La Colombia frugal

| 8/17/2001 12:00:00 AM

La Colombia frugal

Hay un logro de la política económica que no se ha destacado: logró inducir frugalidad privada. El hogar colombiano promedio consume cada vez menos.

por Javier Fernandez Rivas

Uno de los fenómenos más dramáticos de la economía colombiana, como lo calificarían los fastidiosos críticos de la política económica, o más "interesantes", como dirían los flemáticos directores del Banco de la República, es la forma como la política económica logró inducir frugalidad privada. En la última semana de julio el director de Planeación Nacional informó que, según sus proyecciones revisadas, el consumo de los hogares no crecerá este año 3,8% real, como pensaba seis meses antes, sino apenas tres quintas parte de eso, 2,3%. Puesto que en los primeros dos años del actual Gobierno el consumo privado cayó a pico, si se cumple la nueva proyección oficial el hogar promedio consumirá este año 1% menos que en 1993. Pero las últimas cifras del Dane sobre la industria manufacturera sugieren que el avance hacia la frugalidad puede ser mayor pues la producción de los bienes de consumo está disminuyendo a toda velocidad. En junio la producción industrial de alimentos cayó 7,9% anual. La de bebidas cayó 8,0%. La de productos químicos no industriales (principalmente productos farmacéuticos, jabones, detergentes, crema de dientes y otros artículos de tocador) cayó 7,0%.



No es frecuente que la producción de bienes de consumo se reduzca, y menos en un país cuya población crece casi 2% anual, entre otras cosas porque la "transición demográfica" hacia un crecimiento más lento echó reversa hace rato, al caer el nivel de vida. Para explicar esa contracción del consumo privado pueden plantearse cuatro hipótesis, dos de las cuales me parecen muy discutibles, y las otras voy a dejar al juicio del lector.



La primera hipótesis para explicar la menor producción de bienes de consumo es que su caída no tuvo que ver con dificultades para colocar la producción de las empresas sino por alguna perturbación de la oferta. Esa hipótesis debe rechazarse porque, si algo así hubiera sucedido, la escasez de oferta, frente a una demanda firme, habría inducido un disparo de los precios de los bienes de consumo, que no ocurrió. Este año los precios de esos bienes aumentaron menos de lo que solían, y en julio hasta se registró el fenómeno, nada frecuente, de caídas en los precios de algunos productos industriales de consumo masivo, como jabones y detergentes, debido a intensas promociones comerciales.



La segunda hipótesis para explicar la caída de la producción de bienes básicos de consumo no exportables es que las importaciones se tomaron el mercado local, desplazando la producción nacional. Las cifras disponibles también permiten rechazar esa hipótesis porque, excluyendo el período de la huelga de Bavaria, que solo se extendió hasta febrero, las importaciones de los principales bienes industriales de consumo no han crecido mucho este año. Aún más importante, el monto de esas importaciones en ramas como alimentos, bebidas y jabones es demasiado pequeño frente a la producción local para que un aumento de las compras al exterior pueda inducir una reducción drástica de la producción doméstica.



La tercera hipótesis es que el ingreso neto disponible de la mayoría de los hogares, esto es, lo que les queda después de pagar impuestos y financiar el ahorro forzoso de las pensiones, cuando existe ese tipo de ahorro, cayó aún más drásticamente de lo que sugieren las cifras oficiales de producción per cápita. Tan drástica habría sido la caída que, ante la necesidad de financiar los gastos absolutamente indispensables, como los efectuados en alimentos básicos, el transporte y las pensiones del colegio de los niños, la familia promedio tuvo que reducir el consumo de bienes que, hace un tiempo, no consideraba «suntuarios», como las gaseosas, los alimentos no procesados y los jabones y detergentes.



La anterior hipótesis no puede rechazarse porque se sabe que el "Producto Interno Bruto" per cápita, la medida del producto interno total por habitante, está hoy al mismo nivel de hace 6 años y que el efecto de esa reducción fue agravado por un gran aumento de los impuestos. Hace poco la Dian reportó, con orgullo, que en el primer semestre los recaudos tributarios del Gobierno nacional aumentaron 35% anual, más del triple de lo que aumentó el ingreso privado antes de impuestos. No importa quién sea legalmente responsable ante el fisco por esos impuestos, de una u otra manera toda la población acaba asumiendo la mayor carga tributaria.



Pero decir que la drástica caída del consumo de los hogares fue inducida por su empobrecimiento es antipático y luce antigobiernista. Por fortuna hay una hipótesis alternativa, que en lugar de criticar al gobierno reconoce una nueva e insospechada contribución de la política económica a la salud y el bienestar de los colombianos: el hogar promedio, estimulado por la disciplina macroeconómica, decidió modificar sus hábitos de consumo y adoptar una nueva forma de vida, más frugal y virtuosa. Eso debe ser.
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