Krugman y Colciencias

| 4/28/2000 12:00:00 AM

Krugman y Colciencias

Ocho años de trabajo sostenido se están viniendo a pique. Los responsables de la destrucción de Colciencias no alcanzan a imaginar el daño que hicieron.

por Sergio Fajardo

Hace poco leí en las páginas editoriales del New York Times el artículo Dynamo and Microchip, de Paul Krugman. Como es usual con este economista diferente, presenta sus argumentos con una envidiable claridad y, por supuesto, pone a pensar a sus lectores. No resisto la tentación de presentar mi versión libre de algunos de sus argumentos centrales, que me servirán para terminar con una moraleja criolla.El objeto del artículo era explicar el "fenómeno" de la economía estadounidense en los últimos años: inflación ínfima, desempleo mínimo y aumento sostenido de productividad. Todo al mismo tiempo. Apoyándose en Paul David, otro economista, cuenta una historia muy sencilla, pero diciente. El salto del motor de vapor al motor eléctrico se demoró varias décadas en impactar la sociedad en forma definitiva. La razón: el avance tecnológico tenía que pasar a cambiar el modo de producción y, por ende, la estructura social.

Una imagen visual ayuda a entender fácilmente lo que ocurrió en ese entonces: con el motor de vapor, las fábricas eran edificios de varios pisos, la infraestructura que se necesitaba para poder distribuir la energía, a partir de un solo motor que estaba ubicado en el sótano. Con el motor eléctrico, las fábricas pasaron a ser espacios grandes y amplios, en un solo nivel, con personas y materiales moviéndose libremente, con una línea de producción bien definida y varias máquinas trabajando en forma simultánea, con su propio motor. Este fue el cambio fundamental.



¿Qué pasó entonces en Estados Unidos? Sencillo. El computador apareció en los escritorios desde finales de los 70, pero solo cuando la organización del trabajo comenzó a cambiar sustancialmente de la mano del computador, las empresas empezaron a beneficiarse del cambio tecnológico. Hoy estamos en un mundo globalizado, lleno de redes, que actúan en tiempo real, con internet y todo el resto de la historia que se conoce acerca de la nueva e-conomía. De nuevo, desarrollos tecnológicos produjeron cambios radicales en la sociedad: pasamos, en el fin de siglo de la revolución industrial a la revolución de la información y el conocimiento. Bill Clinton entonces, según Krugman, fue el afortunado a quien le tocó la lotería de este cambio. Interesante.



Ahora saltemos a Colombia. Creo no exagerar al afirmar que todos estos cambios que estamos presenciando nos brindarían, en principio, una nueva oportunidad. La oportunidad que ofrecen los períodos de transición, cuando la posibilidad de adecuarse a las nuevas circunstancias es más factible que recuperar el tiempo perdido en un modelo que lleva muchos años vigente. Y esta es la oportunidad que estamos perdiendo.



La razón: sin mucho alboroto, en los dos últimos años se ha venido desmoronando una institución que nos costó mucho tiempo construir, Colciencias. A muy pocos parece realmente importarles. Un par de artículos en los principales periódicos del país, que presentan cifras contundentes e ilustran la debacle que atraviesa la actividad científica del país, y no más. Uno de los pocos ejemplos que teníamos de trabajo sostenido, ocho años consecutivos, con dificultades y errores, construyendo los cimientos de la estructura que nos permitiría montarnos en el tren de la era de la información y el conocimiento, que lidera Estados Unidos y que tan bien muestra Krugman, se está viniendo a pique. Los responsables no alcanzan a imaginar el costo de los errores que han cometido. Qué frustración, por algo somos subdesarrollados.



sfajardo@uniandes.edu.co
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