Opinión

  • | 2007/10/12 00:00

    Integración de América Latina

    Estamos en un proceso acelerado de integración económica en América Latina, catalizado por los tratados de libre comercio con Estados Unidos.

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No creo que exista en el mundo una región tan grande y con tantos factores comunes como América Latina. Somos más de 500 millones de habitantes, en un área gigantesca que abarca 23 millones de kilómetros cuadrados, lo que equivale a más del 15% de la tierra firme de nuestro planeta.

Tenemos en común lo que normalmente aparta a las naciones. Tenemos procesos históricos y culturas similares. Compartimos mayoritariamente la misma religión y casi todos hablamos uno de dos idiomas muy parecidos entre sí: el español o el portugués. Tenemos las mismas virtudes: según las encuestas sobre "felicidad", la gente de América Latina tiene en común la mayor capacidad de sentirse feliz. También sufrimos de los mismos males: la corrupción y la falta de respeto por las leyes.

A pesar de todo esto, la integración entre los países es relativamente baja, por lo menos comparada con la que existe entre los países de la Unión Europea, o entre Estados Unidos y Canadá.

Los obstáculos
Al terminar las guerras de independencia las distancias y el deseo de autonomía de las regiones fueron los principales factores en contra de la integración. Por ejemplo, estos factores llevaron a que Venezuela y Ecuador quisieran independizarse de Colombia, a pesar de que Bolívar fuera un fuerte proponente de la integración regional.

Desde mediados del siglo pasado las distancias comenzaron a acortarse por causa de los avances tecnológicos y la construcción de infraestructura. Las carreteras, el teléfono, el avión y el internet facilitaron cada vez más las comunicaciones. También comenzó a generarse un mayor sentido de identidad regional en la medida en que la mayor interacción aumentó la conciencia sobre los factores comunes entre nosotros. Hoy es prácticamente imposible imaginar una guerra entre nuestros países. Aunque ha habido conflictos bélicos en tiempos recientes, como el de Ecuador y Perú, estos han sido muy limitados, oportunistas y rechazados por el resto de la región.

Sin embargo, a pesar de la mejora en las comunicaciones, durante la última mitad del siglo pasado apareció un nuevo obstáculo a la integración regional: las estrategias de desarrollo con base en la sustitución de importaciones. Bajo esta lógica era importante limitar las importaciones para promover el desarrollo de la industria nacional. También ha surgido la preocupación de protegerse del contagio de la inestabilidad y volatilidad de los vecinos. Las tres economías más grandes de la región, Brasil, México y Argentina han sido notorias por su volatilidad política y económica. Basta con recordar cómo el 'Efecto Tequila' contagió toda la región en los 90´s y cómo la devaluación del ral en 2001 sirvió como detonante final de la crisis Argentina, que luego contagió de nuevo el resto de la región.

Factores a favor
A pesar de todo, la integración es inevitable. La realidad económica es que las oportunidades comerciales más importantes se dan entre países cercanos. Para Estados Unidos, por ejemplo, dos de sus tres mayores socios comerciales son Canadá y México. En el caso reciente de Colombia también aplica este principio: las exportaciones hacia los países vecinos vienen creciendo rápidamente y son cualitativamente más importantes que las exportaciones a Estados Unidos y Europa. Mientras que a los países desarrollados exportamos principalmente materias primas, a América Latina exportamos bienes con mayor valor agregado. En nuestro caso la integración económica también se está dando a través de la inversión extranjera: en los últimos años las inversiones de los brasileños, mexicanos y chilenos se han vuelto tan importantes como las de empresas españolas y estadounidenses.

Es interesante ver cómo la integración de América Latina está siendo catalizada por los tratados de libre comercio con Estados Unidos. Primero, estas negociaciones han obligado a que se dé el debate sobre los beneficios y costos del libre comercio, lo cual está generando acuerdos políticos alrededor de lo que es conveniente para cada país. Adicionalmente, todos estos tratados con Estados Unidos son bastante parecidos, lo cual genera un marco de principios comunes entre todos los países que los firman.
 
Finalmente, al firmar estos tratados se toma la decisión conciente de reducir la autonomía nacional en términos de la capacidad de modificar las reglas del juego a los agentes económicos, con el propósito de generar mayor estabilidad en el largo plazo. Con la ratificación de los tratados de Colombia, Perú y Panamá, casi la mitad de la población de América Latina estará en países con tratados vigentes con Estados Unidos.

Con la notable excepción de Venezuela y Ecuador, los países que firmaron los tratados son los más importantes para el comercio exterior de Colombia en América Latina. Por las razones expuestas anteriormente, con ellos se dará naturalmente la integración económica. Por lo tanto, el gran desafío está en mantener vivos los procesos de integración con Ecuador y Venezuela. En este sentido, hay que perseverar en cultivar intereses comunes en medio de las diferencias ideológicas. Son mercados demasiado importantes para nuestros productos.
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