Opinión

  • | 2005/02/04 00:00

    Justicia restaurativa: el fiel de la balanza

    Involucra a los afectados por un delito. Se logra con el compromiso de los agentes en conflicto en la resolución positiva mediante el perdón, la reparación y la reconciliación.

COMPARTIR

En las últimas semanas, los colombianos hemos visto, unos con alegría y otros con sorpresa y preocupación, cómo varios frentes paramilitares con cerca de 4.000 hombres, han entregado las armas en medio de los acuerdos de paz que adelantan con el gobierno del presidente Uribe. La gran mayoría de los integrantes de estos grupos está hoy en sus casas como si nada hubiera pasado.

No cabe duda de que el desarme y la desmovilización de estas temidas bandas de delincuentes, que tanto dolor han causado a los colombianos y que financian su guerra, en gran parte, con el narcotráfico, son una buena noticia para el país. Sin embargo, el vacío que crea en esta negociación, la ausencia de un marco legal adecuado que permita establecer la verdad de los hechos, aplicar justicia y reparar a las víctimas, así como definir claramente los beneficios y rebaja de penas que incentiven a los grupos armados a negociar con el gobierno, puede conducir a la impunidad y con ella al fracaso del proceso de pacificación y reconciliación que tanto anhela el país. Recordemos a las madres de la Plaza de Mayo y a los familiares de las víctimas del régimen de Pinochet, quienes no han podido descansar un solo minuto hasta lograr el enjuiciamiento de los culpables de la desaparición y asesinato de sus seres queridos.

La resistencia del gobierno a la presentación y discusión de la ley de verdad, justicia y reparación, preparada por importantes legisladores como Rafael Pardo, Gina Parody y Wilson Borja, entre otros, con la cual se busca un equilibrio entre las penas y sanciones de acuerdo con la gravedad de los crímenes cometidos y los beneficios para estimular la entrega de las armas, dentro de un marco jurídico que respete la legislación internacional, puede ser síntoma de la falta de claridad y transparencia en las negociaciones que se vienen adelantando en Ralito.

¿Cuál es la razón por la cual el gobierno ha evadido y aplazado la discusión de este tema fundamental para el éxito de uno de los componentes de la paz en Colombia? Esa pregunta nos la hacemos muchos colombianos y seguramente propiciará múltiples debates en los próximos meses.

Con el fin de examinar esta y otras formas de justicia y de contribuir a la discusión de tan delicado tema, la Fundación Alvaralice ha organizado el Simposio Internacional de Justicia Restaurativa y Paz -www.justicia-restaurativa-colombia.org-, el cual se llevará a cabo en Cali entre el 10 y 12 de febrero, con la presencia de importantes personalidades internacionales, como el arzobispo anglicano Desmond Tutu y Adolfo Pérez Esquivel, premios Nobel de Paz; Salomón Lerner, ex presidente de la Comisión de la Verdad de Perú, y catedráticos como Daniel Pecaut y Malcom Deas, todos ellos acompañados por expertos colombianos.

La justicia restaurativa, muy a diferencia de la justicia punitiva, es un concepto que involucra a las personas afectadas en forma directa por un delito y su aplicación se logra mediante el compromiso de los agentes en conflicto en la resolución positiva mediante el perdón, la reparación del daño y la reconciliación. En palabras del arzobispo Tutu, la justicia restaurativa no tiene qué ver con la venganza o el castigo, sino con "el establecimiento de puentes, la reconstrucción de los desequilibrios y la restauración de relaciones resquebrajadas" en un esfuerzo de rehabilitar tanto a los perpetradores como a las víctimas y a la comunidad.

El simposio será un escenario oportuno para el examen e intercambio de experiencias exitosas adelantadas en otros países en la resolución pacífica de los conflictos y en él también participarán diferentes grupos indígenas que compartirán sus formas de justicia tradicional, la cual busca mantener la cohesión social y su equilibrio con la naturaleza.

Ha llegado el momento para que el gobierno destape sus cartas ante el país y Cali ofrece un escenario ideal para estimular el diálogo y el análisis constructivo, así como la creatividad para encontrar el fiel de la balanza en los temas de verdad, justicia y reparación. Es mejor tarde que nunca.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?