Influir para crear futuro

| 8/18/2000 12:00:00 AM

Influir para crear futuro

El sector privado está demasiado ocupado con los árboles y está perdiendo la visión del bosque.

por Carlos Caballero Argáez

Me he llevado una sorpresa ante el poco interés y el muy limitado respaldo de lo que yo llamo el sector privado --el conjunto de los empresarios y de las entidades o instituciones que los representan-- en un sector que se ha convertido en la columna vertebral de la economía colombiana. El Ministro, desde luego, se ve y conversa casi que diariamente con los diferentes agentes y con los dirigentes de los gremios del sector de minas, hidrocarburos y energía y de sus respectivos subsectores. Es más, estos han proliferado en tal forma que ya son más, en número, de los que razonablemente se pueden escuchar y atender. Los hay, desde luego, en petróleo y, también, en distribución de combustibles, en gas natural, en gas propano, en gas natural vehicular, en generación, distribución y comercialización de energía eléctrica y, obviamente, en todos los subsectores de la minería, en carbón, en esmeraldas, en oro. En fin. Y muchas veces hay varios gremios por renglón o subrenglón de la producción.



Los temas se particularizan, se vuelven específicos o, como decimos ahora, "puntuales", y de muy corto plazo. Me he preguntado, entonces, si es que al sector privado le interesa ver cada uno de los árboles pero no le interesa ver el bosque. Un bosque de cuyo cuidado depende el futuro de toda la economía colombiana. Un bosque en el cual está en juego el futuro del país.



En el campo energético hay mucho en juego. Si hay algo fascinante para quien está al frente del Ministerio de Minas y Energía es que forzosamente hay que pensar, prever, proyectar, anticipar y preocuparse por el futuro. En varias ocasiones, he afirmado que el ministro de Minas y Energía tiene que estar pendiente de los próximos 10, 15 ó 20 años. Lo que no quiere decir que no sea necesario --con mayor razón en este país signado por la inseguridad y la violencia-- estar atento a lo que ocurra en los próximos 15 minutos.



La política petrolera



En el campo del petróleo, por ejemplo, el desafío es gigantesco. Si no se encuentra petróleo en cuantías suficientes como para mantener nuestra calidad de país exportador de petróleo, vamos a enfrentar una crisis económica y un desequilibrio macroeconómico al lado del cual lo que hemos vivido en los dos últimos años nos va a parecer un juego de niños. ¿Pueden ustedes imaginar lo que habría sido de Colombia este año si no hubiéramos contado con la suerte de unos precios internacionales del petróleo por encima de los US$25 por barril? Vamos a exportar algo más de US$4.500 millones en un año en el cual, por varias e infortunadas razones, la producción promedio diaria de crudo ha caído en cerca de 120.000 barriles. Una situación excepcional, que no va a repetirse en el próximo año.



La política petrolera, entonces, no puede ser diferente a la de promover la exploración a toda costa, como ha venido haciéndolo este gobierno desde sus inicios, modificando la estructura de los contratos, cambiando el esquema de las regalías, mejorando las condiciones tributarias, desentrabando la negociación de bloques como los de Samoré y Niscota con las compañías extranjeras y, en general, buscando nuevos arreglos que permitan impulsar la exploración.



Valga la pena anotar que, en estos días, es absolutamente fundamental que el nuevo esquema de regalías aplicable a la producción de petróleo y de gas quede en firme jurídicamente al convertirse en una Ley de la República, después de que la Corte Constitucional declaró inexequible la ley del Plan de Desarrollo del actual gobierno. Esta disposición ha hecho atractivo explorar prospectos petroleros de tamaño medio y pequeño en el Huila o en los Llanos, por ejemplo. El país necesita encontrar algo así como 500 millones de nuevas reservas por año.



El manejo de los precios de la gasolina también requiere apoyo de la dirigencia del sector privado. Es difícil pedirlo a los consumidores, lo cual es perfectamente comprensible. La polémica sobre los precios de la gasolina es generalizada en el mundo; ha infiltrado, incluso, la campaña presidencial en Estados Unidos. Para mí, sin embargo, sector privado quiere decir más que la colección de consumidores y productores. En conjunto, los empresarios deben preocuparse por eso que llamamos el "interés nacional", por el bienestar de la sociedad entera. Y está en el interés nacional un manejo de precios que tenga en cuenta el concepto de "costo de oportunidad" de los recursos y, específicamente, de un recurso escaso como el petróleo. Si teniéndolo en cuenta, la sociedad por medio de sus representantes políticos considera que es mejor subsidiar la gasolina que invertir en educación o en salud, pues habrá que seguir subsidiando. Es una escogencia pública.



Las privatizaciones



Las privatizaciones sí que requieren el apoyo del sector privado. No solamente porque implican la ampliación del número de agentes privados, con lo cual se fortalece la economía de mercado y la libertad económica --que son la base del sistema capitalista--, sino porque, en el caso específico de Colombia, se requieren urgentemente para asegurar suministro futuro de energía eléctrica (una necesidad evidente para el sector productivo). Y porque, si no se llevan a cabo, tampoco habrá estabilidad macroeconómica; el país, para todo efecto práctico, tiene "cerrado" el crédito externo a precios razonables. Es como una empresa sin acceso al crédito --como infortunadamente hay muchas actualmente en Colombia-- que si no vende activos, no puede sobrevivir. O tiene que recurrir al crédito extrabancario y profundiza su quiebra. En este sentido, no está de más insistir en que el Estado está en quiebra y que lo que hizo en el pasado en cuanto a inversión en generación eléctrica y sostenimiento del sistema de distribución, de las electrificadoras regionales, no podrá hacerlo más en el futuro.



Si no se concluyen oportuna y exitosamente las privatizaciones en curso, la tasa de interés se elevará y la de cambio se debilitará. ¿Ayudaría esto a la recuperación de la economía? Claro que no. ¿Ayudaría esto a la estabilidad y a la atracción del capital extranjero? Pues claro que no. ¿Contribuiría esto a crear futuro y a la integración de Colombia con el resto del mundo? Desde luego que no. Lo que ayudaría, como lo quieren algunos sindicatos de trabajadores y la guerrilla, es al aislamiento y al empobrecimiento generalizado.



Influir para crear futuro



Los colombianos necesitamos, urgentemente, generar una visión de futuro. Creer que puede haber un futuro para el país y, sobre todo, contribuir a crearlo. No podemos botar la toalla. A crear ese sentido de futuro aportan las ideas y los propósitos grandes y pequeños, colectivos e individuales. A este respecto, quiero recoger un pensamiento reciente de un economista famoso, quien se refería a la frase de Keynes de que los políticos de hoy son objeto de la influencia de algún economista difunto, cuando lo pertinente sería que lo fueran --los políticos de hoy-- de unos intelectuales activos y audaces, que tuvieran la capacidad para influir, hoy, en las decisiones que crean el futuro. No dejemos, entonces, que los economistas del pasado determinen nuestra suerte. Hagámoslo nosotros mismos, mientras estemos vivos y tengamos la posibilidad de vivir en Colombia.



* Apartes de la intervención del Ministro de Minas y Energía en el Instituto de Ciencia Política.
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