India y su síndrome de China

| 2/11/2000 12:00:00 AM

India y su síndrome de China

La economía de India podría ser la gran historia de éxito de la economía mundial en la presente década.

por Jeffrey Sachs

India podría ser la historia más importante y menos anunciada en la economía mundial durante los próximos años. Aunque sus mil millones de habitantes constituyen nada menos que la sexta parte de la humanidad y a pesar de que esta es la mayor democracia del orbe, el país permanece fuera del radar de la mayoría de los observadores de la economía mundial.



Esto podría cambiar pronto: India se está moviendo. Si se mantiene en el curso adecuado con sus reformas económicas, será una de las economías de más rápido crecimiento y uno de los principales focos de atracción para la inversión extranjera. La influencia política global de India aumentará en paralelo con su éxito económico, en beneficio de la democracia y de la economía mundiales. El bajo perfil de India es fácil de entender. Tras su independencia, hace medio siglo, el primer ministro Jawajarlal Nehru puso al país en una senda de socialismo y proteccionismo, dos de las estrategias más autodestructivas de tiempos modernos. Para un país que luchó durante décadas contra el imperialismo británico, ni el capitalismo ni la apertura a la inversión extranjera parecían prudentes en ese momento. Mientras que India realizó avances importantes en ciencia, tecnología agrícola e instituciones democráticas, su economía permaneció por debajo del potencial durante décadas.



Solo cuando emprendió el camino de las reformas de mercado en los años 80, mejoraron sus perspectivas. Con un giro decisivo hacia la apertura y la liberalización de mercados en 1991, India finalmente se liberó de los restos de una estrategia económica fracasada. Durante los años 90, India encontró su espacio como una economía de mercado que trataba de integrarse con el mundo. Debido a su pobreza, a su complejidad y a la enormidad de su territorio (las elecciones nacionales deben realizarse durante varias semanas, para acomodar cientos de millones de votantes), los rendimientos de las reformas de mercado solo han aparecido en forma gradual. Sin embargo, la economía ha sido notablemente robusta ante los choques exógenos. La vieja estructura política centralizada, construida alrededor del partido del Congreso de Nehru, colapsó a mediados de los 90 y fue sucedida por una serie de gobiernos multipartidistas débiles. Pero la verdad incuestionable es que cada nuevo gobierno actuó en favor de la globalización y las reformas de mercado, tanto que la dirección básica de las reformas es parte hoy de un consenso nacional, del que participan prácticamente todos los grandes partidos. El gobierno actual ganó un mandato fuerte en las elecciones del otoño pasado, que le otorga varios años para ampliar las reformas. Con este mandato político, India tiene la posibilidad de realizar un tránsito dramático hacia un crecimiento acelerado. Varios factores actúan a su favor: 1. El rápido crecimiento de la población finalmente se está desacelerando (aunque no en la magnitud suficiente). Una mayor proporción de la población tendrá edad para trabajar y una proporción menor estará compuesta por niños. Esto hará que el ingreso per cápita despegue. 2. Las viejas barreras sociales a la educación de las niñas y de las castas más bajas están cediendo, por cuenta de una enorme presión democrática que busca la educación universal. Esto podría generar el más dramático impulso hacia el crecimiento económico y la mejora en las condiciones de vida. 3. Décadas de inversión en ciencia y tecnología están dando sus frutos, al crear una poderosa base tecnológica. Aunque gran parte del país rural permanece en la pobreza, están surgiendo nuevos y dinámicos centros urbanos de información y tecnología en todo el país. Ciudades como Bangalore, Chennai (la antigua Madras), Mumbay (la antigua Bombay) y Hyderabad se están convirtiendo en centros de desarrollo de exportaciones de hardware y software, en la frontera de la nueva economía de India. Las exportaciones de estos productos han aumentado de unos cuantos cientos de millones de dólares hace unos años a cerca de US$5.000 millones en la actualidad y llegarían a US$30.000 millones en el año 2005.



Tal y como ocurrió con la China en la década de 1980, la economía de India podría entrar en un boom en la primera década de este nuevo siglo. Si el consenso nacional sobre las reformas se mantiene y se extiende, se alcanzarían dos metas. India podría disfrutar de una década de "duplicación del ingreso", en la que el producto per cápita se duplicaría para el 2010. Esto requeriría un crecimiento anual del ingreso per cápita cercano al 7,0%, algo alcanzable en las condiciones presentes. Además, India podría crear un sistema universal de educación y alfabetismo por primera vez en su historia, otro logro social de importancia dramática. Todo esto requiere trabajo duro de parte del gobierno y de la sociedad. Por ejemplo, el gobierno deberá privatizar la vasta red de telecomunicaciones del país y permitir la participación de los inversionistas extranjeros en el proceso. Es la única forma en la que India puede aspirar a crear una red de fibra óptica y líneas telefónicas que permita catapultar el país a una moderna economía de la información. Otras medidas serán políticamente complejas, como la eliminación de los subsidios de energía que afectan el presupuesto y dificultan la entrada de nuevos inversionistas en las áreas rurales. Otros temas esperan sus propias reformas, en áreas como finanzas, mercados laborales, inversión extranjera e impuestos. Otra meta debe ser el aumento del gasto del gobierno en investigación y desarrollo, especialmente en salud, ambiente, agricultura y tecnología de la información. A pesar de la tradicional oposición política a estas reformas, este puede ser el momento más favorable para dar el gran salto político. India siente confianza en sí misma. El nuevo gobierno tiene un mandato electoral. La favorable evolución de la demografía está en la mente de todos. Si no es ahora, ¿cuándo?
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