¿Interés, cuánto valés?

| 3/10/2000 12:00:00 AM

¿Interés, cuánto valés?

Quienes decían que el déficit fiscal estaba matando al país al impedir que bajaran las tasas de interés ahora claman por que las suban. Claves para entenderlos.

por Javier Fernández Riva

Uno comprende su angustia. Durante años pontificaron que las tasas de interés no podían bajar mientras no se eliminara el déficit fiscal, y el Banco de la República les hizo el juego, negándose a aflojar lo suficiente la cuerda monetaria con la que desde mediados de 1998 estranguló el crecimiento. Solo relajó un poquito su presión cuando la economía ya estaba con un palmo de lengua afuera, cianótica. Pero al final del año pasado, para desgracia de los pontífices, Colombia tuvo un golpe de suerte. Debido al temor de que se produjeran retiros masivos de depósitos por el famoso "problema del año 2000" la autoridad monetaria hizo lo que desde hace un año algunos le veníamos pidiendo infructuosamente que hiciera: echó a la calle más dinero del que habría sido posible de haberse ceñido a sus metas monetarias. Y, oh milagro, ocurrió lo que tantos habían demostrado que no podía pasar: la tasa de interés de referencia, DTF, bajó más de ocho puntos en diez semanas, sin que el déficit fiscal hubiera caído un peso. Lo mejor del cuento es que esa caída de la tasa de interés no ha alterado el pronóstico oficial de inflación en el 2000, que sigue en 10%, y con buenas razones. Esta vez nadie ha querido hacer el ridículo diciendo que la baja "artificial" de la tasa de interés real lograda con emisión será efímera y costosa porque inducirá un disparo de la inflación. Lo único efímero fue la oferta monetaria superior a la meta oficial: la cantidad de dinero ya se normalizó. Pero, gracias al bendito "Y2K", que indujo un exceso de liquidez por unos pocos días, mientras la autoridad monetaria no dé reversa los deudores del sistema financiero colombiano van a pagar cada mes al sistema bancario, por concepto de intereses, $250.000 millones menos que si rigieran las tasas de hace diez semanas. Y quienes decían que las tasas no podían caer con "simples" medidas monetarias pagaron un merecido costo de credibilidad. Pero no se resignan. Quienes hasta hace poco acusaban al déficit fiscal de ser el culpable de la recesión y la crisis de los deudores porque, según decían, la colocación de deuda pública impedía bajar las tasas de interés, hoy piden que las autoridades hagan algo para subirlas. Uno de sus argumentos es que, si no suben las tasas de interés, se producirán fugas de capitales que reducirán el ahorro local y dispararán las tasas de interés. No, no es un error, usted leyó bien. Piden subir las tasas de interés para evitar que, de pronto, suban. Ni siquiera voy a comentar lo absurdo de recomendar que la economía colombiana se pegue un tiro en la sien elevando las tasas de interés en medio de la peor recesión de su historia para evitar que suban por accidente, ya que el supuesto accidente no puede ocurrir. Hace unas semanas mostré, aquí mismo, que bajo el actual sistema de cambio flexible, si los inversionistas intentaran pasarse en masa de pesos a dólares ello no disminuiría la cantidad de ahorro financiero en la economía. Que lo único que ocurriría sería un aumento del precio del dólar, hasta cortar la fiebre. La verdad es que a mí, preocupado como estoy con las escasas fuentes de crecimiento de la demanda, no me disgustaría un aumento del dólar. Pero creo que los exportadores tendrán que arreglarse sin eso: el precio del dólar sigue por debajo de hace seis meses.El otro argumento de que se está echando mano es que es preciso subir las tasas de interés para evitar que se marchite el ahorro. He visto con alguna comprensión a varios de mis colegas, que conocen de sobra las innumerables demostraciones académicas de que el ahorro doméstico no responde a las tasas de interés, agitar el espantapájaros de la pérdida del ahorro por la reducción de la DTF, tratando de inducir alzas. Después de tanta cháchara sobre el déficit debe ser muy incómodo eso de tener que registrar tasas de interés reales por los suelos coincidentes con el mayor déficit fiscal en 15 años. También he visto, con una sonrisa, a grandes banqueros expresar públicamente su preocupación por las bajas tasas de interés, como si en Colombia existiera alguna norma que le impidiera a un banco pagar más a sus ahorradores si de verdad cree que el problema es de insuficiencia de ahorro y necesita atraer más fondos. En este país, tan acostumbrado a echar plomo por quítame allá esas pajas, yo valoro la disposición de cualquiera a discutir en forma pacífica, pero cuando se defienden intereses particulares los argumentos tienen un valor entendido. En Colombia hay $6,3 billones en cuentas corrientes, con los cuales, después de descontar las reservas bancarias y las inversiones forzosas, se financian créditos por casi $5 billones. Esos créditos están colocados a una tasa fija sobre la DTF, pero no tienen costo financiero. Por tanto, cada punto que suba la DTF va a las utilidades. Los 8 puntos en que se desplomó la DTF en los últimos tres meses representaron una pérdida de margen a un ritmo anual de más de $400.000 millones para el conjunto de los bancos, y muy concentrada en unos pocos.Es cierto que hoy las captaciones de los intermediarios están creciendo por debajo de la inflación pero ello no refleja escasez del ahorro sino desgana de los bancos en captar, porque ven pocas oportunidades de prestar los fondos. Y, como el principal vehículo para elevar los depósitos es el crédito (pues cuando usted recibe un crédito lo que hace el prestamista es consignarle en su cuenta, o darle un cheque que termina consignado en alguna otra cuenta), nadie deberá extrañarse de que, si el crédito sigue cuesta abajo, el total de las captaciones vaya en la misma dirección. Pero es claro que los bancos no están pagando las bajas tasas actuales porque el ahorro sea escaso, sino porque, incluso con esas tasas, les está llegando más plata de la que necesitan.La actual tasa de interés, ajustada por la inflación, es menor que la que podría esperarse en condiciones normales, pero la situación del país no es normal. Una DTF del 2% real es el balón de oxígeno que necesita mientras siga en cuidados intensivos. La secuencia natural es una donde, a medida que la economía se recupere, y la demanda de crédito aumente, la DTF suba, reflejando esa creciente salud. Poner el carro delante del caballo, y retirarle el oxígeno a esta comatosa economía con el argumento de que podría adquirir una inconveniente dependencia, la mandaría casi seguramente al cementerio. El equipo médico ya está más que advertido.
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