Opinión

  • | 2003/10/17 00:00

    La clave es el crecimiento

    El caso ruso prueba la relatividad del infierno para los deudores soberanos morosos y subraya el valor que los prestamistas le dan al crecimiento económico.

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Que un país no sale de la olla si no crece a un ritmo decente es algo que no merece discusión, pues hoy se cuenta con décadas de evidencia mundial sobre la materia. Cuando el producto crece por debajo de la población la suerte de la mayoría empeora. Y ni hablar si el producto cae. Cuando una recesión hace que los magnates desciendan a simples ricos, y los ricos a personas acomodadas, los pobres pasan a comer lo que sabemos, a menos que no haya lo suficiente. Me huele, me huele mucho a Colombia.

Pero sobre la importancia del crecimiento hay una novedad que quiero destacar. Mediante decisiones recientes las "calificadoras internacionales de riesgo", a las que no puede importarles menos la suerte de los pobres, pues su negocio es advertirles a los inversionistas en qué países no deben meter su plata a menos que cobren un cojonal, han confirmado que, en su opinión, los bonos de los países que se muestren incapaces de crecer deben ser calificados como basura, así tengan un récord de cumplimiento impecable. Y que, en cambio, buen crecimiento más plata en el banco hacen a los malos deudores elegibles para rebajas de penas que no las soñarían ni "nuestros" paras con la ley de ternura.

Lo digo, sobre todo, por Rusia, cuyos bonos de deuda externa acaban de ser ascendidos por Moody's a "grado de inversión", solo cinco años después de que Rusia puso conejo sobre su deuda pública. Y qué conejo: la peluqueada que los tenedores de los bonos rusos tuvieron que soportar fue del orden de 60%, de manera que quedaron tusos y de un humor de perros. Cualquiera que en 1998 hubiera puesto en duda la eternidad del infierno para los malos deudores, y dicho que antes de una década la deuda rusa iba a ser promovida a grado de inversión, habría despertado crueles burlas en el mundo financiero.

Hoy Rusia tiene plata en el banco: amplias reservas internacionales y un superávit en la balanza corriente, cosa nada extraña en un país petrolero que atraviesa un auge de precios. Y que, para colmo, como resultado de la gran conejeada logró rebajar su deuda externa en dos quintas partes, de manera que también redujo sus pagos de intereses al resto del mundo. Pero Rusia también exhibe algo que descrestó a Moody's: su PIB está creciendo por encima del 6% anual y promete seguir así.

Ni a Moody's ni a ninguno de los analistas financieros internacionales, que según leo aún ven "potencial alcista" en los precios de los bonos rusos, les importa un bledo el "default" todavía fresco, ni que la inflación rusa ronde 14%, ni que la corrupción siga rampante en un gobierno calificado ampliamente como semimafioso, ni las bombas de los chechenos, ni nada. Crecimiento y plata en el banco. Lo demás es paja.

Pero Moody's también opinó hace unas semanas sobre Colombia, cuya deuda fue degradada por esa agencia al nivel de basura en agosto de 1999, en medio de la única recesión en setenta años. Desde entonces la calificación ha desmejorado, a pesar de nuestro enorme éxito de haber bajado la inflación de 17% a 7% en cinco años y de estar completando cuatro años de "exitosos" programas con el FMI. Ni siquiera este año, con Uribe y todo, y después de una dura reforma tributaria y de pensiones, y del cierre de varios ministerios, la calificadora aceptó mejorar la perspectiva de "negativa" a estable. No solo considera la deuda externa colombiana basura sino con perspectivas de podrirse.

Moody's explicó que su decisión de mantener la perspectiva negativa para Colombia tuvo que ver sobre todo con el fracaso del país en recuperar el crecimiento, de manera que la carga de la deuda vaya disminuyendo y haciéndose más soportable como proporción del producto per cápita, y con la persistencia de debilidades en la balanza de pagos. Esa opinión, que casi se perdió en medio de la avalancha de noticias, cobra especial significado a la luz de la decisión de la misma calificadora sobre los bonos rusos.
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