Opinión

  • | 2005/04/15 00:00

    Inversiones éticas

    Algunos inversores institucionales han delimitado el marco de operación para invertir solo en aquellas compañías, industrias o países que estén reflejando una conducta ética en su forma de actuar.

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Tanto las fundaciones sin ánimo de lucro, como los principales fondos de pensiones e inversión, tienen por estatutos unas políticas de inversión que definen los parámetros bajo los cuales se debe invertir su dinero. Estos parámetros pueden ser tan amplios como únicamente fijar el nivel de retorno objetivo, o mucho más restringidos al limitar tanto los instrumentos que se van a utilizar, como los plazos, calificación crediticia o región geográfica para invertir. Hemos comenzado a ver que algunos inversores institucionales han delimitado mucho más el marco de operación para invertir exclusivamente en aquellas compañías, industrias o países que estén reflejando una conducta ética en su forma de actuar.

Es curioso este movimiento que, aunque es muy limitado porcentualmente, comienza a fijar unos estándares para imitar en el futuro. Estamos comenzando a ver estas mismas peticiones por parte de los grandes inversores privados que al ir conociendo más el concepto, piden que su dinero no se dedique a financiar industrias que ellos consideran que no están de acuerdo con sus principios éticos. En Europa ya hay varias entidades que han lanzado productos de inversión concretos como cuentas de ahorro, planes de pensiones y fondos de inversión con dos características principales: la primera es que el 100% de las inversiones esté en compañías que cumplen una serie de requisitos de responsabilidad social, o que se dedican a la protección del ambiente, y como segunda característica es que parte de la comisión de gestión de ese producto se dona, a fondo perdido, a alguna organización concreta que los esté llevando a cabo.

Los parámetros normales son no invertir en industrias armamentistas o que deterioren el ambiente. Tampoco queremos invertir en países donde claramente no se protejan los derechos humanos o en compañías que, por ejemplo, estén utilizando mano de obra infantil en la producción de sus mercaderías. De generalizarse esta conducta y de hacerse más conocidos estos vehículos de inversión, es posible que las grandes industrias, que no estén controlando cómo sus maquiladores en países en desarrollo utilizan su mano de obra, lo piensen dos veces antes de hacerlo. Ya varias compañías conocidas, después de hacerse público que utilizaban mano de obra infantil en condiciones infrahumanas, han decidido contratar exclusivamente con productores calificados, con controles claros de cuáles son las condiciones laborales, lo que ha producido un efecto positivo en el entorno industrial del respectivo país.

Egoístamente, para muchos proveedores financieros, lanzar productos de este tipo -en un momento en que la solidaridad paga- puede ser una buena estrategia de marketing, ya que sus volúmenes de nuevos clientes aumentarán. Al mismo tiempo, aquellas compañías manufactureras que hagan publicidad de que están cumpliendo estos parámetros, con seguridad verán crecer sus niveles de ventas.

En cuanto a las inversiones geográficas, la inversión ética puede ser más compleja de ejecutar, pero al mismo tiempo más fácil de definir. Ya hay informes públicos, de entidades supranacionales, que definen cuáles son los países con gobiernos más corruptos, con más claras limitaciones de los derechos sociales y morales de sus trabajadores y donde la inseguridad jurídica está extendida. Por ello, debe ser sencillo para los inversionistas descartar una serie de países donde no se sientan cómodos ayudando a que esos gobernantes corruptos e ineficientes se mantengan en el poder.

Siempre tendemos a pensar que no tenemos forma de ayudar, pero en este caso, al tiempo que podemos tener nuestro dinero invertido de forma eficiente y rentable, se estaría premiando a los grupos empresariales que hacen las cosas de forma correcta. Es cierto que es nada más una gota de agua en el océano, pero si bien el efecto económico inicial puede no ser tan grande, el efecto mediático multiplicador, con seguridad, se hará notar. El mundo está cambiando a pasos acelerados y debemos utilizar todos los instrumentos a nuestro alcance para que lo haga en la dirección correcta; es una deuda moral que tenemos con los más débiles, pero sobre todo es la herencia que debemos dejar a nuestros hijos.



CEO, TBK Investments, Inc. sulloa@tbkinvestments.com
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