Opinión

  • | 2006/04/12 00:00

    La anomalía

    La gran inversión reciente permitiría crecer al 6% mientras, como hoy, haya suficiente demanda. Pero el dólar barato y la junta se encargarán de corregir esa anomalía.

COMPARTIR

Uno de los desarrollos más positivos de los últimos años fue la recuperación de la inversión. Según el Dane la inversión bruta a precios constantes creció 70% desde 2002. Excepto en 1991-1995, cuando creció a un ritmo parecido antes de desplomarse en los años siguientes, no recuerdo otro período en el que se invirtiera tanto.

Con la actual capacidad instalada la producción del país podría crecer al 6% sin inflación ni complicaciones. Y estoy convencido de que, a pesar de todas las taras que sabemos, un crecimiento como ese convertiría a Colombia en uno de los países emergentes más atractivos para los inversionistas propios y extraños. Digan lo que digan mis colegas este es un país de tamaño respetable que, si lograra crecer a una tasa decente y sostenida, sería casi irresistible para muchos. Y no estoy pensando en inversiones para exportar, como no creo que lo pensaran SABMiller, Philips Morris, WalMart, y los que ya iniciaron exploraciones para comprar la banca colombiana. Qué cuentos de plataforma exportadora para el TLC: lo que realmente atrae a la mayoría de los inversionistas es este "mercadito", tan menospreciado por nuestros snobs económicos.

Pero un aumento de la inversión como el de los últimos años no solo permite que la producción crezca para atender una mayor demanda sino que hace necesario que esa demanda se concrete so pena de un colapso posterior de la inversión y el crecimiento económico. Ese es un punto básico de los modelos teóricos de crecimiento "keynesianos", tipo Harrod-Domar, donde se parte de que la producción depende de la demanda. Una mayor demanda permite que el aumento de la capacidad productiva que resulta de la inversión pueda utilizarse, haciendo girar el círculo virtuoso de más inversión, más capacidad productiva, más inversión y más demanda. En cambio, si en algún momento el mercado percibe que la capacidad instalada es excesiva frente a la demanda, todo se viene abajo.

Lo último es lo que ocurrió entre 1995 y 1999 cuando, tras un primer tropezón de la demanda, la inversión bruta real se redujo 50% en 4 años. Claro que el alza brutal de las tasas de interés por el Banco de la República para tratar de prolongar la sobrevaluación del peso también jugó un papel en 1998, pero solo porque logró convertir la recesión inicial en una depresión y una crisis financiera plena. Eso, por supuesto, es algo con lo que siempre se puede contar.

No les paro muchas bolas a las recetas para aumentar la inversión y desconfío de los famosos incentivos tributarios, que ahora el presidente Uribe quiere hacer permanentes, porque estoy convencido de que solo estimulan la inversión cuando la demanda agregada es vigorosa. Mejor dicho, cuando de todas maneras habría mucha inversión, con o sin incentivos tributarios. Toda la historia económica muestra que, cuando hay demanda, la inversión responde. Quiero ilustrar la cosa con el caso argentino porque tengo anotadas un montón de afirmaciones necias que se hicieron en los primeros años de la posconvertibilidad y me divierte recordarlas de vez en cuando. Ahora viene al caso el augurio de que el crecimiento de ese país se detendría cuando se agotara la capacidad productiva sobrante durante la recesión pues nunca habría inversión en un gobierno que no le inspiraba confianza al mercado. Bueno, en los últimos dos años la inversión fija real de Argentina creció 65%.

Pero ¿a cuento de qué menciono ahora la demanda como un problema potencial? ¿No he señalado, aquí mismo, que la demanda colombiana va disparada? Sí, señores, va disparada pero en una economía abierta lo que cuenta para poder usar la capacidad instalada no es la demanda total sino la parte de esa demanda que se abastece con producción local, no con importaciones. Y los precios relativos cuentan: qué proporción de la demanda se abastece con importaciones no es independiente del tipo de cambio.

El año pasado de cada 100 millones en que aumentó el gasto total solo 50 se atendieron con mayor producción nacional y los otros 50 lo hicieron con importaciones. El dólar barato se encargó de que, ni siquiera en condiciones ideales de la demanda total el Producto Interno Bruto pudiera seguir creciendo al final de 2005.

Pero es cierto que, todavía, la demanda va disparada. Hay que darle tiempo al tiempo. La junta del Banco de la República sigue tascando el freno pero algunos técnicos influyentes dicen que llegó la hora de comenzar a elevar la tasa de interés.

¿Será que en los próximos meses los halcones de la junta logran imponer su punto de vista y corregir la anomalía de una demanda que, así se desvíe en el margen mitad y mitad hacia importaciones y producción, todavía crece tanto que permite un crecimiento decente del PIB?
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?