Joseph Stiglitz

| 10/26/2001 12:00:00 AM

Joseph Stiglitz

En Colombia todavía nos queda mucho para perfeccionar los mercados y para tener un mejor Estado.

por Horacio Serpa

Con toda justicia, se les acaba de conceder el Premio Nobel en Economía al profesor Joseph Stiglitz y a otros dos distinguidos economistas que han trabajado en la búsqueda de los incentivos adecuados para lograr soluciones óptimas en situaciones en las cuales los agentes no cuentan con perfecta información para la toma de decisiones.



Los estudios de Stiglitz han llevado a cambiar algunos preceptos de política económica en los mercados laboral y de crédito, así como a una mejor comprensión de las relaciones entre el Estado y el mercado. Su visión desafió las corrientes dominantes en América Latina que, al amparo del Consenso de Washington, pretendieron arrinconar al Estado y dejaron toda la suerte de la gente en las manos invisibles de los mercados.



¿Pero de qué mercados? La historia es bien conocida y hoy la estamos sufriendo: los mercados no funcionan como predicen los economistas neoliberales y no resuelven por sí solos la pobreza, la desigualdad, el desempleo, la falta de oportunidades educativas y la desprotección social para la mayor parte de la población de nuestros países.



Creo que en Colombia todavía nos queda mucho para perfeccionar los mercados y para tener un mejor Estado. Más aún, el reto es construir un complemento eficaz entre los dos, en beneficio de la gente.



Por ello, hace ya casi cinco años --¡cinco años!--, al mirar las tesis del profesor Stiglitz, señalé mi acuerdo de liberal socialdemócrata con los siguientes principios que él postulaba:



Primero, se necesita un gobierno fuerte, pero democrático y no autoritario, para establecer un mercado fuerte.



Segundo, el Gobierno y el mercado no son sustitutos, sino complementos necesarios.



Tercero, las economías que han crecido más rápidamente en un ambiente de estabilidad macroeconómica, como las asiáticas, y cito entre comillas lo que Stiglitz escribió: "intervinieron extensivamente en los mercados, ayudaron a crearlos, ayudaron a regularlos y los usaron para alcanzar sus objetivos de desarrollo".



Y, cuarto, la asociación entre Estado y mercados debe orientarse hacia los siguientes objetivos: sistemas regulatorios adecuados; apoyo decisivo del gobierno a la formación del capital humano; compromiso del gobierno para garantizar la infraestructura requerida; un papel esencial del Estado en el desarrollo y la transferencia de tecnología; y, más importante que lo anterior, una orientación social del Estado para buscar la equidad y luchar contra la pobreza.



Pero lo que más me ha atraído de las tesis de Stiglitz es su llamado a incorporar en los objetivos de la política pública temas referentes a la democracia, la inclusión política y social, la libertad y la fortaleza de las instituciones y reformular así las estrategias de desarrollo de largo plazo. Las reflexiones del profesor Stiglitz guían nuestro afán de acertar en el propósito de ofrecer a los colombianos un derrotero equitativo de desarrollo económico y social de largo plazo.
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