Opinión

  • | 2007/06/22 00:00

    Inversión y Ajuste

    Hay esencialmente dos posibilidades de ajuste a mediano plazo. La primera es que la inversión en los países avanzados levante cabeza. La segunda, que el estancamiento continúe, o que haya francos retrocesos.

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Cualquier análisis sobre las perspectivas de nuestra economía a mediano plazo se vería fuertemente enriquecido por una reflexión acerca de la inversión en los países avanzados. Comencemos por recordar que desde diversos frentes se ha venido insistiendo, con preocupación, sobre la pobreza que, en los Estados Unidos, han exhibido los gastos en capital fijo en el actual contexto de sólida expansión y excelentes utilidades. Pero el balón no se detiene allí: si agregamos las cuentas nacionales de todos los países de la OCDE, por ejemplo, la razón entre la inversión y el producto es idéntica en 2000 y en 2006: 21%. Según las cifras, pues, el problema es más amplio y cobija al mundo avanzado en su conjunto.

Para analizar la manera en que esta situación se podría desenvolver en el futuro próximo, y evaluar las consecuencias de uno u otro escenario para nosotros, conviene pensar en por qué llegamos a donde estamos.

Yo creo que la explicación fundamental es un precio relativo: la baja rentabilidad que tiene expandir capacidad en los países avanzados, vis-a-vis los países emergentes. Defiendo mi tesis con tres argumentos y un dato muy simple. Dato simple: el peso de los emergentes en la relación inversión/PIB global ha aumentado diez puntos en 15 años.

Primer argumento: porque en los emergentes el capital es escaso y exhibe productividades marginales altas, respecto de los países avanzados, donde el trabajo es costoso y el capital es abundante. Segundo, porque los países emergentes más ambiciosos (China, India) han ido construyendo institucionalidad en materia de derechos de acreedor, sistemas judiciales y esquemas tributarios, de tal suerte que han logrado atraer masivamente la inversión extranjera. Tercero, porque en los países avanzados hay enormes incentivos para cuidar la inversión que ya se ejecutó, de tal suerte que en los últimos tres años las utilidades empresariales se han dedicado, en cuantías sin precedentes históricos, a efectuar fusiones y adquisiciones, recompras de equity y otras recomposiciones.

Ahora bien, hay esencialmente dos posibilidades de ajuste a mediano plazo y a nosotros nos conviene tenerlas claras. La primera posibilidad es que la inversión en los países avanzados levante cabeza, como algunos sugieren que ya está sucediendo. La segunda, que el estancamiento continúe, o que haya francos retrocesos. Una aclaración: estamos hablando de tendencias, no del ciclo.

La primera alternativa es positiva para el crecimiento en los países avanzados, directamente por efectos de la demanda e indirectamente a través de efectos sobre la productividad, y ya está sucediendo, por ejemplo, en Alemania. De otra parte, implica tasas de interés más altas en esos países. Por la vía indirecta, tiende a favorecer a aquellos emergentes con más vocación exportadora (no estamos ahí) y tiende a perjudicar a los que tienen alta sensibilidad a las tasas de interés internacionales (nosotros).

La segunda posibilidad es favorable a la inversión extranjera directa y ha sido, claramente, el tipo de dinámica observada en los últimos años.

Aunque por factores demográficos (envejecimiento y caída en la participación laboral), que exigen productividad, hay razones para pensar que el ajuste se produzca por la vía de mayor Capex en los países avanzados, creo muy firmemente que la rentabilidad relativa de la inversión, que hoy día nos favorece ampliamente, es y será un factor mucho más importante.

El grupo de países que se ha beneficiado incluye, claramente, a Colombia y lo seguirá haciendo si seguimos avanzando, por lo menos en línea con nuestros competidores, hacia el fortalecimiento de tres factores: los derechos de propiedad, la competitividad tributaria y la modernización del mercado laboral.



http://alberto-carrasquilla.blogspot.com/
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