que quieran afiliarse. Los políticos explican a los manifestantes que mientras llega el día en que ellos se jubilen esos dineros podrán financiar también los programas de gasto general que se habían prometido. Los manifestantes no están del todo convencidos, pero se retiran del escenario, algunos entre risas, otros blandiendo garrotes en forma amenazante.

En el cuarto acto, hay trabajadores de todas las condiciones esparcidos por todo el escenario, y una cuadrilla de recaudadores de impuestos llega por el lado derecho exigiendo mayores contribuciones a todos los que están cerca. Unos pocos, en su mayoría vestidos de oficinistas, ceden cortésmente a las demandas, pero los demás van saliendo poco a poco por el lado izquierdo del escenario.

En el quinto y último acto, los que aceptaron pagar las contribuciones han envejecido y vienen acompañados por sus hijos, quienes están vestidos de oficinistas como ellos antes. De repente, empiezan a discutir con los recaudadores de impuestos y con los políticos, que están en el fondo del escenario (no se ven las caras), a quienes les exigen que les paguen las pensiones que les prometieron. Estos tratan de explicarles que la única forma de pagárselas sería exigiéndoles mayores impuestos a ellos mismos o a sus hijos, porque casi todos los demás han desaparecido del escenario sin pagar los impuestos.

La comedia está inconclusa, pero los que están en escena deciden que lo único que parece razonable es un pacto social para que los demás regresen al escenario. ¿Regresarán? ¿Lograrán ponerse de acuerdo? ¿Encontrarán la forma de llevar los acuerdos a la práctica?

Del final de esta comedia dependerá que la sociedad latinoamericana logre superar sus problemas de exclusión y su incapacidad para invertir y generar buenos empleos.

Nota: El autor está vinculado al BID pero sus opiniones no comprometen a esta institución.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?