Incertidumbre en la economía de Estados Unidos

| 11/10/2000 12:00:00 AM

Incertidumbre en la economía de Estados Unidos

No está de más prepararse para un aterrizaje del boom estadounidense.

por Jeffrey Sachs

La economía estadounidense está ingresando a una fase riesgosa. Las condiciones que apuntalaron su prolongada bonanza se están debilitando. Tratar de predecir los cambios que se producirán en los sentimientos públicos es un juego de tontos. No obstante, un buen razonamiento económico puede ayudar a predecir la turbulencia económica que se avecina.



La bonanza estadounidense ha sido una mezcla de realidad e ilusión, la primera representada por los avances tecnológicos combinados con un flexible y dinámico mercado laboral y de capital, que en conjunto produjeron un incremento en la productividad y un mayor despliegue de las nuevas tecnologías. El nivel de vida en Estados Unidos ha experimentado un cambio positivo e importante en los últimos tiempos que se refleja en el mejoramiento de la economía de servicios, nuevas tecnologías médicas, acceso a la información y aspectos similares.



La ilusión transformó las ganancias económicas en espejismos de una prosperidad de fácil obtención. La economía, que es real, se convirtió en la economía "invencible", en la cual los riesgos no se tenían en cuenta, las acciones siempre se encontraban en alza, las condiciones del mundo económico siempre eran beneficiosas y los excedentes de presupuesto continuaban por siempre. El optimismo se manifestó de dos maneras. Primero, los mercados de valores estadounidenses crecían vertiginosamente, lo que agregó US$8 billones en valores al capital de los propietarios de acciones de ese país durante un período de cinco años. Segundo, el consumidor estadounidense incrementó su gasto como resultado de la bonanza de sus acciones, con la consiguiente disminución del ahorro de parte de su ingreso pues la bonanza de sus acciones en el mercado de valores lo protegería en el futuro.



La combinación de inversiones de las grandes empresas en nuevas tecnologías y los altos niveles de gasto del consumidor alimentó una bonanza del gasto. Ahora, por cada dólar de ingreso que se produce en Estados Unidos, el gasto de los consumidores, empresas y gobierno es de un dólar y cuatro centavos. Ese excedente de cuatro centavos se paga en este momento con préstamos provenientes del exterior. Los extranjeros han sido sagaces al comprar acciones y bonos estadounidenses mientras que las empresas y hogares nacionales usan ese capital como sustento de su inversión y gasto.



Las señales



Si en el futuro el escenario continúa siendo prometedor, todo funcionará bien. El problema es que se están presentando señales económicas que predicen lo contrario. De repente, han surgido dudas y su efecto acumulativo podría tornar esta bonanza en retardo y aun en recesión.



La primera duda concierne al mercado de valores. Los inversionistas eufóricos se comportaban como si las ganancias fueran a continuar su incremento a tasas sin precedentes, pero en los últimos tiempos, las utilidades no han cooperado. A medida que los pronósticos de rentabilidad descendían, el mercado de valores también lo hacía. La prosperidad de fácil obtención presente en los últimos años se ha ido tornando menos fácil. Todavía no hay pánico, pero no se puede descartar la posibilidad de nuevos descensos.



La segunda duda se relaciona con la economía mundial. Los precios del petróleo en ascenso disminuirán las ganancias corporativas y el poder adquisitivo doméstico. Las tasas de interés en Estados Unidos podrían elevarse para derrotar los efectos inflacionarios de los altos precios del petróleo. La violencia del Medio Oriente empeora las cosas.



La tercera duda tiene que ver con el manejo de la economía estadounidense. Aunque es imposible predecir los resultados de la elección presidencial, es seguro que una nueva administración que no se ha probado, subirá al poder en enero. Las propuestas de George W. Bush con respecto a un recorte masivo de impuestos son riesgosas, pues apuesta a excedentes de presupuesto que pueden no presentarse jamás y a que este fuerte recorte tributario no disparará las tasas de interés. La Administración Al Gore tendría una mayor continuidad de las actuales políticas pero el primer año de cualquier Administración crea incertidumbre y ansiedad, y muchas de las propuestas de gasto de Gore crearán incertidumbre a propósito de los futuros prospectos presupuestales.



El gran economista John Maynard Keynes sostenía que los cambios en los sentimientos del mercado, a los que llamaba "espíritus animales", tienen vida propia y que estos cambios podrían resultar en un cambio en la economía. El optimismo cambia a euforia, esta a pesimismo y luego a pánico. Estados Unidos ya tuvo su cuota de euforia; ahora, el pesimismo se está estableciendo. No es seguro que se presente el pánico, pero no se puede descartar. ¿Qué sucedería si más acciones debilitan la confianza que alimenta la bonanza estadounidense?



En el supuesto de que los precios del petróleo se mantengan altos, los pronósticos de ganancias continúen en descenso y la nueva administración desestabilice los mercados, los precios de las acciones caerían y las tasas de interés se incrementarían y se recortarían las proyecciones de excedentes de presupuesto. Billones de dólares en títulos y papeles valores ya considerados en decisiones de gasto de hogares, firmas y gobierno desaparecerían. Los hogares disminuirían el gasto y los inversionistas reducirían su participación en acciones estadounidenses, disminuyendo el valor del dólar frente al euro y otras monedas. El debate sobre las prioridades calentaría la política estadounidense, lo que incitaría aún más incertidumbre económica.



Dependiendo de la rapidez y profundidad con que estos cambios ocurran, Estados Unidos solo puede disminuir su ritmo (el llamado "aterrizaje suave") o caer en la recesión (el tan temido "aterrizaje forzado"). En general, una disminución del optimismo reduce las tasas de interés, lo que ayuda a mantener la inversión y el gasto del consumidor. Pero en este caso, ¿cómo saberlo? La Reserva Federal podría mantener las tasas de interés elevadas para combatir las consecuencias inflacionarias de los altos precios del petróleo. También es posible que estas tasas se mantengan altas debido a la creciente incertidumbre sobre la cantidad de los excedentes presupuestales futuros o el riesgo de grandes recortes tributarios.



Para el resto del mundo, este maniobrar económico podría ser engañoso. Para muchas economías, las exportaciones hacia Estados Unidos podrían disminuir y el crecimiento dependería de hallar nuevos mercados (es decir, ventas aumentadas en Europa y Japón, en caso de que estas economías lo acepten) o de ser capaz de incrementar el consumo y la inversión local dentro de esas economías. Si los inversionistas retiran su dinero de Estados Unidos y lo colocan en otros mercados, esas economías experimentarían una bonanza de prosperidad y gasto. Así, no hay duda de que el mundo podría compensar el crecimiento más lento de Estados Unidos por medio de uno mayor en otras partes del mundo, pero, sin duda alguna, estas transiciones son de difícil manejo. Esto es cierto especialmente debido a que los sistemas financieros de muchos países no se han recuperado del todo de sus propias y recientes crisis.



No soy un pesimista ni anuncio el juicio final. Los eventos de la economía mundial son difíciles de predecir. La economía estadounidense podría continuar avanzando. De manera más realista, la combinación del optimismo y el crecimiento de la productividad que alimentó la bonanza estadounidense parece ser menos fuerte en los años venideros.
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