Eduardo Lora*

| 2/21/2003 12:00:00 AM

Juntando lo macro y lo social

En memoria de Juan Luis Londoño

Los macroeconomistas a menudo ignoran las dimensiones sociales de los problemas económicos. Quienes se ocupan de temas monetarios, fiscales o cambiarios, poco o nada tienen qué ver con quienes estudian los mercados laborales, la distribución del ingreso o los problemas de pobreza. En las jerarquías de la profesión, los macroeconomistas tienen la técnica y la influencia, mientras que quienes se ocupan de los temas sociales tienen tan solo buenas intenciones y muchas preocupaciones.

O al menos así era antes en Colombia. Pero Juan Luis Londoño decidió cambiarlo desde que empezó su carrera, o incluso antes. Con el doble de la energía y la inteligencia que el promedio de nosotros sus colegas, se propuso dominar la técnica y conseguir la influencia que acaparaban los macroeconomistas y ponerlas al uso de los temas sociales.

Todavía como estudiante de economía de la Universidad de Los Andes, y siendo asistente de investigación en Fedesarrollo, construyó el primer modelo de simulación que hubo en Colombia para estudiar cómo las políticas de ajuste macroeconómico ortodoxo, que impulsaba entonces Roberto Junguito en su primera ocasión como Ministro de Hacienda, podían afectar los niveles de empleo y la distribución del ingreso. Su convicción de que no eran políticas socialmente eficientes lo llevó poco después a escribir un libro en coautoría con Guillermo Perry que criticaba en forma inclemente al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional por ignorar las implicaciones sociales de los programas de ajuste.

El primer cargo de responsabilidad pública que tuvo Juan Luis fue en los primeros años de la administración Gaviria, como subjefe de Planeación, uno de los pocos lugares en la administración pública donde se cruzan los temas macroeconómicos y sociales y donde mayor influencia puede ejercerse para hacer compatibles las políticas en uno y otro frente. Acababa de terminar su doctorado en Harvard, dominaba (algunos dirían manipulaba) las técnicas del análisis empírico mejor que nadie y traía convicciones renovadas sobre la importancia de las políticas económicas para resolver los problemas sociales.

Pero el mensaje era ahora más difícil de aceptar para mucha gente: no bastaba con las políticas macro, por bien diseñadas que fueran, si no iban acompañadas de profundas reformas estructurales que mejoraran la productividad de toda la economía, eliminaran los bolsones de rentismo en los sectores protegidos, y abrieran nuevas oportunidades productivas a los pobres. También se requerían reformas de fondo en las políticas sociales para aumentar el gasto social y ampliar poderosamente la cobertura de los programas de educación, seguridad social y salud básica. Esta fue la agenda de trabajo que lo llevó de Planeación al Ministerio de Salud, donde sacó adelante la Ley 100 de Seguridad Social en 1993, y diez años más tarde al Ministerio de Protección Social.

Los puentes entre lo macro y lo social son de doble vía. En sus años en Washington, Juan Luis exploró la evidencia y las razones por las que los países con mayor desigualdad del ingreso crecen menos, un tema clave para entender los problemas del desarrollo de América Latina. Su conclusión era que la concentración de la propiedad de la tierra, la educación y otros activos productivos crea un círculo vicioso de bajas capacidades y oportunidades de participación económica y política. Siempre un optimista, creía posible diseñar un conjunto de reformas institucionales para romper este círculo. Además de la energía, había adquirido ya las capacidades y la influencia para echar a andar esta idea en Colombia, y con seguridad estaba en sus planes. No pudo hacerlo, pero ahí están los demás puentes que él construyó.



 



* Esta columna no compromete al BID, entidad a la cual está vinculado el autor.

Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.