Javier Fernandez Riva

| 5/31/2002 12:00:00 AM

La bolsa y la vida

Hay que elevar la tributación todo lo necesario para no quedarnos cortos en el gasto en orden público, pero no tanto que arruine la economía. Pero ¿es eso viable?

por Javier Fernandez Riva

Bueno, por fin tenemos Presidente. Comparto el optimismo de la mayoría puesto que el doctor Uribe tiene bien ordenadas las prioridades, ha demostrado su capacidad y se ha preparado desde la primera comunión para ejercer el cargo. Más o menos como Peñalosa para la Alcaldía de Bogotá. No me gusta el ideologismo de algunos de sus colaboradores, pero me parece que al Presidente le sobran personalidad y capacidad para que la orquesta toque afinada.



El doctor Uribe recibió un mandato claro para recuperar el orden público, la carencia más sentida de muchos colombianos. Aunque su programa abarca mucho más, el juicio final dependerá de su éxito o fracaso en ese frente. Por lo demás, como están las cosas no creo que pueda avanzar en cosas como el empleo y el crecimiento si fracasa en materia de orden público.



Exito será lo que las personas comunes y corrientes perciban como tal. No necesariamente grandes victorias militares y la captura de los cabecillas de la guerrilla pero sí, como mínimo, ausencia de derrotas humillantes como las de Patascoy y tantas otras. Y, de un tiempo razonable, una reducción de la inseguridad. La firma de una paz formal, con reinserción de la guerrilla, ni siquiera se plantea como meta pero creo que, si de verdad hay avances en orden público, la firma de la paz será simple cuestión de tiempo.



La guerrilla usará todos sus recursos para evitar que el gobierno logre el tipo de moderado éxito descrito pues sabe que, en esta ocasión, evitar durante, digamos, un año, que el gobierno avance equivaldrá a una victoria. La prolongación del actual desastroso statu quo exacerbaría el escepticismo y generaría una presión insoportable para que se reabrieran las "negociaciones de paz", así equivalgan a una capitulación.



El país tiene que gastar todo lo que sea necesario para asegurar el éxito en materia de orden público, pero nadie está en condiciones de precisar, ni siquiera con un margen de $1 billón por año, cuánto dinero se requerirá para ello. Lo único seguro es que para Uribe el monto será mayor que lo que habría sido necesario para cualquier otro Presidente puesto que, por razones de presentación, y contra toda racionalidad militar, su gobierno se verá obligado a librar simultáneamente la lucha en todos los frentes, en lugar de seguir una secuencia.



Podemos tener suerte, en el sentido de que el esfuerzo requerido para lograr el éxito sea tan modesto que se pueda financiar con mecanismos ortodoxos, básicamente con un poco más de impuestos, sin causar demasiado daño para la economía. Entiendo que ese es el escenario que ven la mayoría de mis colegas. Dichosos ellos. Yo confieso carecer de elementos de juicio para tener certeza de que "un poquito más" es todo lo que se necesita.



Pero hay al menos dos escenarios alternativos. En uno el esfuerzo requerido para recuperar el orden público excede lo que puede financiarse con mecanismos tributarios compatibles con la salud de la economía y, por esa razón, no se financia. Es la decisión que el país tomó históricamente, y no puede descartarse una repetición a pesar de la claridad del mandato recibido por el nuevo gobierno.



Otro escenario interesante es aquel donde, en respuesta al mandato perentorio de recuperar el orden público, pero sin disposición a usar mecanismos de una economía de guerra, el nuevo gobierno decide elevar en forma aplastante la tributación y acaba haciéndole el juego a la subversión, al inducir una recesión de padre y señor mío.



De acuerdo. Yo también voto por que tengamos suerte y la suma necesaria quede al alcance de nuestra ortodoxia.
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