Opinión

  • | 1997/10/01 00:00

    La agenda petrolera

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Hoy casi nadie discute que Colombia tiene que hacer serios ajustes en varios frentes de su política petrolera, si quiere ser eficiente en el manejo de sus recursos de hidrocarburos y no correr riesgos elevados de desabastecimiento interno y de balanza comercial, en un futuro no muy lejano. Los tres más importantes de esos ajustes son, en mi concepto, hacer más atractiva la inversión petrolera en el país, dividir Ecopetrol en empresas especializadas y crear las condiciones para que la refinación deje de ser un monopolio de esa empresa.



Hacer atractiva la inversión

Las mejoras introducidas a los contratos de asociación en 1993 y 1995 indiscutiblemente produjeron efectos positivos sobre los principales indicadores de la actividad. De una curva decreciente se pasó a una ascendente en el número de pozos exploratorios perforados por año, en el total de empresas vinculadas al país y en el número de contratos vigentes para invertir en exploración y explotación. Los cambios que ahora se anuncian, como las condiciones especiales para la búsqueda de gas natural y quizás otros menores, son positivos y algo pueden ayudar.







Pero no son suficientes para imprimir el dinamismo que se requiere para no volvernos importadores a partir del año 2003. Hay que impulsar la búsqueda de todo tipo de campos -no sólo grandes- y en áreas marginales, poco trabajadas hasta ahora. En especial, hay que incentivar la búsqueda y la explotación de campos pequeños, que son más del 90% de los que se descubren en el país. Y ello sólo se logra haciendo posible que el dinero invertido obtenga mejor rentabilidad. No se puede pasar por alto que un razonable nivel de paz y seguridad contribuiría enormemente en ese sentido. Pero la mejora real puede ser por dos caminos complementarios entre sí: hacer flexibles los porcentajes de participación entre Ecopetrol y la asociada y hacer variables las regalías.



La flexibilización de las participaciones puede ser adoptada por la junta directiva de Ecopetrol. Consiste en facilitar que en campos pequeños la asociada pueda tener una alta proporción, que hoy es fija en la mitad de las inversiones y proporcional en la producción. La mayor proporción permite que se justifiquen más la inversión y el esfuerzo empresarial, haciendo atractivo trabajar muchos campos que hoy no lo son.



Regalías, el punto principal

Requiere, eso sí, una reforma legal. Es que arrancar con un costo fijo igual al 20% de la producción no hace viables económicamente muchos campos. Porque no es lo mismo encontrar un campo de 30 millones de barriles que uno de 600 millones. O encontrar crudo liviano que pesado, en el Magdalena medio o en el Vichada, cerca de un oleoducto, o a 500 km de distancia. Por eso las regalías deberían ser distintas, dependiendo de esas variables, definidas en fórmulas paramétricas. En algunos casos resultará un porcentaje muy bajo. Pero es mejor un porcentaje de algo que el 20% de nada. Y para el país sí que es bueno tener bastantes campos activos, y mejor aún trabajar 10 campos de 50 millones de barriles que uno de 500.



Dividir Ecopetrol

Por más que se establezcan centros de costos y cosas similares, el funcionamiento del monstruo Ecopetrol como una sola empresa arrastra y esconde tremendas ineficiencias. No se pueden conocer los costos unitarios reales de cada operación y cada producto. Se debería dividir la empresa, al menos en dos. Una que maneje el recurso natural y contrate su exploración y explotación, inclusive con la otra que nazca. Y otra, pura petrolera, que abarque la refinación y la comercialización de crudos y refinados. Esta última tendría completa libertad para utilizar sus propios crudos o comprar, nacionales o importados, como le resulte más conveniente. O vender refinados de otros, así como los competidores deberán tener acceso a los oleoductos, obviamente pagando por ello.



Este cambio es fundamental y requiere una gran decisión, un compromiso firme de gobierno, comenzando por el Presidente de la República. No podrá ser hecho por el gobierno actual, por los compromisos que adquirió con la USO el año pasado. Pero hay que hacerlo.



Crear condiciones para que la refinación deje de ser monopolio de Ecopetrol. Muy poca gente se traga el cuento de que ese monopolio pueda tener alguna justificación. Lo mejor para los colombianos sería que tuviéramos varias refinerías en competencia. Para ello se requieren dos cosas: una, otra decisión firme de gobierno, en el sentido de no autorizar inversión alguna que, disfrazada de rompimiento de cuellos de botella o de aumentos de eficiencia, como es costumbre, conduzca a aumentar la capacidad de las refinerías actuales, pues ello va quitando el espacio de mercado para desarrollos nuevos que le puedan competir a Ecopetrol.



Otra, liberar los precios de la gasolina y todos los refinados. Y aunque se dice que sería necesario subir más los precios al consumidor, eso no es verdad. Ya los tenemos muy parejos con los precios internacionales. Lo que hay que hacer es cambiar la proporción de los componentes precio al productor (o importador) e impuestos. Difícil, pero no imposible.



En alguna medida es un simple cambio de bolsillo. Y aunque no, los beneficios para la economía del país lo justifican. Colombia necesita cambios como éstos.
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